Uno ingresa a un ascensor. Otros ingresan a otros ascensores. Y lo primero es la sorpresa. Esperábamos el reflejo de nuestra propia imagen y, en su lugar, vemos a otro, que probablemente esperaba lo mismo que nosotros. En uno de los laterales, un espejo nos encuentra con el propio reflejo pero, del otro lado, con otro desconocido. Y de nuevo el desconcierto. La escena describe a "Ascensores", del artista argentino Leandro Erlich, una instalación que invita a los espectadores a participar y sorprenderse con la ilusión óptica. Esta propuesta fue la elegida por Chandon para celebrar los 25 años de arteBA del 19 al 22 de mayo.
En diálogo con El Tribuno y los medios de prensa nacionales, Erlich contó más acerca de sus propuestas artísticas, que parten del reconocimiento del público de que existe "un truco" en lo que ven, pero que se involucran con la obra y, de alguna manera, son invitados a repensar los espacios urbanos.

¿Cuál sería el sentido de trascendencia de esta propuesta?
No tengo dudas de que hay una acción de trascendencia en esta obra como en muchas obras de otros artistas en relación a cómo se inscriben dentro de la historia. Es algo absolutamente difícil de prever qué lectura va a tener dentro de un siglo o en cinco años. Lo que te puedo asegurar es que -creo de una manera intuitiva- que esta obra pertenece a su tiempo, porque está alineada con cuestiones que nos involucran hoy y que tienen que ver con la construcción de realidad, con la construcción de espacios que nos determinan y nos dan la idea de que la realidad es una estructura estática o dada, cuando en realidad, lo real es algo que construimos día a día.
La obra se completa con las reacciones de la gente... ¿Te gusta ser observador de esas reacciones?
Francamente no. No es que no me dé curiosidad o me genere expectativas con respecto a la respuesta que la obra puede tener pero fundamentalmente la obra plantea una situación que tiene algo premeditado en el proyecto que ya anticipa qué posición y qué juego va a tener la gente. Entonces para quien la vea habrá una sorpresa pero para mí esa sorpresa ya estuvo de alguna manera pensada y realmente no tengo interés en ver, como si el público se transformara en un conejillo, cómo reacciona el espectador. Es más como quien mete un mensaje en una botella y la tira al mar y ahí va, ya lo soltaste y ya estoy en otro proyecto, pensando en otra obra, en otras cosas.
Muchas obras tienen que ver con una trampa para el ojo. ¿Te interesa que no se quede ahí y se descubra?
Sí, es bastante evidente que el truco no es importante. Porque en poco tiempo te das cuenta. No te puedo decir en cuántos minutos o segundos. En muy poco tiempo parte de la experiencia es reconocer aquello que no funciona o no responde al espacio en el que pensás que estás y en ese momento es parte de lo que provoca o lo que va a despertar ese interés en involucrarse dentro de esa experiencia. Allí hay un aspecto seductor por parte de la obra en atraparte. Ese anzuelo tiene una carga interpretativa, no solamente un artilugio para engañar, sino para ser interpretado también. De qué manera estos artilugios también existen en el orden de lo cotidiano y de qué forma uno puede estar más despierto y lo real puede ser otra cosa. En definitiva, el truco está a la vista y siempre es un punto de partida y no un objetivo de llegada.
Eventualmente sería como un lectura que tiene que ver con que también la realidad tiene trucos...
Sí. Creo que el truco más complejo de la realida es hacernos creer que es una situación confinada, una estructura inmóvil y que el orden de lo real está asociado a lo ineludible, como la muerte o el nacimiento. Hay ciertos factores dentro del orden de lo real que evidentemente serían muy difíciles de indagar, algunos son del orden natural, pero también hay órdenes dentro de la estructura de lo real que están construidos por el hombre.
¿Te interesan particularmente los espacios más cotidianos, más urbanos?
Sí, me interesan los espacios cotidianos y urbanos. Esa es un poco mi cotidianeidad, muy asociada al orden urbano. He viajado mucho, mi trabajo me ha llevado por muchos sitios y por culturas distintas y lo cotidiano cambia de forma pero aún con otras estéticas y otras formas lo cotidiano es reconocible y nos resulta familiar y es comprensible.
¿Cuánto hay de arte y cuánto de magia?
Te lo respondo con el pensamiento de un amigo mío que es un gran filósofo francés. Un día me dijo: : "Leandro, hay algo que me pasa con tu obra. En la magia cuando uno ve el truco del mago, hay una fascinación por saber cómo sacó el conejo de la galera. Cuando el mago te cuenta el truco y te muestra la jaulita y cómo él apoyó la galera y entendiste, no tenés ningún interés en volverlo a ver al truco. O quizás una vez más. Lo que sucede en tu obra es que vas a entrar otra vez y otra vez y te vas a dar cuenta de que no reside en el truco el sentido de la obra".


Más sobre el artista

La obra de Leandro Erlich siempre juega con la tensión entre lo que percibimos y lo que estamos acostumbrados a percibir. En Ascensores el espectador presencia un pasillo de ascensores que aparentan ser uno solo, con el efecto del infinito al que estamos acostumbrados; pero cada ascensor es parte de una hilera de ventanas, espacios reales que se conjugan con las imágenes espejadas. Cuando entra otro espectador, el reflejo propio que esperamos se convierte en el reflejo del otro. Como suele ocurrir en el trabajo de Erlich, una experiencia cotidiana se vuelve un laboratorio del ser. Chandon invita a ser parte del universo de este sorprendente artista, elogiado en todo el mundo.
Leandro Erlich (Buenos Aires, 1973) trabaja con la ilusión óptica como un punto de partida, como una forma de involucrar al espectador en una experiencia. Esa sorpresa, ese pequeño descubrimiento de algo que no era como pensábamos, no busca engañar, sino todo lo contrario, trata de despertar la sensación de que todo puede ser de otra manera. "Es como abrir una ventana donde no la hay. Son situaciones -explica- que a mí me generan una cierta ilusión: demuestran que todavía hay cosas por descubrir, por pensar, por inventar".
En 1998 participó del Core Program, una residencia de artista en Houston, Texas, EE.UU. Se mudó a New-York e hizo su primera muestra en una galería de New York. En 2000, participó a la Biennal en el Whitney Museum y representó Argentina en la 49ª biennal de Venezia (2001), entre muchísimos encuentros artísticos en todo el mundo.

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