Daniel es guardia de seguridad, alguna vez fue policía y le hubiera gustado ser un héroe justiciero, pero está lejos de ello, cuidando los edificios de otros.


La ciudad lo hará cruzarse con Analía, una mujer distante, obsesiva y bella de una manera misteriosa. Rehúye al contacto con los hombres por haber sido víctima de una violación. Ese pasado tremendo vuelve cuando Julio, un hombre violento y obsesionado, sale de la cárcel.

Entre los tres irán tejiendo sobre las calles de la ciudad una trama de crimen y amor.
Daniel vigila un edificio normal y anodino donde libra una sórdida batalla contra unos jóvenes skaters que pintan las paredes de su territorio. Esto lo lleva a encuentros cada vez más violentos con ellos. Estas actitudes lo van dejando cada vez peor ante su jefe, que empieza a plantearle un traslado como probable antesala de su despido.

Él encuentra refugio en su vieja pistola y sus juegos de Charles Bronson de fin de semana. Reparar su vieja arma lo lleva a una tienda de dudosa legalidad, donde conoce a gente de un programa de televisión que investiga la corrupción policial, este encuentro casual lo conduce a Analía, y así comienza una relación apasionada.
Ella busca en esos brazos protección de la amenaza de Julio, que deja su voz en mensajes telefónicos, que siente que Analía tiene una deuda con él y comienza a acosarla.

Estos seres se despliegan sobre la ciudad, cruzándose con distintos personajes como El Tano, ex boxeador dueño de un bar de policías y prostitutas, Ramiro, hermano de Julio, Emilia la paciente esposa de Daniel...
Entre ellos comenzará un juego de búsqueda, de escondidas en el marco de la ciudad que los contiene hasta el sorprendente final que nos atrapa en su vértigo. Es gente solitaria buscando amor y en ese énfasis irán tejiendo la trama del crimen, apasionada e inevitablemente.

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