En el marco de la Gira Libre por Argentina Âmago Trio dio un concierto la noche del viernes en el Complejo de Bibliotecas y Archivos de la Provincia (Sarmiento y Belgrano) junto a la coplera Mariana Carrizo, la cantautora Mara Szacnniuk y el percusionista Martín Misa, como invitados, y luego llevaron su particular estilo de jazz con improvisación libre al Café del Tiempo. Hoy darán dos clínicas para explorar todos los sonidos más representativos de Brasil. Las capacitaciones se brindarán a las 10.30 y las 16 en la Escuela Superior de Música (Zuviría 180).

Surgido en 2011, el Âmago Trio es fruto de la unión de tres amigos: Raul Rodrigues (27, años batería y percusión), Vinícius Bastos (de 26, piano) y Pedro Destro (de 26, bajo eléctrico), que optaron por el camino de la improvisación libre en la búsqueda de una identidad musical. Esa elección dio rienda suelta a la composición e hizo de los integrantes viajeros que se embarcan juntos y alternan caminos, sin tener control de su destino.

Tres años después lanzaron su primer disco "Âmago Trio" del que participaron grandes músicos como Mônica Salmaso, Teco Cardoso, Toninho Ferragutti y Célio Barros. Pero en 2015 surgió una dificultad: la distancia. El trío ya no estaba residiendo en Campinas como en sus comienzos, sino que Destro estaba en San Pablo, Bastos en Curitiba y Rodrigues en Tucumán por lo que tocar juntos se fue tornando cada vez más difícil. De allí salió la idea de la Gira Libre por Argentina.

Durante una extensa entrevista con El Tribuno Vinícius habló sobre el génesis del grupo, cuando la conexión entre ellos empezó a superar la empatía de compañeros de estudio y transformó en una cuestión la metodología con que se hacían las prácticas musicales en los claustros universitarios. En 2008 los tres cursaban la carrera de Música Popular en la Universidad de Campinas (Unicamp) y sentían deseos de que el jazz recuperase su principal característica: la improvisación. "El trío existe porque estábamos un poco cansados de cómo se hace el jazz.

Para nosotros el jazz nos propone una libertad que sentíamos que ya no tenía, que se hacía como si fuera una receta de torta y la idea inicial es que no fuera así, enyesada, y resolvimos hacer una música que tuviera menos rótulos y menos patrones preestablecidos", señaló Vinícius. Raul, por su parte, destacó que justamente el jazz es, entre todos los géneros musicales, el más cercano a la improvisación, "aunque no se trata del jazz bien norteamericano en que la gente piensa, con las grandes figuras".

Fans del jazz

Usualmente los fans del jazz son personas que conocen bastante de música universal y que aprecian la calidad de los músicos y de los intérpretes. Por ello, tal vez, la improvisación resulte en una exposición y un brindarse que supone dar el máximo potencial.

Pedro lo pone en estas palabras: "Nosotros valorizamos mucho la percepción, el oído, estamos atentos a lo que va a suceder para interactuar con los sonidos. Entonces Vinícius comienza una improvisación y yo puedo dialogar con lo que él está hablando y hasta negar lo que está transmitiendo y tocar otra cosa".

Vinícius añade que no tienen nada arreglado de antemano, por eso ocurren manifestaciones interesantes dentro de las improvisaciones. "Esa pérdida del control nos lleva a lugares que a nosotros nos gusta después de que han sucedido. Tal vez yo no compondría esa música teniendo el control total. La improvisación requiere mucha atención de nuestra parte, pero nos genera mucha sorpresa el resultado y eso también le pasa al público", expresa. También los acerca a las emociones espontáneas de los asistentes ahí mismo, sobre el escenario.

"En el inicio el jazz era una música medio danzante, de habla suburbana, de confraternización. Yo siento que la música instrumental está medio desconectada del público, se academizó y se enyesó aquí en Brasil, porque tuve la oportunidad de estar en el ambiente del jazz en Estados Unidos y sentía esa misma sensación del músico tocando superlento, como si tuviera conversando y dando la oportunidad al público de absorber esa música", dice Raul.

Vivir de la música

Pedro a los 13 años comenzó a estudiar el bajo. Vinícius toca el piano desde los 7 años y ahora está cursando el Doctorado en Cognición Musical. Raul a los 10 se inició en la batería.

¿Viven de la música? Pedro reconoce que no. "Es un dilema ser músico porque nuestra profesión está muy desvalorizada. Entonces es una cuestión ser músico, una batalla ser músico y tocar lo que nos gusta y que sea rentable. Pensamos mucho, pero no es un pensamiento tranquilo porque nunca se presenta un camino claro". Agrega que su estabilidad económica está ligada a la educación. Lo mismo ocurre con Vinícius y Raul, que da en Tucumán clases sobre música brasileña. Mientras trabajan en la elaboración de su segundo material discográfico, cuentan que en Argentina los sorprendió para bien el hecho de que esté en nuestra cultura el gusto por la música brasileña.

Parte de la riqueza del grupo reside en el convencimiento de persistir en el género que aman. "Un grupo instrumental de improvisación no tiene demanda en el mercado y es difícil tocar varios años y bastante", señala Raul. Sin embargo, la pasión -y el público- los sigue impulsando en su carrera. "Tengo un gran amor por la música improvisada, sea la nuestra o la de otro, y es porque no sucederá de nuevo. Entonces los que están asistiendo a aquel show están viendo una pieza única, que nunca alguien vio y nunca alguien verá. Eso me inspira a ser un oyente de música jazz", cerró Pedro.

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