Antonio Gutiérrez, psicólogo y escritor, aunque a veces su nave literaria busca otra ribera. Ha publicado cuentos, poesías y ensayos. No se encasilla en un solo género, por el contrario profundiza todo aquello que puede ampliar sus vivencias. Dice sobre la importancia del ritmo de la poesía: "Creo que es fundamental. El ritmo, no la rima, ni la medida, ya que escribo versos libres. Pero siempre se impone una forma, como señala Paul Valéry en "El Cementerio Marino".

Recientemente estuvo en Italia, invitado junto a Liliana Bellone a participar de un "conversatorio" sobre poesía y narrativa, su relación con la sociedad y el psicoanálisis. "En Salerno en la Festa Della Letteratura leí junto a los poetas españoles Luisa Castro y Claudio del Moral, coordinado por Rosa María Grillo de la Universidad de Salerno.

¿Una valiosa experiencia?
Esa comunicación con el público italiano fue inolvidable. Escuchar varios de mis poemas traducidos al italiano. Leí en español y una actriz salernitana leyó la versión italiana. La lectura, que reunía a dos lenguas: el español y el italiano, confraternizó con los oyentes en una especie de comunión a través de la palabra poética. O sea que el sentido o los sentidos o el sinsentido final del poema (o de un verso o una palabra del poema) se alcanza en el receptor aunque la producción poética sea individual y solitaria.

Tu producción también abarca otro género
La narrativa también llegó a mi escritura. Publiqué un conjunto de cuentos con el título de La casa del boulevard Guzmán, una alusión a una calle de la ciudad de Córdoba donde se reunían amigos y estudiantes durante los años 70. Ese libro recrea, en varios de sus cuentos, el ámbito intelectual de esos año, las discusiones, las amistades, los desencuentros, el amor y siempre la imposibilidad de contarlo todo. Esa narrativa está marcada por la voces de dos maestros; Borges y Cortázar.

¿Escribiste novela?
Tengo una novela que aún permanece inédita y que, a través de múltiples voces, narra historias dentro de otras historias que recrean también los años 70, la infancia y la juventud en Bell Ville, una ciudad muy sarmientina, de inmigrantes, agro-industrial y burguesa, con un pasado de carretas y gauchos sustituidos por colonos italianos, españoles, rusos y polacos, un lugar, también, receptor de ideas progresistas y de reivindicación social. En suma lo que Lacan denomina "el fantasma". El título de esta novela es Puente Sarmiento.

¿Hay relación, en tu caso, entre la literatura y el psicoanálisis? ¿Cómo podría explicarse?
La relación no es simétrica y determinante. La relación en todo caso es semejante a la que tiene todo sujeto con el lenguaje o el inconsciente. La poesía es un modo de querer atrapar lo real que se acerca a las formas del inconsciente, o sea el inconsciente es de algún modo poesía. Decir lo real, en términos lacanianos, lo que no se puede decir, es el intento, el logro o el fracaso de la poesía. La literatura como arte, como novela, teatro, ensayo, fábula, es poética y por lo tanto trabaja con "eso "innombrable" a través de las figuras, de los desplazamientos (como en el sueño), con las metáforas, y a veces desestructurando el lenguaje de la comunicación corriente, sus significados establecidos por la norma y el uso, su lógica interna, como en el delirio.
¿Como fueron tus inicios?
Llegué a Salta a mediados de los años 70 desde el sur de la provincia de Córdoba. Ya en mi adolescencia, en Bell Ville, había intentado escribir algún poema, más por mis vivencias de pérdida que por una verdadera elección. Instalado en Salta descubrí que a veces estaba escribiendo sin proponérmelo, quizá por necesidad. Surgieron entonces los primeros poemas. En 1977 obtuve Mención de Honor en el Concurso para poetas inéditos que realizaba la entonces Dirección de Cultura de la Provincia, con El hombre y el tiempo. Luego de ese libro juvenil, siguieron otros. En la década de los 80 formé parte del grupo de poesía "Retorno", junto a poetas amigos, con los que publicamos cartillas y plaquetas de poesías. De esa época, recuerdo las conversaciones con ese gran poeta que fue Raúl Aráoz Anzoátegui. Alterné desde entonces la literatura y mi profesión, la de psicólogo y psicoanalista y profesor de la Universidad Católica. En 1986, la Comisión Bicameral de Autores Salteños publicó Las formas de la tarde, libro de poemas donde evoco el paisaje de la infancia, las tardes en la llanura, esa tierra de trigales, ganado y molinos, el lugar de mis padres, mis hermanos, los amigos, la escuela, los años de la adolescencia y la primera juventud. El paso del tiempo, la nostalgia y los recuerdos de los años 70 con su doloroso saldo de crueldad, marcaron esta escritura.

¿Como te llevas con el ensayo?
Desde la lectura y práctica del psicoanálisis surgió también la necesidad de escribir ensayo. Publiqué mi primer libro de ensayo: El más allá de la época (1999), texto donde, desde el psicoanálisis, intento descifrar algo de las complejas relaciones sociales, políticas y culturales de la llamada post-modernidad. La docencia universitaria me llevó a escribir Lingüística y Teoría del significante en Psicoanálisis, que surgió como un texto de consulta para esa cátedra en la que me desempeño hace más de treinta años en la Universidad Católica. Después vinieron La precipitación de lo real (2005) donde aludo a la falta de límites de la época y a las transformaciones de lo simbólico, y, La Exclusión en la cultura, libro con el que obtuve el Primer Premio de ensayo de la Provincia de Salta en 2011. Mi obra aparece en algunas antologías como: Poesía Argentina contemporánea, de la "Fundación Argentina para la Poesía", Buenos Aires, 2008. En Poesía del Noroeste Argentino, siglo XX, del Fondo Nacional de las Artes.

¿En que proyecto estás trabajando?
Terminé un libro de poemas: Orquesta típica y un libro de ensayo. Espero publicarlos pronto.

¿Qué te pareció esta noticia?

Sección Editorial

Comentá esta noticia



Se está leyendo ahora