Una vez más, como tantas desde 1967, hay que agradecerles a los notables músicos, inspirados humoristas y geniales artistas que conforman Les Luthiers, la ocurrencia de volver a Salta, y esta vez con la antología "Viejos Hazmerreíres", hoy, mañana y pasado, en el Teatro Provincial, a las 21.

Uno de los integrantes fundamentales y fundacionales del conjunto, Marcos Mundstock, charló largo y distendido con El Tribuno. Pero antes de ir a sus respuestas, vale decir que este genio nacido un 25 de mayo de 1942 en Santa Fé, es el creador junto con Gerardo Masana, del compositor Johann Sebastián Mastropiero que hace las delicias vertebrales del espectáculo.

Locutor profesional, redactor publicitario, actor y humorista, Mundstock sabe que, después de cinco décadas de escenario, la imaginación debe mantenerse en muy buena forma para generar humor. Es, quizás, el miembro de Les Luthiers con menores cualidades musicales, aunque en ocasiones toca algún instrumento bien enroscado como el gom-horn.

Dueño de una verborragia inteligente y dotes artísticas indiscutidas, este "luthier" nunca tuvo pelos en la lengua abajo del escenario, desde donde supo expresar sus opiniones políticas con la claridad propia del actor independiente.

De luto aún por la pérdida de Daniel Rabinovich, Les Luthiers vuelve a Salta con sus mejores capítulos de pirotecnia verbal, doble sentido elegante, mímica y humor visual como sostén y pedal de los clásicos chistes que florecen del diccionario, interpretados por un renovado grupo de seis: Carlos López Puccio, Jorge Maronna, Horacio "Tato" Turano, Carlos Núñez Cortés, Martín O'Connor y nuestro entrevistado Marcos Mundstock.

En Salta hay gran expectativa por la vuelta de Les Luthiers, ¿ustedes, qué esperan de Salta?
Siempre lo mejor. Cada reencuentro con una ciudad de nuestro país es una fiesta. Nos gusta llegar, estar, recorrer. De todos modos, el público de Les Luthier se parece mucho en todos lados, la gente que elige vernos tiene en común el gusto por nuestro humor. Estuvimos varias veces en Salta y nos encanta, nos gustan las empanadas y la visita a los Niños del Llullaillaco, que ya hemos hecho y siempre tenemos ganas de volver a ver porque es único en el mundo. Además está lindo para caminar un poco, ir al cerro San Bernardo, pero sin abusar porque no somos turistas, tenemos que descansar para hacer el show y que no se duerma el público (risas).

¿Hay lugar para la improvisacion en algún sketch?
No improvisamos. Hay libertad para probar una variante, innovar en algo, pero no hay improvisación. Viejos Hazmerreíres es una antología y vamos sacando lo mejor de nuestra historia y lo unimos en el espectáculo. El único cambio de palabras improvisado puede surgir entre los locutores de radio Tertulia que es el esqueleto del show este que es una transmisión de radio. Ahí podría ser pero con cuidado de no irse por las ramas y con la conducta de devolverle el pie al compañero a tiempo.

¿Da para el humor el país, hoy?
Muchas veces es tragicómico lo que pasa, pero nunca Les Luthiers hizo humor con la actualidad política, si con la realidad pero no con nombres ni referencias puntuales. En el 96 hicimos un sketch de dos políticos que cambiaban el Himno Nacional a su conveniencia, y actualmente lo estamos haciendo en España a 20 años de haberlo escrito. Tiene una gran vigencia y la gente lo entiende perfectamente. De país a país lo que cambia es la proporción de lo corruptos que pueden ser los políticos. España tiene su propia historia de corrupción y por eso no se sorprenden con nuestros libretos.

En entrevistas de años atrás y en otras recientes te expresaste en desacuerdo con el gobierno kirchnerista: ¿Cómo lo ves ahora, a la luz de los últimos escándalos?
Desgraciadamente las cosas que se han denunciado se han cumplido todas; eran ciertas. Como observador general, lo que más me duele es la mentira, ver que el famoso relato fue una gran mentira disfrazada de progresismo, de defensa de los derechos humanos, con la única finalidad de llenarse los bolsillos. Es tan grotesco de por sí lo que se ve, y al mismo tiempo tan dramático y tan trágico para nosotros, que cuesta agregar algo. Las cosas buenas que hubo, todo bien pero no compensa lo malo. Más de la mitad del país creyó en esto y de golpe todo se derrumba, descubren que fueron engañados. Tengo tanta gente conocida que se ha comido el relato, que lo ha defendido a morir, incluso ahora hay gente que sigue firme con un discurso tabulado defendiendo lo indefendible.

¿Qué expectativas te genera el nuevo gobierno?
Tengo esperanzas pero cruzando los dedos para que nos vaya bien a todos porque no sé cuánta habilidad tienen para gobernar, ni cómo va a resultar al final. Más allá de que algunas cosas les estén saliendo mal y otras muy bien, el cambio ya es ganancia porque echamos a los chorros, y no es poca cosa.

¿Cómo es salir a escena sin Daniel Rabinovich?
Es convivir con el dolor de haber perdido a un hermano de más de 50 años, porque nos conocíamos desde chicos, y además era mi compinche en el escenario. Pero al mismo tiempo son las reglas de la vida, seguir andando le da vida al grupo y sentimos que se lo debemos al público y es un homenaje permanente a Daniel. Sin embargo estamos de luto porque perdimos a un hermano.

¿Y cómo engrana esta nueva formación de seis?
Muy bien porque de alguna manera siempre formaron parte Tato Turano y Martín O’Connor. Mientras Daniel estuvo enfermo, cuando no podía salir a escena, ellos comenzaron a actuar y el espectáculo sale igual que cuando estaba Daniel, claro que él tenía una gracia y unos recursos irremplazables, inimitables, pero estos dos nuevos integrantes también aportan su talento que es muy grande y sorprenden. Nuestro show es como una obra de teatro clásica, los actores pueden cambiar pero se representa igual, el resultado es el mismo.

El público los ha aceptado bien...
Hay gente que nos sigue mucho a través del tiempo, sigue nuestra historia, y nos ha comentado que lo extrañan a Daniel en el escenario, que tienen una sensación extraña al principio. Pero en nuestro show, cada 15 segundos hay una carcajada y así se va olvidando todo para darle lugar al disfrute.

El camino de estos músicos y humoristas que llevan medio siglo haciendo reír con una originalidad única en su género, no se ha agotado. Aquella historia que empezara con la Cantata Laxatón, que ponía música barroca al prospecto de un laxante, y que tantos clásicos ha dejado en el camino, como El Explicado, La gallina dijo Eureka, El rey enamorado, o El sendero de Warren Sánchez, entre cientos de obras maestras, tiene aún muchas páginas en blanco para escribir, a pesar de las ausencias...

¿Qué te pareció esta noticia?

Sección Editorial

Comentá esta noticia



Se está leyendo ahora