Este jueves y el viernes, a las 21.30, a pedido del público, volverá a presentarse "Desencajados, Filosofía + Música" en El Teatrino, Alvear y Latorre. Con Darío Sztajnszrajber -el conductor de "Mentira la verdad", de canal Encuentro- músicos y actores, la figura central del espectáculo es la filosofía. Y, de fondo, la condición humana.
Para lograrlo la obra reúne canciones del rock nacional, que disparan lecturas de los diferentes eventos de la vida común de cualquier persona; y a través de Darío, las pone a dialogar con grandes autores del pensamiento de Occidente. El diseño de la obra y su escena son de Juan Bautista Carreras, tiene música de Lucrecia Pinto (voz), Guillermo Martel (guitarra), Lucas Wilders (percusión) y Juan Finger (bajo). Y luego están canciones de Fito Páez, que dialogan con las ideas de Nietzsche sobre la muerte de Dios, de Djavan que junto a Platón refieren al amor, las de Divididos que con Bertold Brecht dan sus interpretaciones de lo real.
En septiembre de 2013 "Desencajados" ya se había presentado en la misma sala en la que estará esta semana, dejando mucho público sin asiento. Con este poder de convocatoria hace cinco años que se mantiene en cartel, recorriendo el país con su carga de pensamiento. Es que el formato del espectáculo -que sin dudas le debe a la experiencia de "Mentira la verdad"- es singular, novedoso, como la figura de su conductor.
Darío Sztajnszrajber ha logrado ser -luego de escribir para Clarín, Perfil, Tiempo Argentino, revista Noticias y ser nominado a los Emmy por "Mentira la verdad"- referencia nacional necesaria a la hora de tocar cualquier tema, pero bajo un fundamento filosófico consistente. Y es, justamente, la consistencia de sus ideas lo que cautiva al escucharlo.
Actualmente es docente de la UBA y de Flacso, pero antes atravesó todos los estratos educativos -de la primaria al posgrado-, y a lo largo del trabajo que lo proyectó desde los medios de comunicación, se le nota la pasión por en enseñar, por hacer del entendimiento algo común. Sobre todo el entusiasmo por exponer la simplicidad de los postulados de la filosofía, "que nunca se fueron de la vida diaria que los vio nacer".
Y ahí parece estar la semilla de "Desencajados". En la beneficiosa -para nosotros- pasión por la docencia de Sztajnszrajber. Él mismo nos cuenta que fue una vocación temprana. "Rápidamente entré en la docencia. Y es a lo que me dediqué y me dedico hasta ahora. Soy docente. La puesta teatral tiene otra elocuencia, pero es bastante parecido a dar clase", dice.
Hablando de su trabajo, recordamos a los filósofos primitivos que exponían sus ideas y las debatían en el ágora de Atenas, con otros filósofos o con el mismo público. "Es muy distinto deconstruir, por ejemplo, los fundamentos de la idea que tenemos alrededor del amor, mientras escuchamos un tema de Charly García. Ahí hay una comprensión que no es solo racional, sino emotiva. Hay gente que al terminar la puesta, sale llorando. Es que así la filosofía también llega al cuerpo, no solo a la mente En este sentido, la filosofía es más arte que ciencia", dice.
¿Hace falta la filosofía?
Lamentablemente, la filosofía se ha burocratizado perdiendo el contacto con la cotidianeidad. Irónicamente, porque ése es su origen: la búsqueda de respuestas a las preguntas del hombre común como "¿quién soy?", "¿para qué estoy vivo?", etc. No la burocratización en la búsqueda de respuestas, sino la elaboración de un pensamiento crítico que sirva para la existencia diaria. Es una necesidad que siempre va a estar presente en cualquier persona. Con la obra tratamos de dar elementos acerca de cuestiones diarias de la vida como el amor o el dinero, para que cualquier persona pueda deconstruirlas, ir a la base y dar una revisión a las ideas propias y ajenas. Todo ciudadano tiene el derecho de emancipación frente al dominio de los valores instituidos, de las instituciones o del poder. O sea: hacer filosofía permite replantearnos a nosotros mismos y la situación en la que vivimos.
¿Se busca el conflicto?
El conflicto no es violencia. Es una confrontación creativa de posturas diferentes. Que se vuelve violenta cuando una parte pretende disolver los valores del otro para que prevalezca el propio. Es como cuando aparece alguien en la tele diciendo "'La gente' quiere tal cosa, 'la gente' quiere tal otra", como si existiese una sociedad homogeneizada bajo un mismo patrón. Y, en realidad, cuando hablamos de sociedad, nos referimos también a las fuerzas en conflicto que viven dentro, a las mixturas de ideas, de formas de ver el mundo, de razas, de personas. Esas son las sociedades democráticas.
En Salta conviven 15 culturas nativas, pero invisibles aún en el siglo XXI.
Creo que en Argentina sobrevive una matriz que se identifica con la existencia de solo dos posibilidades en la existencia: negro o blanco, patrón o empleado, bueno o malo, tiene o no tiene, etc. De alguna manera responde a las necesidades del poder. Emerge de la expansión de la cultura occidental y promueve "la razón" contra "el primitivismo". Y es increíble que sigamos hablando de estas cosas en pleno siglo XXI. Cuando conocí a Rodolfo Kusch, descubrí la importancia de la diferencia. Que había en el hombre americano una visión distinta al reinado de la razón que impone Occidente. En este sentido, yo creo que hay una interesante tendencia de la filosofía actual de pensar desde el diferente.
¿Hay un cambio en nuestra sociedad?
En estos últimos años he visto una intensa transformación que tiene que ver con el término "apertura". Es algo que lo podemos ver en la ley del matrimonio igualitario, por ejemplo. Un fenómeno que en general se da en llamar "el retorno de lo político" y es como un síntoma que atraviesa más allá de lo partidario, posibilitando el debate desde la diferencia. Creo en las nuevas generaciones y en sus posibilidades de apertura. Por eso la tarea de filosofía hoy es darle los elementos al ciudadano para que comience a replantear su propia existencia. El resto de las transformaciones, la seguirán otros.

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