Natalia Salibe es profesora de danzaterapia en el Museo de Bellas Artes. Cuando El Tribuno le consultó sobre la acción liberadora de la danza, no dudó en agregar muchos conceptos más sobre cuáles son los alcances que tiene en nuestros cuerpos y emociones.

"En nuestros cuerpos llevamos una identidad, un camino que nos pertenece, las alegrías, la tristeza, los enojos, las incertidumbres, son emociones que habitan en nosotros y es a través del movimiento que podemos apropiarnos, develarlas, expresarlas y compartirlas. Bailar es descubrir esa mirada única y particular que tenemos, compartir esa experiencia nos permite un diálogo más allá de las palabras. Cada gesto, cada movimiento nos permite explorar quiénes somos y, a su vez, esa búsqueda en el otro nos devuelve una imagen compartida y una construcción de un nosotros".

"Disfrutar quiénes somos con el cuerpo que tenemos, desde esa posibilidad que nos da el arte y la creatividad en movimiento. Nos permite redescubrir el mundo que nos rodea", agregó Natalia en su descripción. Por qué eligió esta disciplina fue los más difícil de responder. "Creo que siempre habitó en mí la danza, desde pequeña el movimiento fue un vehículo para conectarme con el mundo que me rodeaba. Creo que aun en la panza de mi mamá la danza estaba allí, latiendo dentro de mí. El camino a su encuentro fue apareciendo progresivamente. Desde el cuerpo y también desde la cabeza. La intuición siempre participó como el motor de búsqueda. Así exploré diversos escenarios, me formé como profesora de danza clásica y jazz, pero luego aparecieron nuevas preguntas, la creatividad aparecía siempre como una constante. Transité el camino de la publicidad para comprender aquellas formas que surgían como mensaje. Pero recién de grande, a mis 28 años, conocí la danza creativa (danzaterapia). Allí comenzó un nuevo camino en el estudio de María Fux", concluyó.

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