Otra vez la legendaria banda de rock and roll The Rolling Stones, volvió a sacudir Argentina y esta vez fue el estadio Único de La Plata el encargado de recibir, el miércoles, a sus majestades satánicas por segunda vez en el marco de la gira América Latina Olé Tour, donde más de 55 mil fanáticos deliraron -e hicieron emocionar al guitarrista Keith Richards- al ritmo de los clásicos de un grupo que parece ser eterno.

Tras el paso de La Beriso y Ciro y Los Persas, con la puntualidad que suele destacar a los ingleses, los Stones coparon el escenario a las 21, segundos después de las imágenes mezcladas entre sitios referentes de Buenos Aires (como el Obelisco) y fotos antiguas de los músicos que se asomaban por las tres pantallas gigantes. El tema que dio la apertura de telón fue Jamping Jack Flash, aunque eso poco importó. La fiesta fue igual, o mejor, que los recitales del domingo 7 (también en La Plata) o del miércoles 3 (en Santiago de Chile).

El punto más alto de la noche llegó con la hermosa e histórica Let Spend The Night Togheter y siguió bien arriba con It's Only Rock And Roll. Tumbling Dice calmó los ánimos y el estadio se tranquilizó con Out Of Control. El showman Mick Jagger saludó calurosamente a sus fans y dijo: "¡Hola Argentina! ¿Están bien, Buenos Aires? Pasaron 10 años, eso es mucho tiempo (de la última doble visita de febrero de 2006 a River Plate)". Momentos después el cantante avisó que tocarían la canción votada en @RollingStones, Angie.

Después del paso de los lentos, Paint It Black volvió a encender el fuego de los miles que llegaron desde todo el país y alrededores para ver en vivo al mito viviente del rock. En ese lapso Jagger aprovechó para hablar (en su mezquino castellano) de un tema actual que sorprendió a todos: "Sé sobre los dos equipos de la ciudad de La Plata, espero que solo haya sido un amistoso (por la vergonzosa pelea entre los jugadores de ambos equipos en Mar del Plata), porque nosotros somos los locales". Cant You Hear Me Knocking y Hoky Tonk Woman completaron la primera tanda del show, antes de que Mick presente a sus compañeros.

Por el escenario desfilaron y fueron ovacionados los integrantes del coro, bajo, vientos y teclados, hasta que por fin llegó el turno de un Stone original: Ronnie Wood. El estallido fue instantáneo. Los aplausos pasaron para el baterista Charlie Watts, quien se bajó de la tarima y con su media sonrisa saludó tibiamente (es el Rolling Stone más frío, más inglés). Y más tarde fue el turno del más amado por los argentinos: Keith Richards, quien al escuchar "olé, olé, Richards, Richards", no pudo contener las lágrimas y fue abrazado por Wood, su compañero de guitarras. La historia de amor entre Keith y la Argentina no es casual, aunque no deje de llamar la atención que un guitarrista le saque protagonismo al líder de la banda.

Es que Richards fue el primero en visitar este país en 1992, cuando iba a ofrecer un concierto solista en el Luna Park, pero fue tanta la gente que quiso conocer a uno de sus ídolos, que al show tuvieron que hacerlo en Vélez. Al regresar, Keith les dijo a sus compañeros: "Tenemos que ir a la Argentina, allá están locos y nos aman". Tres años más tarde los Stones arribaban por primera vez a nuestro suelo para presentar Voodoo Lounge. Y el público jamás se olvidó del gran gesto de su héroe. El pirata del caribe hizo Slipping Away y Before They Make Me Run, mientras Mick se recuperaba de los bailes y corridas, para regresar con Monight Rambler y Miss You.

Y luego sí, Star Me Up hizo explotar unos cohetes que estaban listos. Sympathy For The Devil y Brown Sugar generaron una afonía general y tras una pausa mínima, cerraron con Cant Always Get y Satisfaction, más de dos horas después sobre las tablas. Mañana será el turno del tercer y último show en la cuarta presentación en el país (1995, 1998, 2006 y 2016), y se supone que los músicos más influyentes del rock se despedirán para siempre, aunque lo mismo se dijo 10 años atrás. Habrá que esperar, mientras tanto "Nice to meet you".

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