Más de 60 años de carrera artística y el para nada insignificante hecho de haber dado felicidad a millones de personas. Ayer se abrió el arcón de la memoria de muchos argentinos que crecieron divirtiéndose con el humor naif de uno de los guionistas fundamentales de la televisión nacional. Pero que también tuvo su actuación en las radios analógica y digital, le puso firma a guiones de teatro y cine, escribió miles de sketches radiales y ficciones televisivas, y demostró que tenía grandes cualidades para la interpretación actoral.

La muerte de Juan Carlos Mesa (86) hizo volver a varias generaciones a la redacción de un noticiero, el lugar en el que se desataban los enredos de un multitudinario equipo de trabajo. Mesa de noticias fue el programa más emblemático de Mesa, ese del que le gustaba decir que habían querido hacer vino y les salió gaseosa, porque fue el público infantil el segmento fidelizado de un envío pensado para adultos. Juan Carlos había nacido en Córdoba bajo el nombre de Diego Isidro. Sus primeros trabajos los cumplió para la radio en su ciudad natal.

En 1956 armó el elenco y escribió La Troupe de la Gran Vía, un programa que describía lo acontecido en la céntrica calle San Martín, de Córdoba. El programa tuvo gran repercusión y comenzó a salir de giras con el elenco. Trabajó en Canal 11 junto a un equipo de autores escribiendo los guiones del programa Los sueños del gordo Porcel, protagonizado por Jorge Porcel. Por ese entonces, el jefe de programación del canal, Héctor Maselli, lo convenció de irse a Canal 9, junto a Carlos Garaycochea y Jorge Basurto, otros autores.

En 1965 juntos crearon el programa cómico La matraca, y al año siguiente el trío se trasladó a Canal 13. Fue libretista de grandes cómicos como Pepe Biondi, Carlos Balá y Alberto Olmedo. Escribió los monólogos políticos de Tato Bores en épocas de gobiernos de facto. Posteriormente, formó equipo con los hermanos Basurto y nuevamente con Carlos Garaycochea para crear numerosos éxitos como La tuerca, Humor redondo, Hupumorpo, Jaujarana y Los Campanelli, que primero pertenecía como sketch al programa La feria de la alegría.

En 1983 protagonizó el popular programa humorístico Mesa de noticias, que duró cinco años. En 1991 y 1992 hizo El gordo y el flaco, junto a Gianni Lunadei. Su único desembarco actoral en la pantalla del séptimo arte es la comedia de ciencia ficción Pájaros volando (2010) con Peter Capusotto.

Entre los cientos de videos sobre él que alberga internet, está la emisión de Animales sueltos -del 17 de septiembre de 2015- que ayer al mediodía tenía 321 reproducciones y que la inquietud de la desmemoria llevó a 2.855 visitas ya por la noche. Atento a la extensa trayectoria y a la expresión oral de excelencia de Juan Carlos Mesa, Alejandro Fantino lo alentaba a las definiciones. Puesto a analizar la situación actual del género al que dedicó su vida entera expresaría "No me gusta decir que todo tiempo pasado fue mejor porque es egoísta, porque tengo hijos que escriben y hay una juventud hermosa que lo hace y siempre va a haber una oportunidad. El humor se va dando en ciclos. El ciclo del entretenimiento es muy importante y ha ganado un espacio también muy importante; pero, a su vez, esto ha desplazado a programas que se construían con elencos.

Por supuesto que el factor económico tiene mucho que ver. Mesa de noticias era un programa con un elenco de 35 personas entre la gente que hacía exteriores y que estaba en piso. Decorados, forillos, cromas, equipo de autores, era un universo al que hay que atender con dinero". Acerca de sus propios dones para la escritura exponía: "Estuve siempre atado al texto, construyendo o edificando historias, nunca me gustó improvisar. No tengo la cualidad ni la calidad del repentista. Soy un hombre que aprendió de cada una de las figuras para las que tuve la suerte de escribir. Cada uno de ellos con su talento y su personalidad me iba descubriendo cuál era el mundo al que me tenía que asomar. Esto es como en el tango de Discépolo, solo que cambio la figura: 'Yo al mundo, y al país incluso, de chiquilín lo miraba de afuera'. Entré mucho después en ese mundo que deseaba conocer. Me he forjado mirando y es lo que les digo a mis hijos que escriben". A pesar de su prolífica carrera y los múltiples reconocimientos que obtuvo a lo largo de ella, su mayor orgullo era su familia.

Tuvo tres hijos Juan Carlos (arquitecto), Juan Martín y Juan Gabriel (guionistas) con Edith, su esposa por más de seis décadas. "Estoy orgulloso de que estén siguiendo la carrera del padre. Quiero que ellos hereden del padre lo que yo he heredado del mío: la humildad. Hay un poema de ese queridísimo sannicoleño Horacio Rega Molina que habla de un rey que cuando se enfrenta a su hijo, porque está por heredar, le dice: 'Ay, hijo mío, cuando tu seas rey, deja un día el caballo bajo el puente y échate a andar por campos, por aldeas, sin tienda de campaña, alcón ni ley. Come de tu ajo, bebe en la vertiente y no digas a nadie que eres rey'", declamaría en Animales sueltos, con la gracia de un gran cuentacuentos.

A poco de conocerse la noticia de su muerte trascendió que Mesa sufría de diabetes y estaba internado hacía meses. También que en los últimos días su cuadro se había complicado debido a una insuficiencia renal. Los grandes resbalan de la muerte con la permanencia de su palabra, de su don de gente y de su humildad, que a veces caben en una anécdota. "Antes de un humorista profesional -decía Mesa- soy un cordobés profesional, habida cuenta de que Córdoba es un yacimiento donde el combustible es el humor. Y para probarlo cuento esta anécdota: Cancha de Belgrano, Córdoba, repleta de gente. Partido con River Plate. 0 a 0. Tiro libre frente al arco del gran Amadeo Carrizo, que estaba en un día memorable y atajaba todo. Carrizo agazapado con su gorra, esperando un tiro libre. Gran posibilidad de Belgrano de ganar el partido. ¡Pero qué difícil hacerle un gol a Carrizo! En el silencio de ese momento, entre las miles de almas, se escuchó la voz de un cordobés diciendo: '¡Carrizo, teléfono!'".


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