La música popular argentina ha tenido compositores prolíficos y sería imposible mencionarlos a todos, lo que sí queda claro es que el Norte Argentino es una de sus casas predilectas y que entre sus apellidos señeros el de los Carabajal es sinónimo indiscutido de chacarera.

El Tribuno dialogó en Buenos Aires con uno de los miembros más destacados y populares de esa emblemática familia. Peteco, autor de piezas conmovedoras entre las que sobresale aquel canto a la madre: "Como pájaros en el aire", "Perfume de carnaval", o "Hermano kakuy", el que vive penando, entre muchos otros hermosos y clásicos temas encarnados en el folclore argentino.

Bautizado con el nombre de Carlos Oscar Carabajal Correa después de su nacimiento el 25 de mayo de 1956 en La Banda, de Santiago del Estero, con los años se convirtió en un excelso compositor, cantor y músico del folclore argentino, maestro con la guitarra, el violín, la percusión y la quena.

Esta insignia del acervo cultural argentino, en una charla íntima con El Tribuno habló de sus ganas de llegar a nuestra provincia con su música al hombro, después de 20 años sin subirse a un escenario salteño.

¿Hace cuánto que no lucís tu talento en Salta?
Hace como veinte años que no voy a cantar a Salta, no sé qué pasa. Siempre me gusta volver a cantar en cualquier lugar del país y me encantaría hacerlo en Salta, pero no se da la posibilidad. Ojalá se abran las puertas. En los últimos años he tratado de acercar agua para que eso suceda, con mis compañeros, con los Nocheros, con el Chaqueño, con Facundo Toro, con quienes canten y representen a la provincia de Salta. Romper con ese tipo de competencia que a lo mejor ha habido con otras provincias como Santiago o Tucumán.

¿Y cuál será el motivo?
No lo sé. He tratado de romper con las barreras. Incluso grabé "La Mataca Ollera", de don Saravia y don Sánchez, he grabado "Cuando tenga la tierra" de Ariel Petrocelli y Daniel Toro, tengo en el repertorio la "Vidala del nombrador" también. Siempre estoy tratando de que haya un acercamiento real de parte nuestra. Porque el santiagueño siempre ha sido medio esquivo y reacio a cantar cosas que no son de autores santiagueños, pero a mí eso no me gusta, me atrae la integración y la apertura.
He tratado de quebrar las distancias por admiración, porque reconozco a todos los cultores importantes que ha tenido Salta para el país. Siempre estoy esperando la oportunidad de tocar allá, siempre con la amistad de Jorge Rojas, de Los Nocheros, intento dar mi mensaje y compartir lo que es de todos.

¿Con qué poeta salteño te hubiese gustado trabajar?
Son muchos. Con Jaime Dávalos, Ariel Petrocelli, Castilla. O sea, los grandes de Salta. He trabajado con Roberto Ternán, que también es un grande. He compuesto una canción, ahora, en el último disco con Yuyo Montes, que se llama "Las manos sueltas". Por suerte he podido hacerle escuchar la versión un poquito antes de que él falleciera. Yo admiro y llevo en mí en mi bagaje de memorias todo lo que se ha hecho desde Salta y desde otras provincias. Nunca he tratado de competir o de ignorar lo que hacen otros. Por supuesto que mi corazón tiene que ver con la música santiagueña pero, la comprensión de la calidad pasa por otro lado. Hubiese sido un sueño vivir en los años 60' y 70' donde han brillado semejantes hombres de la poesía salteña.

Comentabas que le mostraste la canción a Yuyo Montes ¿recodas cuál fue su devolución?
Lo que pasa es que con Yuyo tarde nos hemos encontrado. Ha sido así la cosa: yo lo conocía, por supuesto, y él me conocía a mí, pero a veces uno por timidez, o porque no
se le ocurre simplemente no lleva a cabo saludos. Y un día, así sin más intención que esa, lo llamé por teléfono para expresarle mi amistad, mi admiración. Él se sorprendió, y después me dijo que me adoraba, que era un maestro. Después me mandó tres letras. Yo elegí una y le puse música, la grabamos y se la mandé. Me agradeció mucho, estaba muy feliz de que hayamos hecho una canción y de que haya quedado. Y hemos hablado de la vida y de la muerte. Él me ha transmitido su valor ante lo que le estaba pasando y su consciencia también.

Peteco interrumpe el relato. Con la voz quebrada por la emoción ante la ausencia del poeta salteño fallecido en 2015, y continúa:
Hemos podido hablar a ese nivel. No tenía miedo y estaba muy agradecido de la vida. La última vez que hablamos, él estaba internado y en esa situación me dijo cosas muy profundas y muy lindas, por eso me emocioné. Son gente de luz, que hace bien. Después me quedé pensando por qué no lo habré llamado antes o por qué él no me llamó, por qué no nos hemos conocido. Así suele pasar. Y también me ha enseñado, porque a partir de ahí trato de no desaprovechar ninguna posibilidad de manifestarle a alguien lo que le tengo que decir, si le tengo que decir que lo amo, lo hago. Y si le tengo que decir a alguien una verdad que duela, se la digo a quien sea.

¿Te ha enseñado a ser honesto con tus sentimientos?
Honesto soy, sí me ha enseñado a ser menos guardador. Tal vez, antes por timidez o vergüenza, no le dije a un compañero "qué bueno que está lo tuyo" o "cómo me gustaría hacer algo con vos. Te felicito"; y eso es necesario, hay que ser generoso.

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