Por Carlos Saravia, ExChachalero

La muerte de Daniel es una pérdida enorme para la cultura argentina, para el público argentino y del mundo porque fueron hasta Estados Unidos hablando un idioma mucho más británico que el que hablan los norteamericanos.

Les Luthiers hacían humor con todo el cuerpo. La primera vez que los vi fue en el teatro Margarita Xirgu, hace 40 años o 45 y no podía verlos porque me reía tanto que me dolía la panza y me tenía que agachar y no verlos ni oírlos. Eran maravillosos. Daniel me mandaba invitaciones para que fuera a verlos todos los años. Le mandaba una caja de bombones a mi mujer y, a mí, las tarjetas. Tengo un hijo que debe estar llorando porque era una especie de idolatría la que sentía por Daniel y fue el que me comentó que no andaba muy bien de salud.

Cuando nos despedimos (Los Chalchaleros), en Salta, fue Daniel solo y grabó con nosotros. Recuerdo que cuando llegó le dije: "No me vas a querer cobrar lo que cobran ustedes porque estás vos solo (se ríe)". Cantamos juntos la zamba "Añoralgias", el también tocaba el bombo. Lo recuerdo grabando, sentado en una reposera de playa. Era genial. Fue una de las veces que más nos divertimos grabando una canción. Se encargó del bombo en algunas zambas, como "Cochero 'e plaza", y participó en los coros junto a Polo Román, Pancho Figueroa, Facundo y yo.

Les Luthiers tienen una forma de hacer humor sin zafarse jamás. Es un humor inteligente y muy sano. Y Daniel abajo del escenario era igual. Además se confesaba admirador nuestro y le encantaba la música folclórica, la música argentina. Dijo que su sueño era ser como Ernesto Cabezas, tocar como él, un gran guitarrista que tuvo Los Chalchaleros y nos conocía a todos. Era tremendamente modesto y apasionado por lo que le gustaba. También era un excelente músico.

Les Luthiers siempre fueron tan buenos artistas, cantantes y músicos... Todos tenían un papel que parecía el principal, salvo Marona, que siempre fue músico y el que orquestaba a todo el grupo. El nunca sobresalía como sobresalían los otros que eran más payasos, Daniel era uno de esos. Eran un grupo de cinco personas maravillosas. No había ninguna diferencia entre ellos si uno los conocía, pero en el escenario siempre sobresalían un poco los más caraduras: Daniel o Mundstock. Todos eran unos genios. Puccio era director de coros en Buenos Aires, Marona era el que manejaba la armonización de grupo. Nunca resaltaba ninguno de ellos, quizás el público lo iba eligiendo a medida que se divertía con cada uno. Y el público se divertía con todos. Siempre.

Es una pena pero uno no se puede poner serio hablando de Daniel. Al pensar en el siempre brota una sonrisa. Lo recuerdo con mucha alegría y las risas que me sacó del fondo del alma. Siento tristeza por la muerte, pero alegría por poder recordarlo haciendo macanas con todo ese grupo de gente maravillosa.

Estoy triste pero sonriente.

----------------------------------

“Mi Larousse Ilustrado del humor”
Por Rafael Monti, director de teatro

Qué triste tener que hablar “en serio” de quien nos hizo reír casi 48 años. De adolescente me convertí en fan indiscutible de Les Luthiers. Combinan a la perfección mis dos más grandes amores: el humor y la música. Pasé años asistiendo a todos sus Coliseos siempre llenos. Ellos lo bautizaron “el segundo Colón” (por aquello de que el Teatro Colón es llamado “el primer coliseo”). Aparte del talento que desplegaban en sus shows me llamaba la atención lo cuidado y original de sus programas de mano. Allí aprendí la importancia de la papelería para los espectáculos.

Por supuesto que antes de que salieran sus discos yo ya tenía la grabación de sus shows en sendos casettes (llevaba sutilmente escondido entre mis ropas, un grabador de periodista) que volvía y volvía a escuchar, no hasta el cansancio, porque nunca me cansaban, sino hasta aprender cada texto de memoria para jugar a ser ellos, solo, en mi departamento. Casettes que aún conservo. Hoy, toda la historia “Les Lutheriana” está en YouTube y muchas noches antes de irme a dormir repaso los sketches, los más nuevos y los más clásicos, quizás con la idea de seguir nutriendo mi energía humorística. Sería reiterativo explicar acerca de lo distintivo de su humor blanco, fino e inteligente porque eso ya lo sabemos todos.

Es como hablar de lo naif de la señora Nini Marshall o lo inteligentemente mal hablado de Enrique Pinti. Si noté, los últimos espectáculos, que incorporaron sabiamente a ese humor una corrosiva dosis de crítica política, que a mi parecer los vuelve aún más argentinos. Los salteños aprendimos a disfrutarlos en aquellos primeros Abriles Culturales. Iba siempre, aún conociendo de memoria la mayoría de sus rutinas. Cuando al terminar la función me preguntaban qué me había parecido y yo contestaba “bueno”, sabía que inmediatamente se venía un “¿Cómo bueno? Excelente”. Tenían razón. Sucede que yo ya no podía disfrutarlos como un simple espectador.

Les Luthiers en mi adultez se transformó en un Larousse Ilustrado del humor que estudiaba y consultaba constantemente para aprender de cada intención, cada transición, cada remate, Y la dupla, mas allá de lo musical, eran los clásicos: Marcos Mundstock y Daniel Rabinovich, luego conocidos como el siempre efectivo dúo de Ramírez y Murena. Como una nueva versión de Borges y Álvarez (Olmedo y Portales claro). Pero para todos siempre fueron, son y será el locutor y presentador serio (Mundstock) y el desopilante sanateador, encargado de los remates y que siempre metía la pata: Daniel Rabinovich. Hoy ese dúo se quebró. No solo para Les Luthiers.

También para el cine, donde ambos participaron de jugosas colaboraciones. Incluso manejaban la idea de un largometraje dirigidos por Juan José Campanella. Los argentinos tuvimos y tenemos reconocidos exponentes del humor musical: los viejos “Trisingers”, Hugo Varela, los extintos Midachi, inclusive Los Macocos o la querida Banda Elástica, entre otros. Recuerdo ahora el Les Lutheriano homenaje de los talentosos salteños de “Radio a Galeno” (Daniel Blasco, Raúl López Bianchi y Mario Koss) pero Les Luthiers con Ramírez y Murena hay y habrá solo uno: los mejores.

¿Qué te pareció esta noticia?

Aparecen

Sección Editorial

Comentá esta noticia