La escritora salteña Liliana Bellone admite que antes de escribir su novela Eva Perón, alumna de Nervo, la figura de la mítica exprimera dama estaba para ella "como disimulada por un velo de misterio y algo de prejuicio". Decidida a romper con viejos tabúes y a partir de un sesudo sondeo en la biografía de Eva, la autora logró hilvanar una historia marcada por la humanización y la feminidad. La particularidad de su propuesta llamó la atención de la editorial italiana Oedipus, que tiene una colección de narradores latinoamericanos llamada "A sud del Río Grande". La novela de Bellone pasó a integrar esa selecta serie y fue traducida y publicada por el sello, y presentada luego en las Universidades de Roma Tre, Milán, Venecia, Nápoles, Salerno, Viterbo y Centros Culturales de Capri y Avellino durante 2014. En nuestro país, la novela fue editada por el Congreso de la Nación (2010 y 2012) y fue declarada de Interés de Nacional por la Cámara de Diputados. Próximamente sumará una nueva distinción, cuando sea declarada de Interés Municipal por el Gobierno de la Ciudad de Salta (el anuncio fue hecho pero el acto aún no tiene fecha).
Los lazos de Liliana Bellone con Italia, afianzados hoy a partir de la traducción de Eva Perón, la alumna de Nervo (Eva Perón, allieva di Nervo), tienen larga data: ya en su primera novela, Augustus (Premio Casa de las Américas de Cuba 1993), la autora salteña abordaba el tema de la inmigración italiana en la Argentina, inspirada en la vida de su abuelo piamontés. Luego, en su obra Fragmentos de siglo, aparece remarcada la cuestión del exilio. "Estos dos temas interesan mucho en Italia -explicó-. Por otro lado hay una gran curiosidad y admiración por Evita, por lo que es notable la recepción de la literatura, la música, el teatro que se producen a partir de su figura", remarcó.
En Eva Perón, alumna de Nervo, Liliana Bellone se propuso "humanizar" a la figura sacralizada de Eva Perón, proponiendo otra Evita alejada del clisé en la que la encasillaron otros novelistas. "Algunos escritores como Eloy Martínez y Abel Posse se adentraron en el personaje, pero en mi caso -explicó Bellone- poseo un plus de ventaja sobre ellos pues soy mujer y, desde ese lugar, pude hilvanar una historia marcada por la feminidad. Imaginé a un poeta, hijo de inmigrantes y arquetipo de poeta argentino, Joaquín De Gennaro, que ama y admira en silencio a Evita y con una sensibilidad extrema, casi femenina, se acerca a los misterios de su corazón. En esa 'visibilización' del personaje, como dice Ítalo Calvino, encontré aquello que los psicoanalistas llaman 'fantasma'. Encontré al fantasma de Evita en el lenguaje, la poesía, la ropa, los gustos que tenían mis padres (su generación es más o menos cercana a la de Eva Perón), lo que leían en la escuela, los mitos de la pequeña burguesía de las provincias. Ella había visto y amaba las mismas películas que había visto mi madre y, según sus biógrafos, recitaba de memoria desde pequeña los poemas de Amado Nervo y Rubén Darío, los dos poetas insignes de la lengua española de esa época y que mis padres también admiraban", detalló la autora.
La escritora remarcó que el temprano gusto de Eva por la poesía, y luego su actividad artística en el teatro, el radioteatro y el cine, y su amistad con artistas y escritores como Enrique Santos Discépolo, Homero Manzi y Leopoldo Marechal, entre otros, "muestran que no era precisamente la mujer vulgar que las altas clases se esmeraron en construir. ¿Cómo puede ser vulgar alguien que recita a Nervo, a Bécquer, que conoce los símbolos y la fraseología de esos poetas, que interpreta a Isadora Duncan, Madame Lynch, Eugenia de Montijo, Alejandra de Rusia, Ana de Austria, o a Eleonora Duse? La literatura y el arte modelan, transmiten valores y también ideología. Busqué los poemas que Evita recitaba, digamos que hice una investigación literaria. En esos poemas estaba escrita su historia, su miedo al paso del tiempo, el secreto anhelo de morir joven y hermosa... No, definitivamente Evita no fue una mujer vulgar. En todo caso fue rebelde y contestataria".

Un libro revelador

La familia de Liliana Bellone no era peronista, sin embargo, su padre guardaba en su biblioteca un ejemplar de La razón de mi vida, firmado de puño y letra por la misma Eva Perón. Ese libro, que fue para ella un objeto misterioso durante su infancia, fue la clave de Eva Perón, la alumna de Nervo: "A veces la vida nos enfrenta a injusticias que solamente comprendemos cuando las sufrimos en carne propia, entonces sentí que debía escribir sobre esa gran mujer defensora de los desposeídos. Así surgió la novela. Había que reescribir a un personaje canonizado por la historia y el mito para tornarlo humano", señaló Bellone.

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