La misa vespertina del domingo pasado en la iglesia San Francisco congregó a una multitud muy particular. La festividad en honor a San Roque movilizó -como ocurre todos los años y con creciente asistencia- a cientos de salteños que acudieron a la celebración con sus mascotas.
Previamente se realizó la tradicional procesión, con la participación de familias enteras. Bien abrigados, desafiando la temperatura invernal, los fieles y sus perritos se encolumnaron alegremente detrás del santo.
San Roque es venerado como patrono de los pobres y enfermos y, en algunos países como el nuestro, también es considerado el protector de los perros. Por eso, durante la misa, el sacerdote bendijo el pan y también a las mascotas. Y la imagen del santo francés con su perro salvador -entronizada en la iglesia San Francisco- se cubrió de flores, cintitas rojas y bultitos de San Roques más pequeños, porque en el pacto de fe los pequeños gestos materiales muchas veces ayudan a acortar las distancias.
Entre los presentes hubo perritos mestizos y de raza, cachorros y con la carita llena de canas, chihuahuas y San Bernardos... Casi todos arropados. Casi todos en brazos, como niños, con los ojitos cargados de curiosidad. Y salvo uno que otro ladrido, en el recinto reinó el silencio, "como si supieran que estaban en misa" (fue el comentario jocoso y generalizado). Sus familias los llevaron para que el santo patrono supiera cuán agradecidas están de haberse cruzado con ellos en esta vida, por el amor incondicional que las mascotas nos ofrecen día a día. Y también para que San Roque les conceda la salud y la posibilidad de compartir con ellos muchos años más de vida.

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