Profesor del Departamento de Comunicación Audiovisual y Publicidad de la Universidad Complutense de Madrid, Francisco Reyes (31) es una de las voces más reconocidas cuando se trata de hablar del grafiti. Porque además de la mirada académica posee el componente más importante: él mismo forma parte del cerrado mundo de los grafiteros.
Una moda, una manifestación cultural, un tipo de arte moderno, un grito en la pared. Cuando se habla de grafiti son muchas las voces que surgen y opinan, intentando enmarcar esta manifestación visual llena de colores y formas distorsionadas, en un concepto manejable. Pero la mayoría de estos estudios tienen una mirada externa.
Francisco Reyes, publicista y académico, ha escrito numerosos ensayos sobre el tema. Comenzó a los doce años, en 1984 porque veía que todos los chavales del barrio lo hacían, "porque básicamente esto es una moda, la moda del hip hop", comenta y recuerda que en esa época nadie sabía hacer grafitis, pero sí se dedicaban a bailar break dance.
Su primer trabajo sobre el tema se publicó en Internet en 1996. "Fue el primer texto enfocado completamente al tema del grafiti, al menos en España". Luego hizo su tesis doctoral en Ciencias de la Información sobre el hip hop, la matriz de donde proviene el grafiti.

¿Cuál es la diferencia específica, a tu juicio, entre grafiti y un mural, por ejemplo?
Cuando hacemos un grafiti con permiso, con la pintura pagada, de día, con seis horas para hacerlo, eso desde mi punto de vista es un mural. Puede utilizar las técnicas y el estilo del grafiti, pero como pierde el concepto de ilegal deja de ser grafiti. Yo interpreto el grafiti como una obra hecha en un sitio sin permiso, de noche, con frío, con nervios, y el resultado que queda en la pared es totalmente distinto, lo que transmiten es distinto. Un mural puede estar muy bien hecho, pero en el grafiti se ve que hay adrenalina, hay otros trazos, otra dinámica.

¿Cómo definirías entonces un grafiti?
Es una obra, hecha por alguien que quiere regalar algo de estilo, algo de color, algo de arte, no tiene que tener mensaje necesariamente, y su resultado es la propia firma del autor. Es como si en una pintura, en vez de un paisaje el artista hiciera solamente su firma. Porque ese es el resultado del grafiti, una firma, grande a colores, como una marca, como la Coca Cola. Por otro lado, lo más importante es que quien lo hace siente que pertenece a un gremio con una determinada estética, unas marcas de pintura, una música, una forma de ver la vida, una transgresión.

Entonces es algo ególatra también...
Completamente, el grafiti es el narcisismo llevado a la exageración absoluta.

Por lo general las tribus urbanas o los movimientos surgen inmersos en una coyuntura puntual, un momento histórico o social que reflejan, ¿por qué crees que empezó el grafiti?
Estoy convencido de que surgió de una manera casual, porque un tipo que firmaba Taki 183 decidió escribir su nombre por toda la ciudad y creó moda. Otros hicieron lo mismo, y luego para destacar su firma entre toda la maraña comenzaron a hacerlas en spray, después más colores, después en 3D más grandes, y así sucesivamente.

¿Lo consideras arte?
Tengo mis dudas. Se que mucha gente ha intentado integrarlo al mundo del arte, pero para mí el arte es algo que va en un soporte, que se vende, que se expone en galerías, mientras el grafiti es un regalo que te encuentras en un muro... Es que soy muy escéptico cuando se habla de arte, he visto algunas obras de arte en las que he llegado a pensar que el autor nos estaba tomando el pelo.

¿Entonces en qué estatus clasificarías al grafiti? Como una manifestación cultural...
Yo creo que es una actividad que pertenece a la cultura del hip hop y que es su expresión plástica. El hip hop tiene una expresión musical, que es el rap, una expresión de danza, que es el break dance, y una expresión plástica, que es el grafiti, y entre los tres forman el movimiento.

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