Dar entrevistas a los medios de comunicación conlleva arribar a destinos inesperados. Al artista plástico Francisco Speicher (33), por ejemplo, una parada del diálogo que mantuvo con El Tribuno lo llevó al momento en que su atril era un banco de estudiante y su lienzo los márgenes de un cuaderno. Apenas salido de la secundaria ya había pasado por Ciencias Económicas y Marketing y estaba transitando Psicología cuando una de sus docentes efectuó una pausa en su clase expositiva para acercarse hasta el banco de este alumno, abstraído en un diseño unicolor al que daba trazos y más trazos. "Fran, te la pasás dibujando y jamás me prestás atención. ¿No será que lo tuyo es el arte?", le preguntó.
"Esa frase fue mágica para mí -dice Francisco hoy- y al otro día no volví a clases. Al año siguiente estaba estudiando arte. Había decidido, contra viento, marea y familia, que iba a ser un artista".
La familia de Francisco anhelaba que su hijo se inclinara por la abogacía o la contaduría. "A mí me parecía una locura. Me decían que me iba a morir de hambre si elegía el arte, pero después recibí de ellos apoyo incondicional", destaca.
Hace cuatro años que Francisco vive en Buenos Aires, pero la semana pasada visitó Salta, aprovechando que el Centro Cultural Héctor Tizón, de Jujuy, lo había invitado para oficiar de jurado en el Salón de Dibujo y Grabado en Pequeño Formato.
Justamente en el pasado estas posibilidades de interacción con el medio artístico comenzaron a prodigarse de tal manera que Francisco no llegó a formarse en el Tomás Cabrera. Esta institución, además, le propició su primera experiencia expositiva cuando hace once años un grupo de alumnos llevó sus obras al parque San Martín en el marco del Día de la Memoria.
Luego llegaría una muestra de pop art en el Museo de la Ciudad Casa de Hernández. Ya con estas obras de contornos nítidos y colores estridentes Francisco evidenciaba una inclinación que no abandonaría.
"Antes de estudiar arte me sentía atraído por el expresionismo alemán y por el cubismo, estilos que tienen imágenes muy fuertes; pero creo que fui decantando al pop art porque me permitía expresar lo que yo quería decir en aquel momento", relata.
Francisco ahora está llevando a diversas salas del país su muestra "Zen", unos trabajos en papel de arroz, teñidos con tierras de diferentes lugares y sobre los que dibuja con tinta china o rotring. Para hacerla se inspiró en la espiritualidad oriental, más específicamente en el budismo zen japonés. Con estas inquietudes llegó de una incursión por la tierra nipona. "Cada vez que viajo me llevo un poco de la esencia de cada lugar... Este año estuve en India, Londres, Estados Unidos, Salta y Jujuy y la verdad es que me enriqueció porque siento más ganas que nunca de trabajar en nuevas obras".
El ser un artista en viaje es un estado que busca no solo por la posibilidad de expresarse a través del arte, sino por las conexiones que pudieran surgir con otros artistas. De hecho durante su último viaje por Estados Unidos conoció a artistas con "buena energía" que lo invitaron a compartir experiencias. Quienes trabajan y piensan el arte en algún punto están "leyendo" sus sociedades, ¿qué reflexiones está elucubrando Francisco sobre su país luego de haber ido por lugares tan distantes?
"Están pasando por momentos muy diferentes del presente de nuestro país. A nosotros nos aquejan la política y la situación económica y tenemos una forma muy particular de expresarlo. Lo que nos une es la visión. Creo que el artista tiene una visión del mundo más fuerte porque está en juego su gran sensibilidad", define. Añade que las obras de artistas nacionales atraen la mirada del mundo. "Los argentinos somos amigables y tenemos un espíritu de ave fénix infinito. No todos los países tienen esa capacidad de caer y levantarse. Eso es muy nuestro", reflexiona.
Sobre el norte, la región en que le tocó nacer, apunta a que aquí se está desarrollando una movida interesante de la que no quiere desentenderse. Francisco es generoso con su gente no solo porque de artistas destacados es pródiga este tierra, sino porque para él la musa es tanto la inspiración como la garra. "Admiro a todos y cada uno de los colegas porque hay que estar en el lugar de uno y ver la garra que se pone para lograr objetivos y poder vivir del arte". Le preguntamos si existe una técnica que aún no le salga, una obra que ya se esté gestando en su mente y en su corazón, pero que se le escabulla. "Sí, todo el tiempo. Es lo que me mueve a que seguir buscando y trabajando para perfeccionarme", cierra.

Dos etapas

Las condiciones de producción de sus obras desnudan a un artista ante los ojos del espectador. ¿Acaso pone música? ¿Acaso se deja llevar por el insomnio o mantiene una ejercitación rígida para el trabajo?
Francisco Speicher comenta que para crear precisa de la soledad de su taller, al que ambienta con música. “Escucho mucha música japonesa tradicional y mis horarios van de la mañana hasta la noche, si puedo. Desde que estoy en Buenos Aires hago horario comercial en mi trabajo. Me lo autoimpongo”, señala.
Dos momentos importantes en su carrera de artista plástico se hallan divididos por un viaje que operó de bisagra: una incursión por Japón.
La primera etapa, entonces, la constituye su serie “Pop!”, a la que expuso en Buenos Aires.
En estos trabajos fusionaba colores estridentes, una infinidad de texturas y formas orgánicas con cristales y plumas. Las obras, en gran formato, provocaban un gran impacto visual.
Sus personajes denotaban el exceso, la frivolidad del glamour y la extravagancia del consumismo mediático. Eran dignos representantes de un mundo donde reinan la superficialidad y la imagen.
En estas pinturas resaltan los rostros dramáticos, expresivos, teatrales y elegantes. “‘Pop!’ se proponía resaltar la estelaridad de estos personajes solitarios, que buscan siempre verse espléndidos, hasta en los momentos mas íntimos”, señala Francisco.
Muy diferente es “Zen”, cuyas obras están confeccionadas con tinta china, acrílico y pintura en soportes no convencionales, como maderas rústicas y papel de arroz teñidos. Sobre estos lienzos también hay retratadas mujeres, desnudas y conectadas en ramificaciones a un cosmos que también integran.
“La obra proviene de lo que fue un viaje a Japón. Es una libre interpretación del budismo que se practica como religión en ese país” dijo y agregó: “Esto tiene que ver con lo espiritual, con conceptos muy abstractos que van más allá de lo que podemos apreciar en la realidad”.
Abandona así una materialidad que fue inspiración para varias generaciones de artistas. Consultado acerca de su predilección por retratar féminas expresa que esta es una recurrencia significativa, pero no excluyente de la masculinidad.
“La mayoría de mis obras representan mujeres porque creo en la belleza innata del género femenino. Pero también he pintado personajes masculinos, aggiornados con un glamour exaltado, bien pop. lo que tengo claro es que gusta encontrar belleza en la fealdad, en la deformidad, porque creo que todos somos un poco freaks y diferentes en el fondo”, sostiene.


Datos sobre el artista

Su estilo más representativo es el dibujo oriental japonés en tinta china y dos temas recurrentes la mujer y el budismo zen.

Realizó múltiples exposiciones individuales y colectivas y dirigió el Centro Cultural Aristene Papi (2011 y 2012).

Parte de su serie “Zen” está siendo expuesta en la galería Ward Nasse de la ciudad de Nueva York (Estados Unidos).

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