La vida es una paleta de infinitos colores. No es monocromática, como sugieren algunos relatos maravillosos donde todo es color de rosa. Si bien es cierto que los cuentos de hadas transmiten valores positivos para los niños y niñas como la amistad, la bondad y el amor familiar, en temas de género y roles suelen quedarse varios siglos atrás. Las clásicas historias de princesas ofrecen a los chicos, como modelo de mujer, la imagen de una dama muy bella, frágil y de rasgos perfectos que -casi siempre- recupera su libertad y su felicidad gracias al heroico rescate de su príncipe. A su vez, el protagonista masculino suele ser un superhéroe ¿azul?, proveedor de seguridad y de bienes que debe hacerse cargo de la mujer que lo espera pasivamente. Ingenuamente -o no- estos contenidos contribuyen a difundir valores marcados por la sociedad patriarcal que influyen de manera decisiva en nuestros niños.
El año pasado, las editoriales Sudestada y Chirimbote lanzaron una alternativa literaria menos rosa, más real y menos sexista que fue para muchos padres una bocanada de aire fresco. El primer tomo de la serie Antiprincesas para niños y niñas estuvo dedicado a la vida y obra de la artista mexicana Frida Khalo. Desde el primer momento, la historia narrada por Nadia Fink e ilustrada por Pitu Saá derrumbó inteligente y efectivamente la encorsetada imagen de la mujer que muchos contenidos audiovisuales y literarios transmiten hoy a los más pequeños.
La protagonista del segundo tomo fue la multifacética artista chilena y luchadora social, Violeta Parra, y el tercero, lanzado recientemente, rescata la vida heroica de Juana Azurduy.
Con las "antiprincesas", Fink propone como paradigma a contrapelo de Disney- un modelo de mujer decidida, luchadora e independiente, capaz de comprometerse con sus propios proyectos e ideales, y de decidir su propio destino en el contexto de la sociedad machista en la que todavía- nos toca vivir.
"Los cuentos clásicos transmiten que la quietud te preserva de las situaciones difíciles. Nuestras antiprincesas enseñan a romper los estereotipos y a trascender lo impuesto", señala Nadia Fink.
Frida, Violeta y Juana tienen rasgos en común que las convierten en "antiprincesas". El término que eligió Nadia Fink para bautizar la colección apuntó a contrarrestar algunas características de las princesas de cuentos tradicionales. Pero el concepto creció y echó fuerte ramaje: "Creemos que el 'antiprincesas' fue un poco más allá y generó una identidad por sí sola. A pesar de 'anti', se transformó en algo propositivo que rescata ciertos valores por sobre otros. Con ese marco, Violeta Parra rescata la búsqueda del arte popular (casi antropológicamente) en su mismo lugar de origen: pueblos, campos, etc.; su desarrollo autodidacta en todo lo que emprendió, el enfrentar siendo madre quedarse sola y seguir con su vocación. Y en el caso de Juana, ella puso literalmente su cuerpo en pos de un objetivo como la liberación de nuestra América, luchó por liberar a muchas y a muchos... Ambas tienen en común desafiar los lugares pensados para la mujer de la época y la construcción colectiva de sus sueños y artes", detalló la autora.
La serie Antiprincesas rompe estereotipos sexistas y culturales: las protagonistas de estos cuentos no se sientan a esperar que las rescaten y no se parecen a Blancanieves ni a la Bella Durmiente. Son mujeres que no se conformaron con los lugares que la sociedad les había destinado. "Es importante cómo estas mujeres rompen con lo que se supone se esperaba en ese momento de ellas. Digo 'se supone' porque a lo largo de toda la historia vemos a mujeres que tanto individual como colectivamente desafiaron esos límites y salieron tras sus deseos. En el caso de Juana, por ejemplo, ¿qué hubiera pasado si se quedaba en su hogar, con su familia, viviendo una vida como la de muchas otras?", reflexiona Fink.

Para niños empoderados
Las antiprincesas son un espejo distinto en el cual las niñas de hoy pueden reflejarse. Son apasionadas y tienen proyectos personales y colectivos. Además, no tienen la perfección de Barbie e invitan a los lectores a depositar la belleza en características más humanas e importantes como la creatividad, el arte, la alegría y la libertad.
¿Cuál ha sido la respuesta hasta aquí? "La colección fue muy bien recibida -cuenta Fink-. Hemos podido compartir personalmente con chicas y chicos y vemos un gran interés en las historias que pusimos a jugar. Las personas adultas también nos han hecho lindos comentarios. Propusimos estos libros como disparadores y, en ese sentido, están funcionando bien porque luego cada quien lo toma, trabaja o disfruta según el enfoque que le resulte más atractivo (desde chicas o chicos que se engancharon con las pinturas de Frida, o pibes que laburaron materiales reciclables para hacer arte como Violeta o niñas que andan disfrazándose de Juana tal como proponemos en las actividades). Nos sorprende la repercusión que ha tenido la colección... Desde docentes que quieren proponer otros contenidos, militantes que trabajan en los territorios y utilizan los libros para charlar sobre otras temáticas relacionadas al género, al arte popular, etc., como de padres o madres que nos dicen, sencillamente, 'estábamos un poco podridas/os de tanta princesa'", destacó la autora.
Las "antiprincesas" han sido una propuesta de lectura tan original y valiosa que ya trascendió fronteras: "Está arrancando por todo Latinoamérica -contó Fink- porque la idea es llegar a partir de tejer redes con quienes compartimos una forma de pensar y de hacer las cosas. Así, al empezar a editarse directamente en otros países, pueden seguir manteniéndose precios accesibles y formas de distribución más justas para las y los lectores".
Cada tomo de Antiprincesas propone un recorrido de lectura intervenido por palabras, ilustraciones, recuadros y llamativas imágenes que permiten a los niños seguir el hilo de la historia sin distraerse, logrando así su completa atención. Al final del relato se incluyen algunas propuestas divertidas para que los pequeños lectores realicen junto a sus padres.

Tercer tomo: Juana Azurduy
El último tomo de la colección se lanzó recientemente y narra la vida de Juana Azurduy, una revolucionaria que se sumó, junto a su esposo Manuel Ascencio Padilla, a las guerras independentistas que comenzaron en el actual territorio boliviano en 1809.
Con la Revolución de Mayo en Buenos Aires, los esposos se unieron al Ejército del Norte para combatir a los realistas del Alto Perú. Lucharon bajo las órdenes del general Manuel Belgrano y del caudillo salteño Martín Miguel de Güemes. Juana murió a los 82 años, sumida en la pobreza absoluta.
Entre los nombres que suenan para las siguientes ediciones están la escultora Lola Mora y Micaela Bastidas, otra líder de la emancipación americana. También se había mencionado a grandes escritoras como Alfonsina Storni y Alejandra Pizarnik, pero Nadia Fink hizo una aclaración al respecto: "Con el avance de la colección vamos pensando no sólo vidas u obras que nos hayan gustado sino qué y cómo queremos transmitir esas historias a chicas y chicos. Pizarnik fue una gran escritora, llena de sombras en su vida personal y en su forma de relacionarse con el mundo. Si le agregamos un suicidio joven, nos resulta un poco difícil contarlo. Así que estamos pensando otros nombres, aunque sí estamos convencidos de que hay antiprincesas para rato", concluyó.

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