En la mañana de ayer murió en Montevideo el escritor Eduardo Germán Hughes Galeano, a los 74 años y de un cáncer pulmonar que lo tenía a maltraer desde hacía varios años. Fue un autor esencial de la revisión histórica -y poética- de las sociedades de América Latina desde principios de los 70. Pero su obra crece más allá del continente, convirtiéndolo en uno de los grandes narradores del idioma castellano. En él convivieron el periodista, el ensayista y el escritor. Con estos atributos, logró una crónica certera y valiente de la sociedad contemporánea.

A los 14 años entró en el mundo del periodismo, publicando dibujos que firmaba "Gius". Algún tiempo después empezó a publicar artículos. Los firmaba "Galeano" y así se lo conoce. Ha hecho de todo: fue mensajero y dibujante, peón en una fábrica de insecticidas, cobrador, taquígrafo, cajero de banco, diagramador, editor y peregrino por los caminos de América. En sus inicios fue redactor jefe de Marcha (1960-64), que terminó siendo silenciada en 1974 por la dictadura. En 1964 Galeano dirige el diario Época. En 1973 tuvo que exiliarse en Argentina. Junto al poeta Juan Gelman funda y dirige Crisis, revista literaria emblemática de su época. En 1975 se instala en España. Publica en revistas y colabora con diferentes medios. Regresó a su país en 1985, cuando Julio María Sanguinetti fue elegido presidente. Ya en el Uruguay democrático, fundó y dirigió su propia editorial, El Chanchito, publicando a la vez una columna semanal en el diario mexicano La Jornada. Desde entonces residió en Montevideo haciendo literatura, periodismo y política.

Con Salta

En "Memorias del fuego", Galeano rinde uno de sus homenajes escritos en una narración breve a Rubén Fortuny, gremialista y jefe de la Policía durante el gobierno peronista de Miguel Ragone, asesinado en pleno microcentro salteño en esos tiempos. Galeano rescata el cierre de los calabozos de tortura, el uso de los camiones de la Policía para llevar a los niños de las villas a los picnics provinciales con su poética típica. Visitó Salta en dos ocasiones, ofreciendo charlas en el Círculo Argentino a sala llena.

El periodista, escritor e historiador Daniel Ábalos rescata "el espíritu de Las venas abiertas... que es el siguiente: para que otras regiones tengan opulencia, América Latina tiene que sangrar. Cuando fue editado, se oponía a la tesis desarrollista muy en boga por entonces. Pero aparte de la teoría sólida, sostenida por datos precisos, literariamente era asombrosa. Me sorprendió porque era un libro muy riguroso, pero que a la vez conmovía".

"Después está su permanente compromiso con los grandes temas épicos de la humanidad. Y amaba el fútbol a sol y a sombra, con un apasionamiento de lo popular que los intelectuales de ahora consideran de mal gusto. En cambio Galeano generaba reflexiones sobre la humanidad desde un partido de fútbol", dice Ábalos.

A la escritora y poeta Fernanda Agüero Molina también el libro "Las venas abiertas..." la marcó profundamente. "Lo leí muchas veces, dejándome una visión sobre Latinaomérica donde la lucha por la libertad y la igualdad eran históricas. Y aunque no leí todo lo de Galeano, siempre me llegaron sus frases hermosísimas... Hasta ayer incluso. Siempre son acertadas", dijo.

"Es que no solo fue un buen escritor, sino un visionario, un gran pensador de nuestra época. Pero sobre todo como escritor hacía el acto mágico de reunir la poesía con la política. Gente así no muere, sigue viviendo en su obra", dice Fernanda Agüero.

Ahora sus libros serán más leídos o releídos, seguramente.


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