Para disfrutar de un espectáculo único sólo hace falta caminar por la vereda Mitre de la plaza 9 de Julio y levantar la mirada sobre la puerta del Museo Arqueológico de Alta Montaña (MAAM). Las gigantografías de cuatro diminutas piezas del ajuar que acompañaba a los Niños del Llullaillaco en su viaje a la eternidad coronan cualquier paseo no sólo por su belleza, sino por lo que significa ver al paso en un tamaño de 3,84 metros de alto por 1,30 de ancho, objetos que no miden más de 5 centímetros. Las fotografías gigantes son obra del artista Lisardo Maggipinto, quién reveló las anécdotas sobre las que descansan las gigantografías del MAAM.
"Hace un año la directora del museo, Gabriela Recaño, me dijo que iba a cambiar las fotos gigantes del MAAM, que también eran de miniaturas del ajuar pero tenían once años al aire y estaban muy deterioradas. Las nuevas tienen una laca UV para protegerlas. Son fotos gigantes hechas sobre una lona vinílica tensada sobre una estructura de metal. Todo hecho en Salta con gran calidad", comentó Lisardo.
De las piezas seleccionadas dijo: "Son cuatro piezas: un masculino de oro, que está completamente vestido, y no se ve casi el rostro. Fue descubierto para que se pueda mostrar en la foto. La segunda es un aríbalo de cerámica que no está exhibido en el museo en este momento pero si se puede ver claramente en la foto de la gigantografía. La tercera es la estatuilla femenina de oro con un tocado semicircular y es un placer de fotografiar por los colores, aunque es complicado hacerlo porque es muy diminutas, no mide más de 6 cm de alto. La cuarta es un camélido de plata, una estatuilla mínima, que no tiene más de 4 cm de alto y tuve que hacer una foto con ángulo muy cerrado, a muy baja velocidad. Todas están sacadas con luz especial y fondo negro".
Para Maggipinto, elegir esas piezas no fue al azar. "Las elegí porque son una síntesis de la colección: ceramica, metal, textil y plumas, que son los materiales en los que se basa todo el ajuar de los Niños del Llullaillaco. Llama mucho la atención el color de las plumas porque parecen pintadas pero son naturales. Tal vez sean de un pájaro que se llama gallito de las rocas de Perú. Es muy emocionante porque estamos mostrando piezas únicas en el mundo".
Sobre el procedimiento, el fotógrafo dijo: "Yo no toco nada cuando saco las fotos, trabajo con un especialista en restauración, Cacho Santillán, que las maneja con un cuidado total. Tomar esas imágenes para mí representa una posibilidad muy especial, tiene la mística de lo único".
En el MAAM no sólo se exhibe una magnífica colección, sino que también se ha creado un ámbito donde es posible acercarse al mundo andino a través de la Arqueología de Alta Montaña, y desde allí comprender el universo Inca. Los variados objetos que componen el ajuar de los Niños del Llullaillaco, elaborados con diferentes materiales, se destacan por su excelente estado de conservación natural que vale la pena ver.

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