Gilda actuó en el estadio Delmi en junio de 1996. Esa jornada, el cantante de música tropical David Leiva (35), integrante en ese tiempo de Los Juveniles Panda, compartió escenario con ella; pero, como ocurre en esos espectáculos entre artistas locales y nacionales, entre grupos consagrados y en ascenso, no pudo mediar palabra con ella.

Marcela Ibáñez (39), la presidenta en Salta del club de fans nacional "No me arrepiento de este amor", fue a verla y, separada de su ídola por un vallado, no pudo parar de llorar lo que duró esa actuación.
La comediante Soledad Rojas (39), la Rosaura de Pizarro, imitaba los pasos de la cantante de música tropical, mirando programas televisivos como "Tropicalísima".

Hoy se estrena la película homenaje "Gilda. No me arrepiento de este amor" y los tres explican a El Tribuno por qué esta artista no muere y tampoco se va de gira, sino que se afincó para siempre en los corazones de sus seguidores. Aunque hayan pasado veinte años.

"El estilo de ella era muy particular. Gilda era 'muy ella' y tenía una muy buena base, una banda de muy buenos músicos, armada y pensada por el marido (Juan "Toti" Giménez)", define David Leiva. Añade que el estilo de las letras y los ritmos que interpretaba Gilda estaban en consonancia con su figura estilizada y su voz cálida, de dulces matices. La admiración que el David adolescente sentía por ella se basa en cómo se abrió paso en la movida tropical, un mundo hostil para la mujer. "Gilda era más de cantarle al amor que había sentido por el hombre, no tenía los mismos contenidos de venganza o revanchismo de Karina o Ángela", diferencia. Añade que, cuando la encontró la muerte, la cantante estaba haciendo un trabajo de crecimiento sostenido. "No era como Rodrigo, quien falleció en la cumbre de su carrera. Ella murió y después empezó a romper barreras y su música empezó a conquistar", evalúa.

A Marcela Ibáñez le bastan unos instantes para recordar el día del recital de Gilda. "Era una época muy fría y llovía un montón. Recuerdo que no había mucha tecnología ni tampoco teníamos dinero, pero mi mamá rompió su chanchito para que fuéramos mi hermano y yo. Fuimos caminando hasta el Delmi. "La vi linda, radiante. Tenía un carisma muy especial y ¡te transmitía una tranquilidad! Era algo mágico escuchar sus canciones porque te hacía olvidar de todo", dice.

Aún hoy la música de Gilda puede actuar como un bálsamo en el alma de mucha gente. "Me gusta su tema 'Un amor verdadero'. Si en algún momento estás sola y necesitás un amigo, esta letra te da paz", recomienda. Acerca de las testimonios que le atribuyen sanaciones a la cantante, Marcela señala: "Yo respeto mucho a los que dicen que es una santa o que sienten una gran devoción por ella, pero creo que a los milagros los hace Dios y que para curar las enfermedades están los médicos, aunque si a la gente le hace bien buscar un referente como Gilda o Rodrigo o un familiar que haya partido está todo bien".

Soledad Rojas destaca que la música de Gilda marcó una época. "¿Quién no bailó y cantó sus canciones? Después, conociendo su historia, me cautivó su vida, la decisión y el coraje que tuvo para cambiar su profesión a los 30 años y dejar de ser maestra jardinera para ser artista. ¡Había que plantarse en un mundo de hombres y conquistar al público! También admiro la sencillez con la que se relacionaba con la gente. Gilda es y será una grande y su música la hizo eterna. Es lo que queremos los artistas: vivir por siempre a través de lo que hacemos", dice y se despide cantándole: "Esta copla te la canto/ a vos, mi Gilda querida,/ sos un ángel en el cielo/ la Argentina no te olvida...".

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