La Sofía Cartonera remite desde su nombre a un actor social que cobró relevancia en la poscrisis de 2001: el cartonero. Durante aquella coyuntura muchos argentinos económicamente expoliados volvieron de la recogida diaria de cartón su forma de supervivencia. Pero este grupo editorial cordobés se miró en otro para desarrollar su experiencia: la Eloísa Cartonera. El génesis se ubica en una cooperativa del barrio La Boca que desde 2003 fabrica libros con tapas de cartón que compran a quienes juntan este material en las calles. En el interior, textos de autores latinoamericanos noveles o recuperados tras ser descatalogados por el mercado editorial. De esta manera evolucionó Ediciones Eloísa, bajo la cual los escritores Washington Cucurto y Javier Barilaro publicaban libros sustanciados de colores y poesía.

El propio Cucurto fue a Córdoba en 2011 a difundir este proyecto e instaló la conciencia de que el reciclaje de autoridad se consigue creando pautas nuevas, volviendo la espalda a la industria editorial y las leyes que gobiernan el mercado global. Una de sus interlocutoras fue Cecilia Pacella, profesora de las cátedras Introducción a la Literatura y Teoría Literaria de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba.

Pacella llevó el modelo editorial cartonero a esa casa de altos estudios. Allí desde 2012 fueron publicados 43 títulos de autores argentinos y latinoamericanos, y 30 escuelas cordobesas se beneficiaron de talleres de edición artesanal impartidos por alumnos avanzados del Profesorado de Letras. Además intervinieron en el proceso la escuela primaria para adultos de Ammar Córdoba y comunidades inmersas en barrios marginales de esa provincia. Pacella visitó Salta para participar el viernes 13 del ciclo Entramada Poesía, un encuentro entre poetas, creadores, editores y gestores culturales de la región. En este marco le contó a El Tribuno que con La Sofía Cartonera buscaba generar en los estudiantes de Letras la preocupación por el significado del libro y su construcción.

Este proyecto se gesta en la universidad y desacraliza el libro, explíqueme esta visión...
Justamente está pensado para ampliar lo que se hace en la academia y cómo nos formamos en la academia. Los integrantes del equipo pasan por todas las áreas de una editorial. Aprenden a diagramar, a hacer la prensa de ese objeto y a venderlo, a justificar por qué hay que publicar o no un texto y a dar charlas sobre esos objetos.

¿Cómo es el sistema?
Nosotros compramos el cartón a los cartoneros. Lo pagamos a un precio superior al de las empresas de reciclado. Compramos el kilo de cartón a 90 pesos (unas 30 tapas) cuando una empresa paga $2,20 como mucho. Por otra parte, tenemos talleres de producción en espacios de la comunidad a los que les compramos las tapas pintadas, que son el primer eslabón del libro. Uno de los espacios donde hemos trabajado mucho tiempo es el Sindicato de Meretrices Argentinas de la ciudad de Córdoba, dentro de la escuela primaria para adultos que tiene Ammar Córdoba. Allí mientras ellas producen las tapas, nosotros les leemos el contenido de los libros y las entusiasma mucho conocer sobre la literatura. Otro taller de producción queda en un barrio marginal de Córdoba que se llama Campo de la Rivera, con mujeres que recolectan cartón en la calle. Luego a estos libros los vendemos en distintos espacios como ferias, barrios, plazas, librerías, conferencias y el dinero que se saca de esa venta vuelve a los integrantes del taller.

¿Cómo seleccionan las obras?
Seguimos una política de Eloísa Cartonera: publicar textos de autores jóvenes, de distintas provincias argentinas y para que circulen por distintas provincias. Por otro lado, publicamos textos descatalogados que a los editoriales ya no les interesan comercialmente.

Tienen ediciones bilingües...
Las líneas de literatura extranjera se fundaron en la traducción colaborativa hecha por estudiantes de Letras que dominan idiomas y traductores en portugués, alemán, italiano, inglés y francés y que hacen estas prácticas para la editorial. Para nosotros es un orgullo darles un espacio para practicar la traducción literaria.

Beneficios del libro cartonero...
Es un libro barato y no implica riesgo de edición, porque hacemos los libros prácticamente uno a uno y podemos darnos la posibilidad de publicar libros descatalogados que son importantísimos en la literatura argentina, latinoamericana y mundial, para que se vendan y entren de nuevo en circulación. Nosotros no conocemos mucho a los escritores de otros países latinoamericanos porque las editoriales comerciales ponen trabas de lo que se vende en un país y lo que se vende en otro o los conocemos cuando se hacen muy famosos. Entonces tenemos en el catálogo escritores jóvenes de otros países, como Bolivia. Una colección de cuentos de narradores bolivianos contemporáneos que tienen, como máximo, 40 años.

¿Publicarán autores salteños?
Conozco algunos nombres y he leído algunas cosas. La tradición de la poesía aquí es muy amplia, tiene muchos años y eso le da una solidez importante. Y ya tenemos publicados dos textos de Fabio Martínez, que es salteño y vive en Córdoba, incluso uno forma parte de la colección infantil y está ilustrado por Cecilia López que también vive aquí.

¿Los universitarios qué deben aprender de la comunidad y por dónde pasa la satisfacción de trabajar para La Sofía Cartonera?
En la universidad siempre creemos que tenemos la solución magnífica para los problemas de la comunidad. Como universitarios aprendimos cómo un grupo de cartoneros de La Boca pudieron transformar el objeto libro, pudieron desacralizarlo y hacerlo un objeto para todos. A un buen precio, que todos podemos fabricarlo y da gusto leerlo. Por ahí pasa la satisfacción. Por otro lado, más afectivo si se quiere, el objeto libro da mucha felicidad a la gente y hacer libros cartoneros es una tarea muy feliz.

¿Qué te pareció esta noticia?

Sección Editorial

Comentá esta noticia



Se está leyendo ahora