El artesano participará del Encuentro de Luthería en Salta, que se realizará del 13 al 15 de octubre en el Centro Cultural América (Mitre 23). Antes de llegar a nuestras tierras, dialogó con El Tribuno sobre el oficio que lo apasiona.

¿Cómo surge tu vocación?

Surge de la unión de dos gustos; el trabajo artesanal de taller y el gusto por la música. Mis padres por mucho tiempo se dedicaron a las artesanías en cuero y así ya de chico me fue natural verlos trabajar en el taller. Luego, cuando fui creciendo, ellos dejaron de dedicarse a este trabajo, pero a mí siempre me quedó esa nostalgia por el taller. Y cuando tuve 15 años le dije a mi padre que quería trabajar el cuero como ellos lo hacían. Él, con mucha alegría me ayudó a armar nuevamente el taller con sus herramientas que estaban guardadas, me acompañó a comprar los materiales para comenzar y me fue enseñando. Y desde los 12 años venía aprendiendo a tocar la guitarra y me sentía apasionado por la música.
Muchas veces por trabajar tanto no le encontraba tiempo a tocar la guitarra, así fue que un día simplemente pensé que si trabajaba haciendo instrumentos iba a estar obligado de alguna manera a probarlos.

¿Qué expectativas tenés del encuentro en Salta?

Por sobre todo compartir, conocernos, volvernos una comunidad más consciente y firme. Saber que estamos para crecer por la música y la búsqueda de instrumentos cada día mejores, formar tradición de este trabajo y que por esa avaricia del capitalismo muchas veces se cree que hacer instrumentos es cosa de fábricas industriales. Hoy hay mucho interés por la construcción de instrumentos, es bueno aprovechar este auge para compartir los conocimientos que vamos adquiriendo y hacer llega este saber.

¿Cuáles son las particularidades en la construcción del charango?

Tallar es una de las particularidades del charango y justamente el gusto por tallar es una las cosas que me inclinó a construirlos. Este instrumento fue construido por los nativos de las tierras del altiplano, por la búsqueda y la admiración que les producían las vigüelas españolas de aquellos tiempos. Fue hecho a ingenio de distintos artesanos de las zonas del Potosí. En su tradición es un instrumento que puede ser de muchas maneras distintas ya que en aquellos tiempos e incluso hoy existen charangos para cada comunidad adecuando su afinación, sus formas, tamaños, materiales, a la zona, la música que hagan, a los demás instrumentos con los que se relacione. Esto nos da mucha libertad a quienes construimos charangos.

¿Por qué te abocaste a él?

El primer instrumento que me pidieron fue un ronroco y el segundo un charango. Si bien había aprendido a hacer guitarras, tuve que ponerme a investigar mucho para conocer bien el charango y en ese proceso me fue atrapando y apasionando, también el hecho de tomar un bloque grande, pesado y macizo de madera y quitar tanta madera sobrante hasta llegar a su vibración y el sonido, eso es algo apasionante.

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