Carolina Wilches es licenciada en Relaciones Institucionales. En 2001 su mundo se desmoronó. La crisis no solo golpeó su bolsillo, sino también su corazón. A raíz de la enfermedad de su hija menor, emprendió un camino de búsqueda interior para abordar la dura realidad que vivía y el resultado fue más allá de ella misma. Encontró respuestas en las terapias denominadas "complementarias", propuestas por una corriente que cada vez resuena con más fuerza: la bioneurodecodificación.

A la par, inició un camino personal y místico, relacionado con las sabidurías ancestrales y algunas de sus expresiones, como las runas y el tarot.

"La medicina tradicional no me daba respuestas y sentía que la enfermedad de mi hija se relacionaba con mi situación emocional. A pesar de que tenía el trabajo, la familia y los amigos que quería, me sentía insatisfecha, vacía. No entendía por qué me pasaban ciertas cosas", contó Carolina en el ciclo de entrevistas en vivo de El Tribuno, emitidas por Facebook. En esta búsqueda de bienestar interior, decidió formarse en psicología transpersonal y se especializó en Bioneuroemoción, dentro de la escuela del psicólogo español Enric Cobera, en la Universidad Nacional de Rosario.

"La bioneurodificación es una técnica terapéutica que se desprende de la escuela de Enric Corbera, hoy muy discutido, como suele ocurrir con los nuevos paradigmas. Se plantea que la enfermedad es el equilibrio de un desequilibrio emocional que sufrió la persona. No reemplaza las terapias médicas, sino que indaga en el plano emocional. Por ejemplo, la miopía surge cuando hay algo en mi familia que mi inconsciente no quiere ver y entonces el cuerpo responde", dijo.

Desde este enfoque, la vida de Carolina tomó un giro rotundo y todo lo que carecía de sentido empezó a iluminarse. "Desde la mirada de lo transgeneracional, cada sistema familiar transmite de generación en generación información emocional de manera inconsciente. Según las fechas de nacimientos, estamos relacionados con ciertos ancestros, llamados 'dobles'. De ellos heredamos sus programas inconscientes (dolores, traumas, miedos) y nuestra misión es reparar dicho programa, ya sea por repetición o por oposición", cuenta.

Y aclara: "Al saber con qué ancestro estoy conectando, puedo saber qué programas heredé y cómo se están manifestando en mi vida. La repetición no es exacta, pero sí similar. Y su objetivo es sanar el sistema, para que no se transmita a las generaciones posteriores".

"Por ejemplo: si mi abuela sufrió violencia de género, mi madre heredará esos programas y si ella no logra superarlo, buscará un marido semejante a su padre y la nieta también. De allí, la importancia de tomar conciencia de esos programas. Una nieta de carácter fuerte sana el programa inconsciente de una abuela sumisa. Repara por oposición", detalla.

Para ello, es fundamental conocer la historia familiar y observar qué pasó en el árbol, ver qué es lo que necesito reparar según quién sea mi doble. La historia familiar ilumina la personal. "Comprender estos programas y sanarlos nos libera", afirma.

El mundo esotérico
Carolina también emprendió un camino místico en el que tirar las runas o leer el tarot son una práctica cotidiana. "Son energías metafísicas que las culturas ancestrales ya conocían. Nos muestran las energía de las que no tomamos conciencia. Nos permiten realizar una reflexión sobre nuestro mundo interior. El tarot es un trabajo desde el arquetipo al inconsciente simbólico. No son adivinatorias, porque el poder siempre es de uno. La sabiduría ancestral hoy ha encontrado su resonancia en lo científico. La física cuántica explica cómo funcionan estas energías", destaca.

Un lugar especial
Como resultado de su transformación personal, Carolina puso su propio espacio, El Café de las Mancias (Alvear 352), donde comparte todo su aprendizaje. "Es un lugar en el cual me conecto con las personas. Te sanás cuando sacás hacia afuera y ayudás al otro", reflexiona.

Ameno y cálido, en el café se puede acceder a tiradas de runas o lectura del tarot, entre otros. Pero llama la atención un dato: lo que se consume es lo más natural posible. "La alimentación tiene que ver con la emoción. Cuanto más armónico está nuestro cuerpo, mejor nos sentimos. Comer rico nos hace bien. El problema surge cuando la comida está conectada a nuestras carencias emocionales", finaliza esta mujer, que ha sabido encontrar las respuestas a lo largo del camino emprendido y de sus más duras batallas personales.

¿Qué te pareció esta noticia?

Aparecen

Comentá esta noticia