Adolfo Colombres, escritor, antropólogo y abogado tucumano, considerado uno de los pensadores latinoamericanos más importantes de la actualidad, acaba de publicar un nuevo ensayo, Poética de lo sagrado. Una introducción a la antroplogía simbólica (Editorial Colihue), que será presentado mañana, a las 18, en el Museo de Bellas Artes (Belgrano 992).

La obra arroja una mirada crítica sobre los planteos clásicos de las ciencias sociales y se propone quitar a las religiones, y en especial a las monoteístas, el monopolio de lo sagrado. "Lo numinoso, ese aceite esencial de la vida y las experiencias, no es un invento de las religiones, sino algo muy anterior a su nacimiento, que se remonta al 'illo tempore'. Ellas se lo apropiaron para administrarlo de un modo exclusivo a fin de controlar una sociedad, relegando lo humano a la categoría de lo 'profano'", precisó Colombres a El Tribuno.
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¿Cómo describiría esa comunión entre lo sagrado y la poesía? ¿Por qué cree que desde siempre este lazo fue inevitable y necesario?
Parto de la teoría del imaginario, que cuenta en Salta con una gran especialista, Mabel Franzone.
Todo responde a un imaginario, desde las pequeñas cosas que realizamos en la vida cotidiana a las de mayor profundidad de lo numinoso.
Toda cultura posee su zona sagrada, donde se concentran sus valores esenciales. Cuando un proceso de dominación los ataca y destruye, la matriz cultural colapsa, y deja ya de religar a los miembros de la sociedad. También los individuos tienen su propia zona sagrada, conformada por los valores esenciales que lo constituyen, los que en gran parte serán los de su cultura, en una parte menor, individuales. Por ellos, de ser preciso, se hará matar.
Lo sagrado, así, puede residir en el arte, en la literatura, en lo político (la revolución, por ejemplo). Aunque lo sagrado por antonomasia es lo que origina la vida. Por eso, la madre es la primera manifestación de lo sagrado.
El paso siguiente será la madre tierra, que es una extensión a ésta de la idea matricial, dada por su gran poder generador, lo que es tomado especialmente en cuenta por las sociedades agrícolas, y más aún por las de las tierras altas, como las andinas.
Lo sagrado es de por sí poético, por tratarse de una condensación del sentido, de un conjunto de metáforas a las que acude el mito para mostrar ocultando, a fin de preservar el misterio que lo rodea. Y la poesía es también eso, en la medida en que sirva a la vida y no a su negación.
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Si lo sagrado comulga más con la poesía y la libertad, ¿por qué el ser humano ha dejado que el dogma y la imposición de algunas religiones reglaran casi por completo sus vidas?
Los mundos simbólicos se proponen, salvo raras excepciones, significar la vida, llenarla de misterio y profundidad, pues el hombre no se contenta con vegetar: quiere dar a su existencia un hondo sentido. Pero hay religiones que atentan contra la esencia de lo sagrado, y en vez de enriquecer la vida la presentan como un valle de lágrimas al que hay que recorrer pronto y sin pecar para encontrar la verdadera vida, en un paraíso celestial que no aguanta el menor análisis. Me extiendo en esta dimensión escatológica en mi ensayo anterior, Imaginario del paraíso. El acto sexual, que reproduce la vida, fue estigmatizado por el cristianismo hasta el punto de que Cristo tuvo que nacer de una virgen, a fin de hacerlo "sin manchas".
Entrar en las discusiones teológicas medievales sobre la sensualidad, el sexo, la música y otros valores vitales muestra con claridad la naturaleza de esta religión como sistema simbólico.
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¿Cuál es el propósito de este nuevo libro?
El propósito es abrirse a una sacralidad laica. Lo sagrado no precisa de las religiones ni de creencias en el más allá, pues es el ethos social lo que religa a las comunidades.
La libertad de culto implica el derecho a creer en cualquier cosa, y también a que se respete toda creencia, por excéntrica que sea. Pero quien no respeta los otros universos simbólicos, destruyéndolos sin conmiseración, no puede pedir que se respete sus creencias.
Claro que una cosa es la fe de una persona en una religión, y otra muy distinta la estructura de poder montada sobre ella por una casta sacerdotal con un afán de dominio, aliándose por lo general con el poder político. Es importante distinguir entre ambas, para no ser injusto. Resulta interesante observar cómo prácticamente ningún enemigo de esta religión ataca la figura de Cristo.


¿Cómo definiría lo “sagrado”? ¿El concepto escapa a lo meramente religioso?
El concepto de religión es ya poco científico, pues incluye sistemas simbólicos que no son tales (como el budismo, el taoísmo y la doctrina de Confucio), pues no tienen dioses ni profetas ni manejan casi el sentido de lo trascendente como una dimensión escatológica del alma.
Por el otro lado, imaginarios poéticos como el guaraní, apenas sostenido (sin opresiones de ningún tipo) por un chamán que conoce a fondo la cultura y cuenta solo con una casa de las plegarias que es una choza con un pequeño sitio para las ofrendas y objetos de culto, y que además no quieren imponer a nadie sus creencias, son al parecer tanta “religión” como el Vaticano, con sus grandes palacios, su riqueza económica, sus finanzas y su afán de imponerse en todo al mundo a como dé lugar, apelando a toda suerte de coerciones y amenazas.
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¿Los paradigmas, una vez acatados, no se pueden derribar?
Todo se puede a la larga derribar, pues en la zona sagrada hay movimientos, aunque éstos sean más lentos que los de la vida cotidiana. Los procesos de dominación simbólica los colonizan, y la toma de conciencia de los pueblos revierten el proceso, mediante una recuperación de sus propios valores, la que no se da, claro, sin las necesarias actualizaciones.
Todos los imaginarios deben ser respetados, si se quiere ser consecuente con la libertad de culto y la Declaración Universal de la Diversidad Cultural, siempre que no esclavicen las conciencias con sus compulsiones morales.
Es deber de cada persona que ama un sistema simbólico depurarlo de todo aquello que atente contra la libertad de las personas que integran su propia grey, y más aún de la violencia que éste ejerce sobre los otros imaginarios, con el propósito de desvertebrarlos, como sería el caso de la evangelización de los grupos indígenas, algo muy practicado en Salta por las sectas cristianas hasta el día de hoy.

¿Quién es Adolfo Colombres?

Escritor con una mirada crítica que, en este ensayo nuevo, se arroja sobre los planteos clásicos de las ciencias sociales, y se propone quitarle a la religión el monopolio de lo sagrado.

Adolfo Colombres es un ensayista, escritor y antropólogo argentino (1944) que residió en Ecuador y en México, países donde se dedicó al estudio y la difusión de las culturas indígenas y dirigió proyectos estatales relacionados con el tema. Fundó y dirige Ediciones Del Sol. Dirigió el Programa de Rescate de la Literatura Popular e Indígena y la obra Literatura Popular Bonaerense, que se editó en cinco volúmenes.
Su producción incluye en ficción, entre otros títulos, Viejo camino del maíz, Karaí, el héroe - Mitopopeya de un zafio que fue en busca de la Tierra sin Mal, Tierra incógnita (Del Sol) y Sacrificios; ensayos e investigaciones: La colonización cultural de la América indígena, Sobre la cultura y el arte popular, La hora del ‘bárbaro‘, bases para una antropología social de apoyo, Celebración del lenguaje, hacia una teoría intercultural de la literatura, Seres sobrenaturales de la cultura popular argentina, Teoría transcultural del arte. Hacia un pensamiento visual independiente (todos en Del Sol), Manual del promotor cultural (tres tomos, Colihue), América como civilización emergente. Compiló y prologó gran cantidad de volúmenes dedicados a la cultura popular y la antropología.

Es autor de los libros para niños El zorro que cayó en la luna, El zorro que se metió a cura y Un carancho muy devoto (los tres títulos Colihue). En 1994 recibió el Premio Konex de Letras, por su actividad literaria en los últimos diez años.

Mañana, a las 18, Adolfo Colombres presentará su libro “Poética de lo sagrado” (Ed. Colihue), en el Museo de Bellas Artes de Salta, situado en la Avenida Belgrano 992. Se referirán a la obra la doctora en Letras (Sorbonne) y especializada en teoría del imaginario Mabel Franzone, y el magister en Letras Rafael Fabián Gutiérrez.

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