"Y les dijo: 'Id por el mundo y proclamad la buena nueva a toda la creación'" (San Mateo 28, 19). Este mandato bíblico hace relucir la hermana Glenda con cada actuación.
Invitada por la Pastoral Social Arquidiocesana de Salta, hoy a las 21, dará un concierto en el Seminario Metropolitano de Salta (Mitre 892).

En un diálogo mantenido el jueves pasado con la AM 840 Radio Salta, la cantautora chilena nacionalizada española invitó a los salteños a acudir a la celebración. "Vamos a estar unas tres horitas, alabando al Señor y escuchando su palabra porque son canciones bíblicas y muchas veces nuestra gente no lee la Biblia, pero sí la canta, que es un poquito el objetivo de nuestra pastoral", expresó.

Glenda Valesca Hernández Aguayo (45) lleva 12 años dedicada a la evangelización a través de la música. Se graduó como teóloga en la Pontificia Universidad Gregoriana y como psicóloga en la Universidad Pontificia de Salamanca. Su ciudad natal, Parral -la misma cuna del poeta pablo Neruda-, la declaró Servidora Ilustre en 2003. Actualmente reside y trabaja en España y es reconocida internacionalmente en el ámbito de la música cristiana católica. Dos veces al año deja su comunidad para cumplir sus compromisos de evangelización.

"Yo estudié Psicología y trabajo también con musicoterapia y a veces con pacientes a punto de morir, o con muchos problemas, y veo que esta persona avanza más y se va abriendo. Más con esta música, que contiene la palabra de Dios, que contiene la Biblia, y que tiene un efecto terapéutico y espiritual que conecta con Dios. La música es un lenguaje universal que trasciende las palabras", definió. Luego bromeó con aquello de que "nadie es profeta en su tierra".

"Soy chilena, pero me conocen más en la Argentina y en el resto de Latinoamérica", dijo.
Acerca de la fortaleza que da la experiencia de la oración destacó: "El ser humano tiene en sí mismo una fortaleza; pero esta es mayor si se apoya en Dios, si logra encontrarse con Dios. En la Capilla Sixtina hay una figura (por el fresco 'La creación de Adán', pintado por Miguel Ángel alrededor del 1511) de Dios, el hombre y los dedos de ambos a punto de tocarse. A mí me encanta esta imagen: el dedo hacia abajo del hombre y el de Dios estirado, tratando de alcanzarle... y cuando el hombre se decide a levantar el dedo y tocar a Dios adquiere una fortaleza y un gozo para vivir esta vida... Entonces yo pienso que ojalá nadie se muera sin haber hecho el esfuerzo de buscar a Dios, y por eso me gusta esa imagen de Miguel Angel: Dios está esperando para tocar ese dedo que se levanta con la oración, con el esfuerzo de leer la Biblia".

Las letras de la hermana Glenda son una epifanía desde su simplicidad, desde su onda humanidad. "Atravesamos por momentos difíciles, pero les aseguro que vivirlos con Dios es muy diferente a vivirlos sin Dios. Yo trabajé con psiquiatras y con gente que ha sufrido experiencias terribles, pero si han tenido a Dios en su corazón, no necesitan más pastillas. Cuando esa persona experimenta la piedad, cuando experimenta que en esa muerte hay unos brazos sosteniéndolo todo cambia. Por eso siempre digo que aunque sea solo por interés, nos conviene tener fe", destacó.

Adentrándose en la biografía de la hermana Glenda se pueden hallar pasajes asombrosos de cómo Dios le fue revelando su misión en este mundo. "Yo encontré la fe, porque me llamo Glenda y no como alguna santa, como María o Luján porque mi padre no es creyente, e incluso hay una parte de la familia que, lamentablemente, no cree en Dios todavía. Mi camino con el Señor empezó en medio de la dictadura de Pinochet. Yo soy hija de la dictadura. Nací en 1971. Fuimos una generación marcada por el sufrimiento, por la persecución de las ideas, y dentro de esa etapa adolescente me empecé a hacer preguntas: '¿Dios existe o no existe? ¿Por qué existen el mal, por qué la muerte? Y buscando, porque el que busca encuentra, me encontré con Jesús. Él empezó mi camino de creyente y por él dejé la universidad y a mi novio", relata.

Finalmente recibió otra llamada, la fuerza de la vocación, "que es como un deseo loco de servir y trabajar solo para Él. Pero todos me pueden entender porque tienen su vocación, y a veces lo dejan todo por una pasión. Así es la vocación por este servicio", definió.

La primera actuación de la hermana Glenda se dio en Toronto (Canadá), durante la Jornada Mundial de la Juventud 2002, encabezada por el papa Juan Pablo II. "Fue una experiencia tremenda cantar frente a un santo y sentir que este santo me escuchaba. Había un millón de jóvenes", recordó.

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