Todas las butacas vacías y sólo una luz tenue que alumbra un pequeño sector del escenario. En un sillón negro está sentada la profesora, Lucrecia Ramos y, junto a ella, varios de sus alumnos del taller de adolescentes. La rodean, como cuando, atentos, siguen sus indicaciones cuando empiezan a armar una nueva obra. Se preparan para compartir el trabajo que han realizado durante todo el año. Ayer culminaron las clases de los talleres de Iniciación Teatral para Niños y Adolescentes y, antes de presentar la última obra del año muchos de los protagonistas de estas historias de un enamorarse de la actuación, hablaron con El Tribuno.

"Trabajar con niños es lo mejor. No son estructurados, no tienen miedo a nada. Dicen, hacen y piensan y lo expresan con total libertad. Los niños se sienten libres, sin ataduras. Se hace un trabajo maravilloso con ellos, son muy creativos. Los adolescentes también son muy ocurrentes y hacen aportes maravillosos a cada una de las obras", dijo la profesora Lucrecia Ramos.

El ciclo lectivo 2016 comienza en febrero. Los cupos son limitados, pero cualquiera puede asistir. Los interesados pueden realizar su consulta en la Secretaría de Cultura (Caseros 460).
Cuando mira un poco hacia atrás, Lucrecia Ramos recuerda un proyecto del Instituto Nacional del Teatro que se llamaba "Trescientas ciudades cuentan su historia", en 1996, en el que trabajaba con niños de muchos barrios. Así, un poco, fueron surgiendo estos talleres.

"Han pasado por los talleres de la Secretaría de la Cultura gente maravillosa, gente muy talentosa. Y realmente es un semillero. Hay chicos que después de los talleres actuaron en muchos sitios. Yo estudié pero no para enseñar. La vida me fue llevando por este camino y descubrí algo apasionante", dijo la Negra, como le dicen todos.

"Nos hace pensar"

A principio de año, entre todos, eligen los textos con los que trabajarán. A partir del juego lúdico y de la improvisación, van construyendo historias y armando sus personajes. "La profe siempre nos hace pensar", dijo una de las alumnas del taller de adolescentes. "Disfruto que nos conocemos nosotros mismos y entre nosotros. También disfruto pisar las tablas y ver cómo hemos ido creciendo", dijo otro de los chicos. Es que el teatro va acompañando su crecimiento personal. "Nos enseñó el trabajo en equipo. En la obra no soy yo con mi personaje, somos todos. Entre todos nos ayudamos", contó otro alumno.
Lucrecia remarca que busca rodearse, como en ese sillón en medio del escenario, de buena gente. "Trato de transmitirles eso: el mensaje de que deben ser buenas personas", concluyó antes de esa otra conclusión que son los aplausos y el telón bajando.

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