Jueves a las cinco de la tarde, las esquinas porteñas son una marea de gente, bocinas, sonidos de motores que esperan un cambio de semáforo. Nada particular si pensamos en las grandes metrópolis.
Sin embargo, el último jueves fue distinto: decenas de personas agolpadas en la intersección de Sarmiento y Paraná, apenas a una cuadra de la teatral avenida Corrientes.

Es que Michel Houellebecq ofrecía una entrevista pública en el Centro Cultural San Martín y las entradas eran pocas. La espera por el polémico escritor francés, artífice de "Las partículas elementales", se parecía bastante al fanatismo por un rock star. Tal vez sea así porque, en alguna medida, el escritor de "Sumisión" detenta una personalidad tan caprichosa como aquella que el estereotipo le atribuye a ciertos músicos.

Ya cerca de las 20, cuando aún no estaban habilitadas las puertas del lugar, la ansiedad de muchos se sentía en el aire. Para acceder a la traducción simultánea se intercambiaban documentos por un pequeño equipo transmisor con auriculares. Casi seiscientos asistentes accedieron al trueque, que demoró el inicio del encuentro por cuarenta y cinco minutos.

Ya cerca de las 21 el escritor galo repasó su obra de la mano de Gonzalo Garcés, que en sus intervenciones hizo tal vez apreciaciones demasiado personales y privativas de un público no erudito sobre el entrevistado.
En tanto, Houellebecq aseguró que "la libertad es hacer lo que no teníamos previsto" y más adelante recalcó: "Soy de una naturaleza anárquica, no me gusta restringirme".

El escritor catalogó a su país como "el peor del mundo", y volvió a sacarse de encima los motes de antiislamista y misógino. Aunque resaltó que la voz de la mujer era más escuchada que la del hombre, se negó a responder cuestiones sobre la violencia de género y ensayó una confusa distinción entre el machismo y la misoginia que generó algunas risas polémicas entre una minoría.

Emiliano, estudiante de filosofía, de 27 años, se mostró disgustado tras la charla: "El contenido de su exposición fue muy poco fundado, más una conjunción de instintos primitivos soltados sin filtro que alguna verdadera mente pensante nunca podría siquiera articular" dijo.

En tanto, Arturo, un futuro abogado de 26 años, consideró: "Es un reflejo bastante fiel de lo que escribe. Si uno va leído, va a encontrar a la persona que escribe. En los textos los personajes siempre son viejos y medio patéticos. No sé si patético, pero sí vimos a un tipo que está viejo y que tiene ideas viejas también. Para mí hay que ponerlo en un contexto etario. Es un viejo cuestionable que escribe bárbaro y no se puede dejar de leer", concluyó.

Es cierto que Houellebecq es un escritor interesante, tal vez pendiente del marketing, tal vez políticamente incorrecto.

Quizás por eso algunos separen la obra del autor, al que muchos consideran el más famoso de las letras francesas actuales.

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