El día de la presentación de las obras completas de Manuel J. Castilla, editadas por el Fondo Editorial de la Provincia y EUDEBA (Editorial Universitaria de Buenos Aires), llegó.
Los salteños latían esta espera como una deuda. Se saldará hoy, lunes, a las 20, en el Complejo de Bibliotecas y Archivo de Salta, en la esquina de Sarmiento y Belgrano, cuando oficialmente sea presentado el libro "Manuel J. Castilla. Obras Completas". La presentación estará a cargo de los escritores Teresa Leonardi Herrán, Santiago Sylvester y Eduardo Robino.
El notable poeta, periodista y escritor Cerrillano, se convierte en eternidad con un libro que presenta sus obras completas, gracias al sello editorial de la provincia que incentiva la tradición y difusión de los referentes locales. Un libro que todos ansían tener entre sus manos.
Tras la muerte de Castilla en 1980 y una vida repleta de amigos y poesías que enaltecieron la cultura de todo el norte argentino, llego el día en que un solo libro, resuma los paisajes, los hombres y la tradición que Manuel José Castilla le dejó a su amada Salta.
Uno de los poemas que más lo recuerda, es El Gozante:

"Me dejo estar sobre la tierra porque soy el gozante.
El que bajo las nubes se queda silencioso.
Pienso: si alguno me tocara las manos se iría enloquecido de eternidad,
húmedo de astros lilas, relucientes.
Estoy solo de espaldas transformándome.
En este mismo instante un saurio me envejece y soy leña
y miro por los ojos de las alas de las mariposas
un ocaso vinoso y transparente.
En mis ojos cobijo todo el ramaje vivo del quebracho.
De mi nacen los gérmenes de todas las semillas y los riego con rocío.
Sé que en este momento, dentro de mí, / nace el viento como un enardecido río de uñas y de
agua.
Dentro del monte yazgo preñado de quietudes furiosas.
A veces un lapacho me corona con flores blancas
y me bebo esa leche como si fuera el niño más viejo
de la tierra.
De cara al infinito
siento que pone huevos sobre mi pecho el tiempo.
Si se me antoja, digo, si esperase un momento,
puedo dejar que encima de mis ingles
amamante la luna sus colmillos pequeños.
Zorros la cola como cortaderas,
gualacates rocosos,
corzuelas con sus ángeles temblando a su costado,
garzas meditabundas
yararás despielándose,
acatancas rodando la bosta de su mundo,
todo eso está en mis ojos que ven mi propia triste
nada y mi alegría.
Después, si ya estoy muerto,
échenme arena y agua. Así regreso ".

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