Dirigida y protagonizada por Ana María Parodi, con texto del cubano Nicolás Dorr, la obra propone un juego escénico que constituye en sí mismo un desafío histriónico, un juego vertiginoso y alienado, la escritura escénica es una simbiosis entre el texto y la interpretación: una mujer, en el ocaso de su vida, recuerda sus días de brillo y máxima performance, el amor y la pasión; recuerdos, soledad, olvido, locura.

¿Hasta dónde nos llevan los sueños, el amor, la soledad? La invisibilidad de quienes han perdido el protagonismo en la vida. Sólo quedan los fantasmas.

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