Se conmemora hoy en Argentina el Día Nacional del Teatro, un acontecimiento de gran trascendencia que obliga a dar una mirada amplia sobre la historia de una escena que tuvo su origen a fines del siglo XVIII y que no se ha detenido al cabo de los años.

La fecha elegida para esta celebración no es caprichosa. Está ligada al incendio que sufrió el teatro de la Ranchería, la primera sala de la ciudad de Buenos Aires, construida en tiempos del Virrey Vértiz y que estaba ubicada en la esquina de San Carlos y San José, hoy Perú y Alsina. Un cohete disparado desde el atrio de la iglesia San Juan Bautista del convento de Capuchinos cayó sobre el techo de paja del teatro. Las llamas consumieron de inmediato el espacio.

Aquel suceso, sin embargo, no logró detener el quehacer teatral. Por el contrario, año tras año se han ido sumando experiencias creativas a lo largo y ancho del país. Hoy podemos afirmar que en cada pueblo, en cada pequeña ciudad, en las grandes capitales de provincias, la escena se consolida más y más. Se multiplicaron los grupos, las salas, los circuitos de giras. Hasta comunidades aisladas han encontrado en la experiencia teatral un campo de entretenimiento y severa reflexión. Aproximadamente 3.000.000 de espectadores asisten al teatro en Argentina.

Nuestro arte teatral, además, se ha convertido en una marca importante dentro del contexto cultural latinoamericano y europeo. La promulgación de la Ley Nacional del Teatro 24.800, en 1997, posibilitó un crecimiento importante para el teatro independiente. Y esa misma Ley hoy es un Norte al que muchos colegas de otros países aspiran llegar.

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