Violines en alto acompañando la percusión de tamboristas que se expresan en ritmo de batucada. Un himno nacional entonado a capela, con voces fogueadas en le un prolijo cartel. A la movilización concierto de ayer a las 13, en frente del cabildo histórico, asistieron propios y extraños; pero ninguno se sintió ajeno a la continuidad dentro de la órbita del Estado nacional del Programa de Orquestas y Coros Infantiles y Juveniles para el Bicentenario. De educación pública, inclusión social e igualdad de derechos vienen gozando, por ejemplo, los intérpretes de In Crescendo, que dirige el maestro Andry Chorny. Los chicos ensayan en la escuela 4008 General Bartolomé Mitre. Priscila Posadas (17) es de San Rafael, zona oeste de la ciudad, y se inició con el oboe. "El Bicentenario me permitió tener el instrumento, que me prestan en comodato. Un oboe usado está a 23 mil pesos, muy lejos de mi alcance", le cuenta a El Tribuno y revelando una lógica de desarrollo de vocación que también viene demostrando el Programa añade que cursa una carrera en la Escuela Superior de Música de la Provincia. Ya está en tercer año y el préstamo le permite ensayar fuera del horario de clases. Sergio Rodríguez (18), del barrio Complejo Sur, zona sur, toca el violín hace cinco años. Estudia Antropología en la UNSa y declara: "Esta formación nos adentró en la música y la cultura de nuestro país. Me preocupa que como cambiamos de gobierno estén modificando también las políticas públicas y creo que a los profesores no les pagan desde diciembre". A su lado estaba su compañero de orquesta y de violín Gabriel Mamaní (16), del barrio 20 de Febrero, zona norte. A él el Programa lo atrajo hace cuatro años. "Jamás me hubiese imaginado tocar un instrumento, porque me gustan más los deportes; pero me quedaba a la vuelta de mi casa, fui y me enamoré de la música. Si se acaba, se acabarían los encuentros con amigos, los conciertos, parte de mi vida", describe. En otro sector Mariela Gómez acompañaba a sus dos hijas, Galilea (10) y Alessia (9), y a una sobrina, Morena (8), que tocan el violín en la orquesta de Castañares. Este grupo se inició en octubre de 2014 y ahora ensaya en el colegio secundario 5145 René Favaloro. "El trabajo es impresionante y mis hijas son una muestra de ello, antes no sabían tocar nada y ahora van los martes, miércoles y sábados con gran disciplina", cuenta. "Comprar los instrumentos es carísimo y también sé que son inaccesibles para muchos las clases particulares. Yo creo que antes de tomar alguna decisión el Gobierno nacional debería escucharlos y ver cómo trabajan", opina. Recién salidas de su jornada laboral estaban Mónica Etchelis y Silvia Salinas. Ellas trabajan en la Escuela de Música y dijeron presente para apoyar a los chicos porque reconocen que muchos de los 1.500 alumnos que asisten a la Lo Giúdice tuvieron su primer acercamiento a la música a través del Programa.

Los profesores, preocupados por su continuidad laboral en el programa

Cecilia Buján, directora del coro del Milagro, le contó a El Tribuno que en Salta los profesores y coordinadores cobraron hasta febrero pasado y están a la expectativa de renovar su contrato anual. Si bien tienen el compromiso del Ministerio de Educación de la Provincia, su situación no es diferente de los CAJ y CAI, que también dependen de la Dirección de Políticas Socioeducativas. En algunas provincias hay profesionales que no cobran sus sueldos desde noviembre de 2015 y los únicos que gozan de renovación anual son los de La Pampa. Si bien la Provincia les aseguró que existe la voluntad de que el Programa se desarrolle hasta fin de año, precisa que los fondos lleguen de la Nación para cumplir los compromisos de pago. Sin embargo, provincializar la conducción, para los 161 coros y 140 orquestas de prácticamente todas las provincias, va más allá de relaciones contractuales. “Tenemos lineamientos que tienen que ver con la manera de trabajar y con una mirada hacia la juventud y la infancia que no es asistencialista, sino de integración social, porque esto está dirigido especialmente a las zonas más vulnerables de cada localidad y además de la integración se busca la calidad. Los equipos de trabajo se conforman por concurso, buscando a los mejores profesionales. Trabajan en cada elenco un director, un profesor de canto o de instrumento, otro de lenguaje musical y un docente integrador”, detalló Buján. La continuidad en la órbita del Estado nacional no es un capricho, sino decanta de la incertidumbre que conlleva la sectarización y que el Programa cobre la hechura que le permitan las posibilidades presupuestarias de cada provincia. Los involucrados temen que con estos cambios queden atrás oportunidades de capacitación con profesionales internacionales y encuentros regionales, nacionales e internacionales que se propiciaban en condiciones de igualdad. En palabras de Martín Bonilla, director de la orquesta Cuchi Leguizamón: “Si no está la coordinación desde Nación en las provincias se va a caer. En algunas se apuntará más a lo educativo, en otras a lo social o a fines artísticos, pueden diferenciarse mucho los proyectos entre sí, por eso se necesita una base fuerte”.

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