Javier Cuenca tiene 22 años y terminó el 13 de abril de este año el profesorado de Arte en Música -especialidad guitarra- en la Escuela de Música de la Provincia. Ahora quiere ir por la licenciatura en Guitarra Clásica en la Universidad de Colonia, en Alemania. Además de la prueba de aptitud para ingresar a la carrera, que cree aprobará, necesita ocho mil euros de garantía para mantenerse el primer año, hasta que se asiente en ese país y consiga trabajo.
Para apoyar a Javier en este proyecto, la orquesta de la Escuela de Música, integrada por alumnos avanzados, dará un concierto de música clásica este lunes 2 de mayo, a las 21, en la Casa de la Cultura (Caseros 460). La entrada es un bono contribución de $30, con el que se participa, además, del sorteo de un parlante portátil con USB y bluetooth. Se interpretarán varias obras de compositores salteños. Javier está invitado a tocar una obra con guitarra y orquesta y otras como solista.
"Espero que todos colaboren y vayan a apoyar otro tipo de música. No alternativa, sino la música que no está en la radio o en el mercado. Hay mucha música de muy buena calidad que desaparece solo por la poca difusión o por el poco interés del público", dijo a El Tribuno.
¿A qué edad comenzaste a tocar la guitarra?
Empecé a los 12 años, pero recién a los 13 tuve mi primera guitarra. Cuando empecé el secundario, un amigo tocaba y yo le pedía que me enseñara. Fui agarrándole el gusto al instrumento. Cuando vi que me gustaba demasiado, tuve que empezar a perfeccionarme y a buscar gente que me enseñara más. A los 14 entré a estudiar a la Escuela de Música con Gustavo Kantor, un muy buen guitarrista de la ciudad de Salta. Él fue mi profesor estos últimos ocho años. Mi técnica guitarrística y mis conocimientos sobre la guitarra me los proveyó él.
¿Hay músicos en tu familia?
Hay músicos, pero no formados académicamente. Tengo tíos y primos que cantan y tocan en guitarreadas. Me contaron que mi abuela tenía dos hermanos que eran músicos de orquestas típicas de tango. Uno tocaba el clarinete y otro el bandoneón.
Mi hermana Fernanda siguió mis malos pasos (risas). Ella es la solista de la Orquesta Infanto-juvenil Mozart. Empezó a estudiar violín a los 10 años y ya terminó la tecnicatura. Tiene 16 y no puede hacer el profesorado porque todavía no terminó el secundario.
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Javier Cuenca, en el predio de El Tribuno. Andrés Mansilla
Javier Cuenca, en el predio de El Tribuno. Andrés Mansilla
¿A qué edad comenzaste a trabajar?
Trabajé fuerte entre los 17 y los 20 años. Por eso se me complicaba terminar el secundario. Acompañaba a cantantes como Laura Serrano y a la solista Mariana Cayón. Toqué con la orquesta Sinfónica una zarzuela. También con el Chaqueño y con Los Nocheros, una vez como invitado.
Para vivir de la música y con la música trabajé mucho tiempo, incluso hasta hace unos meses, con el folclore. En Salta tocar música clásica es complicado. No hay un gran público. El ambiente te limita. Es difícil tener otra apertura a ciertas músicas. Acá se puede trabajar bien con el folclore. Tengo un montón de amigos que tocan jazz o música alternativa y experimental. Es un circuito muy limitado todavía.
Una de las participaciones más importantes que tuve a nivel personal fue el festival Guitarras del Mundo, en 2013. Eso fue lo que me abrió la mente. Vinieron dos músicos de Europa: un mendocino que está estudiando en Berlín y un español que estaba estudiando en la Universidad de Colonia, adonde voy a dar el examen.
¿Además sos docente?
Sí, trabajo en el colegio primario y secundario Patrick Dragon como profesor de música. También tengo alumnos de la carrera a quienes les doy clases particulares. Me encanta, aunque la enseñanza de la música es muy abstracta. Hay que concretar el conocimiento. La parte más compleja es el saber transmitir
¿Como te ves dentro de unos años?
Me gusta mucho enseñar música. Mis prácticas en la Escuela de Música me resultaban muy gratas porque era toda gente interesada. En un colegio tenés que lidiar con gente interesada y otra no tanto, y hay que despertar el interés.
Es complicada la enseñanza musical en el sistema educativo por el hecho de que son 40 minutos por semana. Es difícil desarrollar o despertar una capacidad. Yo, por ejemplo, tuve música en la primaria, pero eso no fue relevante para después decidirme a hacer esto. Fue con el tiempo.
¿Creés que tenés un don?
No, no lo sé. Hay que dedicarle mucho tiempo y tenés que estar entregado. No solo es habilidad, sino también saber escuchar y entender la música. No alcanza con mover los dedos. Practicar un instrumento o dedicarse a la música te da cosas pero te quita muchas otras: tiempo para disfrutar con la familia o con amigos, que uno relega por estar sentado estudiando unas horas por día.


¿Cuánto tiempo ensayás por día?
En mis tiempos fuertes de estudiante, cuatro o cinco horas por día. Ahora, que estoy un poco más limitado, dos o tres horas como mucho. Cuando me vaya de acá (del diario), seguro me voy a estudiar.
¿Tu familia te apoya para irte?
Sí. Tengo un montón de gente que está detrás de mí. Sin ellos yo no hubiera podido. Es muy importante el apoyo de la familia. Sin ella no podés ir ni para atrás ni para adelante.
Hoy tener un buen instrumento requiere de mucha plata. Es un instrumento de trabajo, ni más ni menos, pero el mercado lo vende como si fuese un lujo.
¿Cuánto cuesta tu guitarra?
Mi guitarra está costando 20 mil pesos. La hice hacer con un luthier de Salta. Hay instrumentos de hasta 30 mil euros. Difiere mucho la calidad de la madera y el trabajo que tiene para que el instrumento suene. No es cuestión de pegar maderas por pegar.
¿Qué vas a hacer en Alemania?
Quiero hacer la licenciatura en Guitarra Clásica. Son cuatro años y espero aguantar el primero (risas). Quiero dar la prueba de aptitud con Roberto Aussel, uno de los guitarristas más importantes de la Argentina que es profesor en la Universidad de Colonia. Está a tal nivel que Astor Piazzolla, el bandoneonista de tango, escribió cinco obras de guitarra para él porque se lo había encargado. Aussel ganó muchos concursos internacionales, como el de Radio Francia en París o el Alirio Dias en Caracas, Venezuela.

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