Ayer estaba aconteciendo la "boda del año" y Juanito Vilariño (29) imaginaba desde su muro de Facebook una (pequeña) revolución. "El gremio de pirpintos se negó a realizar una pasada por Finca Las Costas esta tarde. Hubo berrinche". Llevado por la primera impresión, por un dicho que lo hace sonreír o un perfil que le interesa, desde las redes sociales Juanito edifica mundos.

Es -con la correspondiente licencia del término- un flâneur moderno. Aunque no se emparienta con la figura emblemática de la experiencia urbana que vio en este tipo literario el filósofo Walter Benjamin, sí se asemeja a él por el vagabundeo y la reflexión en las calles. Pero, sobre todo, por el virus de la observación. Lo suyo es deambular con inteligencia porque nada como lo inesperado para el hecho artístico, y Juanito obtiene renovado brillo de la cotidianidad en una Salta que muchos salteños caminan, aunque, cuando miran en derredor, tengan en mente la sensación de la semejanza.

Juan es escribiente en el Ministerio Público de la Nación. Además trabaja en diversos proyectos freelance de fotografía y redacción. Desde 2011 hasta hoy fotografía, crea contenidos y opera como community manager del perfil de Facebook "Humans of Salta".


Ya captó la atención del ámbito literario salteño (fue invitado a participar de slams de poesía) y tal vez un día sea objeto también del interés académico. Mientras, Juan le contó a El Tribuno que eso de "jugar a ser escritor" le nació en el Viejo Continente. Él se fue a vivir a Barcelona antes de cumplir los 18 años porque su hermano, quien trabaja de tatuador en España, lo había invitado a quedarse un mes. "El mes se convirtió en siete años, en los que trabajé en bares y restaurantes, mientras jugaba al escritor (si es que eso es posible). Siento que terminé de criarme allá, porque me fui a una edad particularmente sensible. La mirada que tengo sobre la cotidianidad de aquí está teñida de esa vivencia, y eso creo que se ve en los textos", expresó.

Aunque sea perfectamente factible que una experiencia le haya dado sentido a una vida entera, se nota en sus escritos la savia de un avezado lector.

"Durante la secundaria (en el Colegio Verbum) padecí, y muy contento, la fiebre de los autores del boom latinoamericano. Leíamos a Julio Cortázar, Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa. Los previos y posteriores también como Jorge Luis Borges y Bioy Casares. Juan Carlos Onetti, Alfredo Bryce Echenique y Mario Benedetti. La poesía de César Vallejo. En parte emigré por culpa de ellos, siguiendo una estela de la que quedaba poco", detalló.

En España estudió escritura creativa dos años en la Escola d'Escriptura del Ateneu Barcelonés y participó de diversos cursos de narrativa en el Aula de Escritores. En estos ámbitos conoció a los poetas del Siglo de Oro, a los de la generación de 1898 y de 1927. Después lo sedujeron algunos autores contemporáneos como Javier Cercas, Enrique Vila- Matas, Juan José Millás, Haruki Murakami, Paul Auster y Nick Hornby.
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Incluso hizo un párrafo aparte para Roberto Bolaño, "que simplemente te provoca a escribir y desarrolló casi toda su obra en Barcelona".
"Admiro, leo y persigo a muchas plumas de la crónica de ayer y hoy: Roberto Arlt, Paco Umbral, Leila Guerriero, Martín Caparrós, entre otros. Blogueros también. Viví muy de cerca y desde el principio la historia de Hernán Casciari con el blog 'Orsai', que se convirtió en un fenómeno mundial. De cerca 'literalmente', porque vivíamos a un barrio de distancia. Pero nunca lo pude cruzar", amplió.

Una mirada

La influencia de la calle es fatal en la paleta de los pintores, el alma de los poetas y la mente de las multitudes; pero para comprender la psicología de la calle no basta con gozarle las delicias como se disfruta de algún efecto climático, con notar el calor del sol y el lirismo de la luna. Es preciso tener un espíritu vagabundo, lleno de curiosidades malsanas, y los nervios en un perpetuo deseo incomprensible de novedad. Ese es el espíritu que emana de los textos y de las imágenes de Juan.

"Me siento muy a gusto merodeando la plaza 9 de Julio y sus alrededores. De hecho, paso gran parte del día en eso. Ahí se ve que Salta todavía es una de esas ciudades que, sin proponérselo, no se han convertido en un decorado para los turistas. La ola de visitantes la agarró desprevenida, y eso en cualquier momento le va a cambiar la cara", reflexionó.

Poseedor de un alma traviesa, habla de los notables y de los humildes con la dulzura de quien conoce la faz misteriosa de ambos y la quiere devolver a la humanidad.

"Estuve el tiempo suficiente afuera como para afirmar que Salta es un lugar agradable y bonito para vivir. Pero lo veo como una moneda de dos caras. Hay aspectos de la sociedad y las costumbres locales que, por suerte, no van a cambiar nunca. Son los que la convierten en un lugar particular. Y otros que, por desgracia, no van a cambiar nunca. Esos creo que son los que hacen que muchos salteños, sobre todo jóvenes, vivan pensando en hacer la valija e irse aunque sea por una temporada", señaló.

El creativo

¿Sos de ver a una persona que desconocés y de imaginarle la historia, un amor, un dolor, una vida? Le preguntamos. "Sí. Es una suerte de enfermedad. Veo pasar a una persona que me llama la atención, y aunque no la fotografíe, empiezo a tirar tabas sobre su nacionalidad, a qué se dedica, qué mal le aqueja, y termino escribiendo minibiografías apócrifas", comentó, mientras una sonrisa le tironeaba desde las comisuras de la boca. En un pasaje entre sorprendente y afectuoso de su muro de Facebook, Juan confesó que su abuelo, "un aviador turco", le pidió que escribiera el libro de sus aventuras y aún no ha cumplido con él. "Que lo fuera haciendo -me dijo- y que si él moría en el trámite, se lo dejara sobre la tumba. Todavía lo pospongo", reconoció. ¿Además de escribir esa biografía cuáles son sus pendientes?

"Trato de que ya no me afecten ciertas ambiciones que tenía a los 20. Como tengo la certeza de que me quedan lejos, grandes y que tampoco las necesito, no me agobio. Sin la presión de 'tener que hacer algo' me divierto y disfruto mucho más. Además creo que de paso me volví más eficiente. Escribo el doble desde que dije que no iba a escribir más", cerró.
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Un lector imaginario detrás de la pantalla

Juan Vilariño dice que le sorprenden los efectos de sus posteos en Facebook e Instagram.

Los textos de Juan Vilariño revelan su búsqueda constante del hecho diverso, del ángulo diferenciado. "En la calle vemos solo meras sombras de lo que en verdad es la gente que nos pasa por el costado", pone en un post acompañado de una imagen patas arriba de los inconfundibles adoquines de las peatonales salteñas. Así, la lente para él es un tercer ojo que le ha permitido restituir el cuerpo a gente de la que solo veía la sombra. "La cámara (o el teclado) me permite llevar a mi casa ese pedacito de superficie que vemos por la calle, ponerlo bajo la lupa e intuir lo que está por debajo e intentar contarlo. Con ficciones agregadas o no", definió Juan.

Sus posteos, recortes de puntos dramáticos, cómicos y pintorescos, agradan al público de Facebook e Instagram y suscitan todo tipo de comentarios.
Pero es de las respuestas que lo sorprenden gratamente de las que abreva para seguir con su ejercicio de flâneur salteño.

"Además de los que comparten las publicaciones, están aquellos que después de leer, y sin siquiera conocerme, se toman el trabajo de escribirme para hacerme saber que les provocó alguna emoción, que por alguna razón lo que escribí les recordó experiencias propias y me quieren agradecer. Eso no tiene precio".
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Puerta de la oficina anti corrupción en calle 25 de mayo. La realidad tira unas metáforas malísimas a veces.

Una foto publicada por Juan Vilariño (@juanitoporahi) el


Lo digital

"Qué misterio esos amigos virtuales que habitan la dimensión paralela de los filtros y en la calle y no se parecen a sí mismos". "Desde que uso Facebook no he parado de tener amigos". "Recién leído: los megusta de las redes sociales son adictivos porque producen dopamina. La falta de ellos genera ansiedad y otros malestares. Me voy afuera a desconectar un rato y ustedes ponen aquí unos cuantos, por favor, así no me agarra la abstinencia cuando vuelva". Desde estas líneas, Juanito expresó cómo se llevá con las contradicciones y las contrariedades de las comunicaciones digitales, con sus tentaciones y traiciones.

"Las máscaras que utilizamos en las redes sociales son una fuente inagotable de recursos a la hora de escribir sobre lo cotidiano. Nos identificamos con los textos que tocan el tema, porque somos terriblemente contradictorios detrás de un perfil de Facebook, y porque gran parte de nuestro día transcurre en las redes", reconoció. Antes de partir, definió lo que hace: "Me quedo con lo que escribió hace poco al respecto un amigo del otro lado del charco: 'Sube fotos bonitas, deja alguna tontería escrita, haznos sonreír'. Más que suficiente ¿no crees?".

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