Juanita Dib, ahora, es como la palabra luminosa y valiente que bien podría encenderse al alba o al crepúsculo. Es la fase justa que ha encontrado la huella de la verdad sedienta que no estaba en la vida. La que pasó su existencia albergando esperanzas y lágrimas con la inocencia tibia del amor y sus frutos.
Nunca pactó con el silencio y prefirió desbordarse en el dolor palestino antes que caer en el ocaso fácil del agasajo. W. Adet elogió la paciencia y la ternura de tus alejandrinos en donde desataras esas rimas sinceras del Cristo de tu pueblo, el sentir sediento de tu sangre y tus sueños. Todavía tengo en manos el temblor de tus versos, tu limpio corazón y tu ternura. Es lenguaje simple y sus senderos suaves calcando tu recuerdo.

La levadura de tu existencia ahora es la que siente y se moldea en tus versos como un nido de hornero de paz inevitable.

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