A la adivinanza: ¿Cuál es la sustancia esencial de que se componen las obras de dos niños? Acertaríamos respondiendo: "¡Juguetes!". Cuando León Liendro Vallejos (7) y Amadeo Juárez (9) visitaron el complejo editorial de El Tribuno estaban a horas de inaugurar su primera exposición, a la que llamaron "Jugueteando". Vinieron con esa confianza que el educador y escritor británico Ken Robinson supo interpretar tan bien y poner en sencillas palabras: "Todo niño es un artista porque todo niño cree en su propio talento".
Un león de juguete partido a la mitad y con el faltante de una pata contempla -quién sabe con que inquietudes existenciales- un cosmos conformado por una esfera azul (la base de una botella de plástico) y tachas doradas dispuestas en curiosas formas.
"¿Por qué el león está fuera del planeta Tierra?", preguntamos. "¡No! ¡Es un universo!", exclama León, con risa fresquísima. "Y ¿a cuánto me lo venden?", insistimos en tono especulador. "¡40!". "¡2.000!". Responden al unísono y en esa sola actitud denotan su desinterés comercial. León y Amadeo crecieron entre talleres, entre artesanos, entre manos que crean productos culturales.
León es hijo de la reconocida diseñadora salteña Roxana Liendro y de Alfonso Vallejos, diseñador de objetos en metal y gastronómico. Amadeo proviene de Humberto Luis Juárez, artesano en alpaca y otros metales, y la chef Maia Ivetich. Estos padres no presionaron a sus hijos para que traspusieran el umbral del arte, pero no pudieron evitar el transformarse en un modelo a imitar.
Los niños ensamblan elementos y les dan un tono unificado de composición. Cada collage puesto sobre un marco, colocado en torno de un espejo o sobre una paleta de ping pong o una pala de paddle da como resultado una obra plástica que une imágenes, fragmentos, objetos y materiales de procedencias diversas. Como una alegoría de la infancia, cuando todos los territorios están para desmalezarse o son de paso, cuando los intereses se multiplican a un ritmo arrebatador.
"Nosotros como padres lo tomamos como una iniciación en el arte, pero queremos que ellos tengan la conciencia de que esto tiene un costo, en materialidad y en tiempo. Queremos que ya vayan asimilando que se puede construir, pero hay que pensar luego cómo generar una muestra y cómo crear ciertos productos", reflexiona Roxana Liendro. Maia Ivetich agrega que los niños van elaborando su arte a voluntad, que a veces se cansan y vuelven a abordar el trabajo, renovados tras una merienda o una tarde afuera jugando. "La presentación dependía de los soportes que íbamos encontrando en los talleres", aclara.
León y Amadeo no son de esos niños capturados por los videojuegos ni cautivados por la televisión. Más bien descubren, exploran, se inspiran y crean. Ya han tocado las puertas de vecinos, familiares y amigos pidiendo juguetes en desuso y en un estado que los vuelve imposibles de recolocar en las manos de otro niño para jugar, pero que ellos reciclan en arte. ¿Cuándo la obra está terminada? "Cuando está todo lleno o si no, lo hacemos a propósito y dejamos una parte no toda llena, sino con mostacillas", explica León.
En todo objeto intelectual hay una intención comunicativa o expresiva que el espectador va a reconstruir a partir de sus conocimientos y sensibilidad. Les consultamos cuál es la recepción de la gente que ve las obras. "Mi amigo Mariano me decía: '¿Qué es eso?' porque no entendía el arte que hacemos nosotros", cuenta León.
"Si están muy contreras, yo los dejo que se vayan", dice, práctico, Amadeo. Ambos están expectantes de cómo responderán otros a su convocatoria. "Yo creo que los vecinos no van a venir, yo les hablo y todo, pero no se les da la gana", cuenta León. "Yo creo que aunque no nos compren ningún cuadro va a estar rebién porque tenemos más cuadros nosotros", lo consuela Amadeo. Quienes asistan no sabrán en cuál estímulo visual posar la mirada y en el centelleo de cada objeto podrán re-sentir su modo de ver de la infancia.

¿Qué te pareció esta noticia?

Aparecen

Sección Editorial

Comentá esta noticia