Ya están agotadas las entradas para asistir al recital que Kevin Johansen y su banda The Nada ofrecerán este martes en el Teatro Provincial, a las 21, en la apertura del ciclo oficial Cultura da la Nota que de este modo comenzará su quinto año consecutivo. Su objetivo es integrar, en un mismo espectáculo, a músicos consagrados con artistas locales, brindando a estos últimos condiciones únicas de presentación.
The Nada es el grupo fundado por Kevin Johansen en Nueva York, hace una década más o menos, cuando grabó su primer disco también titulado The Nada y que sorprende por su eclecticismo, bilingüismo y sutileza de las canciones, divertidas, profundas, lúdicas, reflexivas.
En la previa a la actuación de Kevin, el martes en el principal teatro salteño, estarán los locales Marti Nox, un grupo liderado por Martín Molins, quien inició su formación como músico autodidacta en 1997 tocando en bandas salteñas.
Johansen tocará temas de su último disco Infinito y adelantará temas del próximo, que se titularía Arte devaluado. Los seguidores esperan, entre otras tantas reconocidas, "Guacamole", "Down with my baby", "Desde que te perdí", "Cumbia intelectual" y "Anoche soñé contigo". De su infancia en Alaska, de la fuerte influencia artística de su mamá argentina, de su singular forma de hacer música, de los géneros, de su recorrida continental, entre otras cosas, habló hace algunas horas Kevin Johansen con El Tribuno.

Imposible pensar en Kevin Johansen sin The Nada.
Imposible. The Nada es la banda que me acompaña desde que volví a la Argentina hace unos 15 años, es la que de alguna forma transformó mis canciones en esta cosa que yo llamo "des-generada", por supuesto respecto al género, variada, con aires de folclore, a baladas, a rock o a tangos. A mí me gusta toda la música y al ser cancionista, compositor de canciones, uso como herramienta los estilos musicales.


¿Este es el secreto del éxito de tus trabajos en el llamado circuito alternativo?
Desde ya. Aunque ahora la palabra alternativa quedó un poco vieja, porque lo que antes era alternativo ahora puede ser popular, o puede tener un alcance mediático más grande que hace 15 o 20 años. Pero en el espíritu de la cosa, es una mística diferente que disfruta la gente que también es un poco "des-generada", aquella que tan bien puede disfrutar de una linda milonga o de una buena chacarera, que pueden bailar una cumbia, un carnaval norteño o un tema folck norteamericano.

Puesto a elegir, preferís el tango arrabalero o el más actual de Piazzolla?
Mi madre me hizo escuchar mucho Tita Merello, por tanto soy bastante milonguero. Me gusta la cosa arrabalera, el lunfardo de Edmundo Rivero, me gusta la milonga criolla. Pero me gusta mucho la cosa piazzollezca. Inclusive, nosotros en la banda tenemos un baterista, el zurdo Enrique Roizner, que está en The Nada hace muchos años, tiene 75, que tocó en el octeto de Astor Piazzolla.


¿Cuáles fueron tus fuentes musicales?
Siempre me remito mucho a mi madre, una persona con una enorme cultura, muy intelectual y muy melómana. Ella era de la generación del boom del folclore argentino de los años 60. Ella me dio mucho folclore argentino y latinoamericano, pero también tango, clásico... todo. Ella era muy lectora, políglota, llegó a hablar siete idiomas... Tuve el beneficio de tener en casa a una persona que me daba mucha cultura. Esta es un poco la herencia que tengo y es un poco el motivo de lo que hago.

Y por el lado de papá?
Mi viejo también era muy musical, aunque menos ambicioso. Le gustaba mucho Harry Belafonte, el Rey del Calypso... pero no se corría mucho de ahí. Por eso la mayor influencia fue de mi madre.

Tenés algún género favorito, o te da lo mismo interpretar cualquiera?
Yo considero que mi género es la canción, que es un género en sí mismo. Es una fascinación por escribir una mini película de cuatro o cinco minutos. El estilo musical es una excusa, como si te dijera, el escenario, el paisaje... en un momento llueve, en un momento sale el sol, en un momento estás en las montañas, luego en el mar...El marco estilístico te impone el clima, yo encuentro el estilo según veo por donde va la letra.

¿Volvés con frecuencia a Estados Unidos?
No mucho. Viví durante casi diez años en Nueva York, entre los 80 los 90, me perdí la fiesta de "pizza con champagne de acá". Fue una experiencia muy linda porque fue un poco volver a la infancia, a los primeros años en Alaska donde nací y luego a mi infancia en San Francisco. Buenos Aires y Nueva York son ciudades que se parecen, con muchos europeos que bajaban de los barcos, solo que los de allá eran europeos del norte. Pude encontrar mi escuela musical y vivir de trabajar en muchas cosas.

¿Cómo es que naciste en Alaska?
Mi padre, de origen norteamericano, tenía que hacer el servicio militar y no quiso ir a Vietnam, entonces, una cláusula legal le permitió por motivos éticos o morales, el gobierno lo mandaba a Siberia, a la Base Marambio, o Alaska, durante tres años, a hacer papeles. Allá en Alaska vivimos hasta que yo tuve casi 4 años. De allá tengo ese recuerdo como de Bariloche, por la nieve. A esa edad nos mudamos de nuevo a Denver, de donde era mi padre. Luego mis viejos se separaron y mi madre se fue con nosotros a San Francisco y allí alcanzamos a conocer un poco el hippismo de los 60.
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Sección Editorial

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