En noviembre del año pasado, la actriz salteña Gabriela Vázquez participó de un casting realizado por una productora cordobesa para seleccionar humoristas destacados de todo el país. Se presentó enfundada en el glamoroso uniforme de la Cabo Vilca, el personaje que creó en 2009, para un show de café concert, y que creció al punto de -casi- tener vida propia. Sobre el escenario, la Cabo desplegó su parsimoniosa y desopilante autoridad y conquistó al jurado. ¿El premio? Un boleto para representar a Salta en la final del certamen, que se desarrollará hoy en Córdoba con la participación de humoristas de todas las provincias. Si Gabriela triunfa en esta instancia, ganará un contrato con la productora del programa El Clú del Humor, para trabajar bajo su órbita durante un año, en giras por toda Latinoamérica. "Para cualquier actor es importante tener trabajo durante todo un año", le dijo Gaby a El Tribuno en una charla previa a su partida.

La actriz que se pone bajo la piel de una mujer decepcionada de los hombres en obras como Lápiz labial, de Omar Pizzorno (estrenada este año y hasta hace un par de días en cartelera), y que eventualmente se calza un par de botas taco aguja, pistola rosada, pestañas postizas y un rutilante uniforme policial provisto de vistosas insignias y charreteras, debutó en el teatro hace 15 años con una obra infantil, Trotamundo. Su trayectoria ha estado, así, repleta de interesantes bifurcaciones.
"Hay gente que ya me pone el rótulo de humorista y a mí me parece raro porque cuando empecé con la actuación nunca imaginé que iba a desembocar en esta rama", confesó Gabriela.

"Es muy amplio esto de hacer humor. Es humorista un contador de chistes, un actor que hace stand up o que le da vida a un personaje puntual, como es mi caso. De hecho, en la instancia del certamen que se hizo en Salta competí con La Quipi, que hace monólogos, con el Payaso Chicho y con Rosaura, una bagualera de General Pizarro", detalló la actriz.

"La Cabo Vilca es mi bandera y con ella voy a representar a Salta. Es una gran responsabilidad para mí. La productora quiso llevar a esta final a referentes de las diferencias provincias para mostrar el tipo de humor que se disfruta en cada lugar", agregó.

Además de competir por la posibilidad de formar parte de El Clú del Humor, programa de la TDA coproducido en Córdoba, Buenos Aires y Corrientes, Gabriela Vázquez será parte de una producción audiovisual que se verá próximamente en la Televisión Digital Abierta. "Con lo que se vivió en los castings realizados en cada provincia, los productores hicieron un documental que tiene mucho de reality y que se transmitirá en 25 capítulos. El material incluye los shows realizados en cada provincia y también registros de la vida cotidiana de cada participante", precisó la salteña.

Además de actuar, Gaby es empleada administrativa en el Instituto Nacional del Teatro. Antes trabajaba en una empresa privada, donde se sentía ahogada. "Me despidieron y me hicieron un favor. Ese corte me permitió tomarme la actuación más en serio", contó. En sus comienzos el teatro había sido solo un hobbie: "Empecé en un taller. Me descubrió Cristina Idiarte en 2009 y a partir de entonces no paré más. Ella me profesionalizó. Trabajé con la mayoría de los directores de Salta. Creo que experimentar la mirada de diferentes directores es clave para el crecimiento de un artista", opinó.

La Cabo Vilca es una presencia potente en su presente artístico. Acerca de ella precisó: "Es un personaje de café concert. Su esencia es la improvisación. Yo dependo del público y la verdad es que la gente me lo hace fácil. Enseguida les llama la atención la Cabo. Eso me da lugar para interactuar. Poder enfrentarme en vivo a invitados en la televisión me ha dado una seguridad que antes no tenía".
"La Cabo Vilca no se ríe de particularidades de la gente, sino que genera situaciones graciosas. Una vez que me caracterizo como el personaje, pierdo la vergüenza y me mando. Soy la Ley en persona", aseguró. En este contexto, Gabriela valora muy especialmente la empatía de sus colegas: "Ellos entienden que una es artista y te siguen la corriente. El artista por lo general se reconoce en el otro. Siempre hay códigos compartidos que funcionan gracias a la adhesión de las dos partes", ejemplificó.

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