José María Feria Toribio es profesor y miembro del Comité Académico de la maestría en Valoración del Patrimonio Natural y Cultural que se dicta en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCaSal. Está a cargo de uno de los módulos denominado "Territorio y paisaje". Su acento delata su procedencia: es catedrático de Geografía Humana de la Universidad Pablo de Olavidey y doctor en Geografía por la Universidad de Sevilla. Su labor como investigador abarca numerosos proyectos relacionados con los procesos urbanos y el patrimonio y el desarrollo territorial. Su mirada amplía horizontes y deja atrás anquilosados conceptos. Sostiene, por ejemplo, que hay muchos pequeños elementos del territorio y del paisaje que se pueden considerar patrimoniales. Y afirma que, frente a la siempre bien ponderada arquitectura monumental, hoy cobra especial relevancia la arquitectura doméstica. Pero advierte: "Un edificio con valor patrimonial se puede restaurar y proteger, pero si no tiene uso, si no está activo, queda como congelado en una nevera".

Vino a Salta a compartir sus conocimientos sobre territorio y paisaje...
Así es, sobre todos los aspectos del territorio y del paisaje que se pueden considerar patrimoniales, más allá de lo que es el patrimonio monumental más característico y más reconocible. Hay elementos de pequeña escala que pueden ser importantes. Territorio y paisaje son conceptos muy polisémicos. Yo entiendo el territorio como espacio geográfico y el paisaje como lo que percibimos de ese territorio. En definitiva, son dos caras de una misma moneda. Siempre hay un componente material, formal, que vemos y que se construye, y que muchas veces es fruto de procesos culturales.
¿Qué debe tener un recurso natural o cultural para ser considerado patrimonio?
Tiene que tener sobre todo el reconocimiento de las comunidades que lo habitan. Si esos habitantes no reconocen el valor de un bosque, de un camino o de una casa tradicional, pues por mucho que yo, como técnico, remarque su valor, va a ser difícil que se conserve. Después, por supuesto, debe reunir requisitos de relevancia, de contenido histórico, de responder a un modelo de ocupación del territorio. La arquitectura doméstica tiene muchísima importancia en esta perspectiva, frente a la arquitectura monumental tradicional (la iglesia, el cabildo, el monasterio, etc).
Se tiende a asociar el patrimonio con lo meramente turístico. ¿Es una mirada demasiado acotada?
Sí, es una mirada muy desactualizada asociada al elemento singular, significativo. Ahora se habla de patrimonio para el ciudadano. El visitante tiene que participar de valores en pequeña escala. Por ejemplo de una calle, un espacio público, una arquitectura doméstica, la margen de un río... Se puede lograr ese disfrute con pequeños elementos patrimoniales.
¿En qué sentido tendrían que cambiar las políticas para que la noción de patrimonio se asocie a un sistema más dinámico y activo como el que usted propone?
Las políticas irán cambiando de perspectiva en la medida que la educación y la valoración de estos elementos se vaya solidificando, fundamentando. Desde luego, no se debe hacer lo mismo que con el patrimonio convencional, que es protegerlo con una ley o un decreto, cosificarlo y simplemente tenerlo allí. Eso sirve para un gran monumento pero no para este patrimonio de pequeña escala. Hay que utilizarlo, ponerlo en valor (en algunos casos turísticamente). Sin olvidar la perspectiva de que algunas personas puedan seguir viviendo allí. Y que los que llegan de afuera mantengan los valores que hay en esa zona sin hacer barbaridades con los cultivos, la red hidráulica, la arquitectura de los pequeños pueblos... Esto no solo depende la intervención pública protectora. Se trata de promocionar y ayudar dándole prioridad a los propios ciudadanos.
En la práctica es muy difícil que la explotación turística de ciertos territorios no desemboque en su destrucción y depredación...
Ese es un problema de las grandes ciudades con patrimonios monumentales como Roma, París, Barcelona, Florencia, Venecia... Para otras ciudades son flujos controlables y beneficiosos, sobre todo si se tiene una buena política dispuesta a que no se sacrifique todo. La expulsión de los habitantes tradicionales y su sustitución por actividades ligadas solo al turismo no es bueno. Es pernicioso para la ciudad y el propio patrimonio porque el lugar se convierte en un pequeño parque temático donde no hay otra vida que la asociada a la visita del turista, a la comida para el turista, al hospedaje para el turista... El patrimonio debe ser algo vivo, no cosificado ni museoficado. En su dinamismo debe seguir manteniendo los valores que se han acumulado durante mucho tiempo.
No es lo mismo conservar que poner en valor...
El valor está en la utilización por el ciudadano. Un edificio con valor patrimonial se puede restaurar y proteger, pero si no tiene uso, si no está activo, quedará como congelado en una nevera. Hay que encontrarle función.
La puesta en valor del patrimonio territorial, ¿hace a la identidad de una comunidad?
Así es, la comunidad que valora su patrimonio, tanto el territorial como el intangible (etnográfico) gana en identidad, se identifica y está orgullosa de sí misma. Es un elemento de autoestima importante.

Un doctorado en ciernes

Actualmente se encuentra en pleno proceso de elaboración en la UCASAL el programa del doctorado en Gestión y Desarrollo Territorial, al que podrán aspirar con reconocimiento de créditos los graduados de las maestrías en Valoración del Patrimonio Natural y Cultural (FAU- UCASAL), en Gestión Ambiental (Escuela de Negocios, UCASAL). Forman parte del programa la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA) España, Universidad Pablo de Olavide de Sevilla (UPO), Universidad de Huelva (UHU) y Universidad de Guadalajara (UdeG), México.





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