Si de imaginación inagotable se trata, el plástico Marcos Acosta es un clarísimo exponente de lo que los pinceles y colores pueden traducir desde su mirada del mundo.
Con "Todas las ciudades", el pintor cordobés de 34 años sorprende en el Museo de Arte Contemporáneo, donde las obras se expondrán todo el mes para impactar al observador.
Es una serie integrada por tres "capítulos" muy diferentes, que el pintor aún sigue en proceso: ciudades, muchas de ellas vistas desde el aire; imágenes pixeladas y paisajes "invadidos" por figuras oscuras, casi monstruosas.
"De Internet extraigo fotos aéreas de ciudades que por alguna razón me atraen y sobre ellas trabajo la pintura. En el caso de los pixelados, busco imágenes a los que denomino 'espacios de felicidad', que la persona se crea para el disfrute. Por ejemplo una piscina, que parece natural, pero en realidad es una intervención de la mano del hombre. Y una tercera parte está conformada por paisajes vírgenes que los intervengo con formas que los atraviesan", explica Acosta a El Tribuno, que recorre la muestra en el museo de Zuviría 90.
La producción de Acosta en esta serie es casi una derivación de la anterior, llamada "Origen de la catástrofe" (que se expuso en 2010 en el Museo de Bellas Artes de Salta), en la que reflexiona sobre la relación de la naturaleza con el hombre y su interacción con lo artificial.
"La pintura es, para mí, una forma de pensar a través de imágenes, y en esta serie trabajé de otra manera, vinculada al realismo y en juego con la fotografía", dice el artista. Por eso encontró, en esta oportunidad, un especial atractivo en vincular lo artificial con la naturaleza, algo que hasta ahora no había elaborado en obras anteriores. "Trabajé sobre elementos que el hombre produce a partir de la propia naturaleza, pero aquí la 'intromisión' la hice con figuras geométricas negras que tergiversan lo natural y molestan. En el caso de las ciudades, ellas operan en sí mismas como geometría y al mismo tiempo como paisaje", explica este artista cuyos trabajos son parte de adquisiciones de museos del país, además de exponerlos en forma itinerante.

El pixelado
La curiosidad surge en buena parte de los cuadros, especialmente en aquellos que tienen distorsionada o pixelada la imagen. Esa sucesión de cuadritos que solo permiten saber de qué figuras se trata, pero no distinguirlas con nitidez, se constituye en otro elemento de impacto y hasta plantea la duda si se trata de una fotografía o es solo pintura. La rigurosidad de los píxeles obligan a la observación detenida para confirmar que fue obra de pinceles y colores. Para Acosta, "es una forma de representar los recuerdos, pero la gente, como ocurre cada vez que se planta frente a una obra artística, dejará volar su imaginación e interpretará a su manera", dice.
Los trabajos son óleos sobre tela y a partir de fotografías propias, de personas que tienen piscinas familiares y de diferentes sitios de internet, surgieron las obras. "Creo que en los paisajes hay una alta cuota de realismo, pero no se encasillan en ese estilo ni en ningún otro, porque mi idea es el cambio permanente sin atender a las tendencias artísticas. No conozco autores que hagan este tipo de trabajos, aunque probablemente haya en algún lugar del mundo", concluye.

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