A diferencia de su hermanasta Ana Frank, que antes de morir testimonió en su célebre diario íntimo la experiencia del recluimiento en un sótano para escapar de la persecusión nazi, Eva Schloss logró sobrevivir al holocausto, aunque tuvieron que pasar más de 60 años para que se decidiera a relatar su experiencia: por estos días acaba de llegar a la Argentina el libro "Después de Auschwitz", donde describe las condiciones infrahumanas de supervivencia en ese campo de concentración.
"También fui ví­ctima de la persecución nazi y me enviaron a un campo de concentración pero, a diferencia de Ana, yo sobreviví"­, narra despojadamente la mujer que compartió con la famosa niña los duros meses de encierro en una casa holandesa y con la que entabló una efímera amistad interrumpida para siempre tras ser detectado el escondite donde se mantenían a salvo del ejército de las SS.
"Ana atraí­a a la gente tejiendo una red de historias divertidas que les contaba aparte, en voz baja, e insinuando ser un poco más lista que el resto de nosotros. Hablaba tanto que la llamábamos 'Doña Cotorra', y mi memoria la recuerda siempre rodeada de una pandilla de niñas, soltando carcajadas", evoca Eva en su texto.
"Después de Auschwitz" arranca con el disparador que desata la génesis de la obra: han pasado 60 años desde la traumática experiencia en el campo y la autora participa de múltiples homenajes a su hermanastra, pero nunca hasta ahora se ha animado a pronunciarse públicamente sobre el terror de esos años.
Sin embargo, la invitación a ofrecer unas palabras referidas a Ana Frank a propósito de la inauguración de una muestra en su homenaje desata en Eva un aluvión de palabras que desde entonces dejan atrás la autocensura y comienzan un recorrido social que culmina con la aparición de su autobiografía.
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Ana Frank
Eva, que nació en Viena en 1919, integraba una familia de clase acomodada que vivía disipadamente en Viena hasta la llegada de Adolf Hitler al poder, que marcó el comienzo de un peregrinaje que tuvo como escalas primero Bruselas y luego Amsterdam, donde se convirtió en vecina de Ana Frank.
La mujer fue capturada por los nazis el dí­a en el que cumplí­a 15 años: el 11 de mayo de 1944. Ocho dí­as más tarde ella y su madre fueron incluidas en la lista de enviados a Auschwitz, donde se inicia la lucha por la subsistencia cotidiana bajo un paisaje delineado por las apariencias famélicas y el fantasma omnipresente de las cámaras de gas.
En "Después de Auschwitz", Schloss describe las condiciones infrahumanas de existencia en ese campo, donde tenía asignada la tarea de clasificar vestimenta y objetos que habían sido expropiados a familias judí­as y que eran enviados a distintas ciudades alemanas para distribuir a nuevos dueños.
"Anoche me quedé despierta pensando cómo deberí­a concluir esta historia. Dentro de treinta años no quedará ningún superviviente del Holocausto, así­ que este libro es mi carta a la posteridad. Mi sueño es que alguien lo recupere mucho después de mi muerte y se escandalice y se asombre al descubrir que el mundo fue así­ una vez. Que la persecución de gente por ser judí­a 'o por ser negra, o por ser gitana, o musulmana, o gay' se perciba como algo ridí­culo, inhumano y monstruoso, tal como nos pasa ahora con la trata de esclavos", señala Schloss.
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El relato de la mujer articula tramos de distinta intensidad dramática y se vuelve extremadamente cruento cuando aborda el momento en que contrae tifus, la misma enfermedad que su célebre hermanastra, aunque diferencia de ella logra sobrevivir a partir de la asistencia de su madre y a una prima enfermera.
La mujer también rememora el momento en que es enviada a Canadá a organizar un almacén dónde se acumulaban todas las pertenencias de los judí­os antes de ser reenviadas a Alemania para repartir entre las familias de los soldados.
Otro de los momentos más tensos que evoca tiene lugar cuatro meses después de terminar en Auschwitz, cuando el médico y oficial alemán Josef Menguele, a quien se le ha encomendado seleccionar a las víctimas de la cámara de gas, elige a su madre, una instancia que finalmente la mujer logra eludir.
Tras la rendición nazi, Eva se confronta al dolor de saber que su padre y su hermano no han sobrevivido a la experiencia en el campo de exterminio y retorna a su antiguo barrio junto a otros sobrevivientes, entre ellos Otto Frank, el padre de Ana, quien años después termina casándose con su madre.
Mientras Otto y su madre se radican en Suiza, Eva viaja a Londres para dedicarse a la fotografí­a. Allí conoce a un joven judí­o llamado Zvi Schloss, con el que se casa y tiene tres hijas.
En 1995, Schloss regresó a Auschwitz junto con un equipo técnico holandés para rodar un documental conmemorativo de los 50 años transcurridos de la liberación. Su viaje instropectivo a uno de los hitos dolorosos de la memoria colectiva termina ahora con este texto, con el que la autora se propuso dejar su huella en el capítulo más salvaje de la historia colectiva alemana.

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