Solo cuatro pasos: detectar la necesidad y marcar el objetivo, elaborar un plan, ponerse a ejecutarlo y persistir hasta obtener los resultados deseados.

Sobre esta plataforma se erige todo emprendimiento. Pero para que los factores rindan entre los grupos vulnerables, primero las oportunidades básicas: la autosuficiencia y eliminar la necesidad de caridad.
75 son las mujeres capitalinas que, a través del Programa Eva, están pasando de un estado desprovisto de enfoque hacia otro lleno de propósitos que las lleve a crecer continuamente. El sábado pasado, entre las 10 y las 19, con sus puestos poblaron la plaza General Manuel Belgrano. Las emprendedoras atendían con solicitud a transeúntes, clientes y curiosos.

Entre ellas estaba Sonia Muñoz (41), una madre separada con tres hijos: Milagros (18), Gonzalo (10) e Irupé (5). Oriunda de San Juan, hace 10 años vive en Salta. Ella fabrica carteras y colitas para el pelo. "Estoy muy feliz, vendiendo aquí tranquila lo que elaboré. ¿Dónde voy a vender si no tengo permiso ni recursos para alquilar un lugar? Y sola no me puedo poner porque estaría nerviosa, viendo que no me saquen los inspectores", expuso.

Pero pasa enseguida la página de los puntos flacos para pensar en positivo: "Al finalizar el curso necesito comprarme una máquina industrial cuyo costo es elevado, porque sale unos $10.000. Así que pediré un crédito porque no tengo para invertir. Tal vez pueda pedírselo al Estado porque con lo que vendo no lo recupero", se sinceró. Luego habló acerca de su trabajo. A sus carteras y bandoleras se las ve prácticas. Ella abría los cierres y mostraba los materiales de buena calidad con que las confecciona. Sus piezas de marroquinería son de tela, cuero y cuerina. Además, tienen precios atractivos -que rondan los $200- y una fina presentación. "Te sentís importante haciendo algo como esto. Las mujeres siempre estuvimos sometidas y estas actividades eran solo para fábricas e industrias", definió.

En sus explicaciones se podía atisbar un espíritu fogueado por el coraje de la renuncia.
Aunque Sonia es mecánica del automotor certificada nunca pudo ejercer el "oficio de hombres" en Salta. Por ello estudió gerontología social y trabaja de asistente terapéutica de ancianos y niños especiales. Relegaba sus habilidades manuales a su tiempo libre. Ahora con el curso trata de ponerse a trabajar en la marroquinería cuatro horas diarias. Pero además de la temporal sufre otras limitaciones. "Mi sobrina tiene la máquina industrial, pero dependo de que ella esté en su casa para ir a coser. Necesitás tiempo y tranquilidad y nosotras las mamás no tenemos ni lo uno ni lo otro a veces con las demandas de los hijos", ejemplificó.

"Las mujeres siempre creímos que no éramos capaces sin un título universitario. Yo a mis hijos prácticamente los crié sola y con cada cosa que descubro que soy capaz de hacer", concluyó determinante.

El programa


La fundación Valle Verde viene trabajando en Salta desde 2001 en varios flancos benéficos. Su titular, Norma Ortiz, le contó a El Tribuno que el Programa Eva "capacita a mujeres jefas de hogar para que puedan armar sus microemprendimientos, afianzando sus conocimientos y autoestima con el fin de que puedan disponer de un ingreso para solventar sus gastos y ser sostén de sus familias". Eva se desprende del Programa Impulso Argentino, dependiente del Ministerio de Economía y Finanzas Públicas de la Nación. El año pasado participaron de él 25 mujeres del barrio San Benito. Este año son 75: 25 de Castañares y 50 de villa San Lorenzo. Cada titular recibe durante 5 meses un subsidio de $1.500 para su emprendimiento. Como detectaron que muchas de las concurrentes son de bajos recursos y sufren violencia de género, además de las capacitaciones relacionadas con emprendedurismo también les brindan formación en ciudadanía y derechos. "Estas mujeres saben hacer tantas cosas, pero por ahí son tímidas y como no se animan a emprender trabajan en casas de familia. Nosotros les llevamos la Constitución para que la lean y debatimos juntas. Todo para fortalecerlas como seres humanos y que sepan que nadie tiene por qué llevarlas por delante", expresó Ortiz.

Entre generaciones


Silvia Arancibia, nacida en San Lorenzo, es una cocinera jubilada que a sus 69 años descubrió que puede hacer magia. Presidiendo su puesto diversificado, estiraba la figura de un cocodrilo bicolor, hecha en mostacillas. "Mire, parecen dos líneas tejdas diferentes, pero es una sola a doble trama", dijo y al estirarlo el bicho se acható en cuatro líneas. Amarillo, blanco, amarillo, blanco. Luego, cuando ella aflojó la presión, volvió a su tamaño normal. Lomo amarillo y panza blanca. Esta mamá de 8 hijos, abuela de 18 nietos y bisabuela de 4, contó: "En estas capacitaciones una necesita compartir con otras personas, muchas veces más jóvenes que una. Entonces una plasma en las jóvenes lo que aprendió en la vida". Con entrenada simpatía de comerciante, mostró sus chalinas y bufandas -entre $80 y $120- tejidas ahora con lanas nube, copito y cashmilon. En una época, cuando había disponibilidad, las hacía con lana de llama y oveja. También ofrecía aros de mujer armados con piezas "que se compran y se arman porque ahora vienen con esa facilidad".

A su lado, encargada de las artesanías en madera, su hija Carolina Vargas (38) destacaba que desde siempre la labor artesanal había urdido la trama de su familia. "Nos ayuda a compartir entre los abuelos, los hijos y los nietos. Nos mantiene unidos porque al trabajar en conjunto vemos qué produce uno, qué material le hace falta a otro", rescató. Además el Programa Eva les permitió conocer gente y llevar sus piezas a otras partes.

Elsa Ferreyra (47) es quien nucleó a las mujeres de San Lorenzo. "Las mujeres de villa San Lorenzo tenemos muchas ganas de trabajar, muchas somos jefas de hogar ya sea porque los maridos están desocupados o vivimos solas con los niños", dijo. "Se vio un cambio muy significativo en la vida de estas mujeres. Esa timidez y baja autoestima no las dejaba mostrarse cuando tienen un gran talento para la cocina, el tejido, la bombonería, la carpintería y la albañilería", enumeró. Luego, como una más de estas mujeres naturalmente solidarias, serviciales, trabajadoras y, ahora, también empoderadas, miró hacia el futuro y dijo: "A pesar de que el programa termina en septiembre vamos a continuar como 'Evas en San Lorenzo'".

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