El maestro venezolano Felipe Izcaray se encuentra de visita en Salta e invitado por el director de la Orquesta Infantil y Juvenil Mozart, Martín D'Elía, dirigió esta agrupación ayer en el Teatro Provincial. Mañana a las 21 la conducirá en la parroquia Santa Rosa de Lima (General Güemes) y el próximo viernes a las 10, en la escuela Mariquita Sánchez de Thompson del barrio Intersindical. Este grupo orquestal está integrado por 41 músicos de entre 11 y 28 años. Fue fundado en el marco del programa de Orquestas Sinfónicas Infantiles y Juveniles de la Provincia. Además recibió apoyo de Fundartis e impulso de Izcaray, de su esposa, Norma Pinto, y de la profesora Raquel Wayar.

¿Qué virtudes destaca de la Orquesta Infantil y Juvenil Mozart?

Su juventud y su empuje. Es una orquesta muy dócil con la que se trabaja muy cómodamente. Esos chicos tienen muy buena actitud ante la música y se ve que es una respuesta a la instrucción que han recibido.

¿Cómo debe conjugarse el rol social que suelen tener estos programas con la experiencia artística que supone integrar una orquesta?

En Venezuela esta actividad está superestablecida desde 1975, cuando se fundó la Orquesta Nacional Juvenil de Venezuela. Hoy el Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles ya tiene integrados a más de medio millón de chicos. No es que todos hayan sido sacado de barrios peligrosos, aunque sí una parte muy importante. Pero no hay que pensar que la contención viene solo a los suburbios, sino a todos los estratos de la sociedad. Hay chicos que se han desviado por razones que tienen que ver con el ocio o las tendencias. Es una contención en general, pero también es una elevación de los valores del hombre.

¿En qué mejora a los chicos?
Yo no puedo aspirar a que todos los chicos que vienen a la orquesta Mozart vayan a ser músicos o ejecutantes de algún instrumento como profesión, pero sí -y estoy seguro de ello- van a ser unos excelentes ciudadanos. Porque el aprender un instrumento les da valores y les proporciona elementos para tener una mejor vida. Por un lado la disciplina, por otro el arte y, por último, la convivencia, que no es obligada como en la escuela. También elimina el ocio porque ocupa el tiempo, y bien. Por lo general, los chicos que pertenecen a los coros y orquestas se desempeñan muy bien en la escuela. Eso lo proporcionan las artes y el deporte bien orientado. Uno no puede pensar que todo niño que juega al fútbol va a ser Messi, pero sí que va a ser un buen médico, carpintero o en el área que se desempeñe lo va a hacer bien porque viene de un lado de la sociedad que le infunde ética, honor y buenos sentimientos hacia todo el mundo.

¿Y cómo se esté llevando adelante en Salta esta actividad?
Es maravilloso lo que se está haciendo en Salta en las dos vertientes que existen: las orquestas Infantil y Juvenil Mozart y la Haydn, y los coros que pertenecen al Instituto de Música y Danza de la Provincia. Y también una media docena de orquestas que pertenecen al programa Bicentenario de la Nación. Es una labor increíble que hace felices a los padres, a los chicos, y de la que los profesores disfrutan mucho.

Usted ha fomentado aquí el hábito de ver y escuchar música sinfónica. ¿Siente ese reconocimiento cuando viene?
Me siento siempre muy bien recibido. Los salteños me saludan en la plaza, en un restaurante, y eso no se ha perdido gracias a Dios. También veo que cuando dirijo un concierto acá en Salta, al yo salir a saludar, hay un aplauso un poco más fuerte, más cálido, y eso quiere decir: "Gracias por haber estado aquí los años que estuvo, por haber aportado lo que aportó". Eso es algo muy importante para mí.

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