La relación de los seres humanos con la naturaleza ha sido quizás el primer tema en aparecer en la historia del arte. Desde las representaciones rupestres del paleolítico hasta los grandes maestros del impresionismo, la naturaleza también ha sido una fuente de inspiración y de reflexión. Hoy en día, las cosas han cambiado mucho y lo que preocupa a muchos artistas contemporáneos es la conservación de la vida natural ante su permanente deterioro.

El cocón es un capullo que contiene los embriones de algunas especies. "Es un estadio en el crecimiento de una larva: pupa, larva y cocón. Es el momento justo de la eclosión", explica Claudia Burgos, que no es bióloga sino artista plástica, pero se ha imbuido especialmente en el tema a partir de "Cocones", la muestra que en este momento presenta en el Museo de Arte Contemporáneo (Zuviría 90). "Me interesa explorar la idea de la metamorfosis, el ciclo de la vida contenida en un capullo, la sensación de cambio de un estado a otro. Imito con los objetos la fuerza natural y el misterio de no saber cómo eclosionará la nueva forma ni cuál es su origen", explica la artista salteña.

La muestra "Cocones" ocupa tres salas del primer piso del MAC. La instalación comprende una especie de invernadero de cocones, el inquietante contexto -ramaje- donde suelen cobijarse los capullos a la espera del nacimiento y, finalmente, una especie de oasis donde, por suerte, la vida sigue en armoniosos tonos de verde.
"En mi obra propongo sensaciones. El estadío de los cocones es muy inquietante y hasta repulsivo. No se sabe quién desovó ahí ni qué saldrá de ese habitáculo", señaló Claudia.

En su caso, y como suele pasar con el arte contemporáneo, el mismo concepto se disparó en más de una dirección: "La metamorfosis también se dio en los materiales. Los cocones están hechos con bidones y bolsas de plástico convertidas en hilo, que luego tejí al crochet. A los bidones los modifiqué con calor para que tuvieran esa forma alargada. Estamos tan llenos de basura que a la hora de crear siempre busco reutilizar materiales. Es casi inconsciente. En este caso involucré a familiares, amigos e incluso a extraños que se sumaron a partir de una convocatoria en las redes sociales", destacó la artista.

La muestra "Cocones" tuvo -como los capullos- un estadio previo: el proyecto Arte y naturaleza que dirigió Matilde Marín en el MAC el año pasado. El objetivo era plantear la relación entre el arte, el paisaje y la naturaleza, repensando los mismos desde la perspectiva personal de cada participante y atendiendo a problemáticas actuales: "Teníamos que hacer una obra en el cerro San Bernardo. Entonces decidí que mi intervención debía ser algo grande, abundante y blanco, para que contrastara", contó Claudia. Así surgieron los cocones, latiendo entre el ramaje de los árboles y reafirmando el poder que tiene el arte de apelarnos profundamente, haciéndonos sentir que el tiempo se detiene. "Pienso que el arte es siempre un llamado de atención, un parate. Aunque los cocones sean inquietantes, creo que la naturaleza finalmente vencerá. Los nacimientos siempre connotan una cierta esperanza", concluyó la artista.

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