Escuchame, te estoy hablando muy en serio. No es un capricho ni una estupidez, te estoy hablando de política".
En La patota, Paulina Vidal (Dolores Fonzi) suspende su carrera en los Tribunales de Buenos Aires y el último tramo de un doctorado para dar un taller de Formación Política en Misiones. Su padre, el juez Fernando Vidal (Oscar Martínez), la cuestiona porque considera el programa en la escuela rural una experiencia de base para la que su hija está sobrecapacitada. "Si querés cambiar las cosas tenés que hacer carrera en la Justicia. Tener poder de decisión e impartir justicia donde corresponde y de la manera que corresponde", le aconseja. Incluso así, ella se instala en la selva misionera y se desengaña de la esterilidad académica, ante la abulia de sus alumnos. "No les tengas miedo, o peor, lástima, porque si no te van a terminar odiando y vos a ellos", le advierte al respecto su colega, Laura. En esos ajustes se encuentra Paulina cuando una noche, volviendo a su casa, es abusada por una patota y queda embarazada. Entonces inicia un proceso interno que la obliga a superar una visión, próxima al populismo redencionista, que concibe a los pobres como objetos de compasión y tutela.

Los espectadores

El Tribuno asistió a la proyección de la película y recogió las opiniones de varios salteños. "Me voló la cabeza. Por la dirección, el tratamiento del tema y las actuaciones. Me gustó mucho eso de que cuando hay pobres en el medio la Justicia busca culpables. Se podrá o no estar de acuerdo con Paulina, pero no se puede negar que abre el debate", dijo Ramiro Bueno. Coincidió con él Javier Dib: "La película me pareció fantástica sobre todo por la actuación de Dolores Fonzi. Si bien hay muy buenos actores es una de las pocas artistas que no se encasilla porque es multifacética. El suspenso de la película es increíble, trata mucho el aspecto psicológico. Te va llevando al dramatismo. ¿Qué haría yo en el lugar de Paulina? No hay nada de más en la película, todo el tiempo van a estar atrapados".
Justamente, ciertos manejos ocultos y cautelosos de la trama no pasaron inadvertidos a los espectadores. "Una de las cosas que más intriga me dejó es qué hubiese pasado si Paulina hablaba con su violador, si se hubiera concretado la reunión en el edificio abandonado", comentó Luciana Tolaba. Incluso algunos se fueron con la inseguridad de entendimiento que aportan los grandes filmes. "Rarísimo el final. Nunca había visto una película así. ¿Es excelente? ¿Es rara? ¿Es normal? Cada uno con su juicio, pero para mí fue espectacular", dijo Mauricio Zurita.

La reflexión

La patota es eminentemente una película sobre política. Hay política en los desacuerdos entre Paulina y Fernando cuando debaten acerca del sentido del bien común y la Justicia. "¿Que esos chicos (sus violadores) vayan presos a quién le sirve?", dirá ella. "Cómo a quién le sirve. Es la Justicia, no importa a quién le sirve", le espetará él. Un desacuerdo que también involucra el funcionamiento de los aparatos policiales y la máquina del Estado. "¿La ley que te hizo decidir que era mejor que los cagaran a trompadas en la comisaría y les arrancaran una confesión y se cagaran en todos sus derechos?", criticará Paulina. Y una política que acontece cuando ella misma interrumpe la lógica policial y trastorna la lógica de la dominación. "Sos vos la que se obsesionó en una cruzada incomprensible, mesiánica sin ningún sentido. Sos una víctima, no una heroína", le recordará Fernando. "Soy una consecuencia horrible de un mundo que no genera más que violencia. Tengo una certeza: no me lo quiero sacar de encima (por su hijo), quiero que nazca. No importo yo, no importás vos, no importa el hdp que me violó, ya es otra cosa. Ya estoy acá. No elegí estar acá y no me puedo ir, quiero seguir", gritará ella. Así Paulina se erige en el ciudadano que falta, sin rango, dignidad jerárquica o voluntad de poder, que renuncia a la Justicia. Y como ciudadano que falta se llena de una voluntad de resistir el presente como un movimiento imprevisible para el que huelgan la pequeñez democrática y la conciencia humanitaria. Por ello, el espectador cuando deja la butaca se lleva la tarea de plantearse la política en su sentido más hondo, con su mensaje más agudo.

"Conmueve"

La actriz Gabriela Vázquez vio La patota con El Tribuno. "Salí muy conmovida con los temas que está tratando el cine argentino. Me saco el sombrero ante las actuaciones de Dolores Fonzi y Oscar Martínez. Desde algún punto no se logra entender esta cruzada que encara Paulina en el momento que le toca vivir". Su álter ego, la Cabo Vilca, confesó: "Vine a ver a mi rival porque el papel que interpretó Dolores Fonzi era para mí. Yo tuve un affaire con Gael García Bernal y había habido un arreglo conmigo, pero luego me quedé sin el honor y sin la gloria".



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