María Josefina Gugliotti Magaldi prefiere no decir su edad. Pero los años que lleva pintando y esculpiendo son muchos. La artista inauguró recientemente en Galería de Arte "A" (España 785) una exposición de esculturas, pinturas y arte digital. Sus obras -de una u otra manera dictadas por la naturaleza- se destacan por su elegancia, su austeridad y su expresividad.

El taller donde la veterana hoy le da vida a sus obras es una especie de sosegada estación a la que ha llegado tras largo viaje. "A los 12 años le pregunté a mamá si podía ingresar a la escuela de artes y me dijo que sí -repasa la artista-. Ella era soprano pero no la dejaron cantar. 'Viuda y cantando en el Teatro Colón, no', le dijo mi abuelo. Tenía una voz divina, pero en esa época las cosas eran así, desgraciadamente".

Para María Josefina, fue otra la historia. A los doce años pudo abrir de par en par las compuertas de su impetuosa vocación artística: entró a la Escuela Nacional de Bellas Artes Manuel Belgrano, en Buenos Aires; luego ingresó a la Prilidiano Pueyrredón donde obtuvo el título de profesora de Artes Visuales con especialización en escultura y, finalmente, se recibió de profesora superior en la Escuela Superior de Bellas Artes Ernesto de la Cárcova.

Gugliotti se formó con maestros de la talla de Troiano Troiani, gran escultor italiano; Libero Badii, uno de los primeros escultores abstractos del país; Héctor Cartier, un genio de la composición, y Rodolfo Castaña, entre otros.

En su juventud, la artista se mudó a Salta, donde desarrolló toda su carrera docente. Entre clase y clase, realizaba sus obras, pero recién a partir en 1995, cuando se jubiló, pudo dedicarse plenamente a la creación artística.

Hacía más de diez años que María Josefina no presentaba sus trabajos en público. La exdocente se mueve pausadamente pero su fuerza expresiva y su capacidad de asombro resultan absolutamente extemporáneas a su edad.

"De la Cárcova salí siendo abstracta -se define-. Durante mis años de estudio pasé por lo figurativo, lo expresionista y cuando llegué al terreno serio de la abstracción elegí experimentar en él".
"La abstracción es un punto de llegada. Hay que saber respetar las formas reales para después poderlas distorsionar", subraya.

Con esa impronta abstracta, Gugliotti demuestra gran virtuosismo técnico y logra una particular mímesis de vitalidad y armonía en las escenas que representa. Y deja que el entorno natural le dicte al oído la inmediatez de sus formas: "Yo capto todas las maravillas que nos regala la naturaleza, desde la forma de un caracol de mar hasta un trozo de palmera. Todo puede ser materia para el arte", señala la artista.

La muestra en Galería de Arte "A" incluye esculturas, dibujos, bajorrelieves y arte digital. Una constante en casi todas sus obras: la textura. "Siempre tiene que haber algún relieve, algo que me remita a la tierra, a su aspereza...", concluye la artista, dueña de un lenguaje plástico capaz de traducir lo simple a la sublime dimensión escultórica.







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