"Ojo al piojo". No es un llamado de atención. Es el nombre del festival de Rosario (Santa Fe) en el que "La Vagabundo" obtuvo el primer premio a mejor cortometraje. Ahora sí, atentos, porque en los últimos días ganó otro: mejor cortometraje Life After Oil - Martis, en Cerdeña (Italia), festival para el que su director, Emmanuel Moscoso, viajó varios miles de kilómetros. Así, rodando, el filme llegó todavía más lejos. Desde Buenos Aires y en una entrevista con El Tribuno, Moscoso habló sobre este reconocimiento.
Tras ser nominado, Emmanuel recibió un llamado a la productora a través del cual el director del festival le preguntaba si podía viajar por sus propios medios a Italia, a lo que respondió categóricamente que se le hacía imposible. A los pocos días su socio Mariano Rosa lo llamó y le dijo que le habían informado que le pagaban los gastos. La Secretaría de Cultura también lo apoyó.

¿Te imaginabas otro premio?

La verdad es que no me imaginaba que iba a ser todo tan vertiginoso. Salí de Salta a Buenos Aires, de Buenos Aires a Madrid, de Madrid a Roma, de Roma a Cerdeña y de ahí, en auto, una hora hasta Martis, un pueblito bellísimo donde todo lo que me imaginaba era cierto. Me hicieron sentir parte de sus familias, son muy parecidos a los argentinos. La pasta es buenísima y allí siempre hay un motivo para estar feliz. Acabo de llegar a Buenos Aires después de 5 días y 8 vuelos de avión y aún no entiendo ni qué día ni qué hora es (se ríe), pero todo el esfuerzo valió la pena.

¿Cuáles fueron las apreciaciones del jurado?

Fueron las siguientes: "Por el valor ético de la historia sobre solidaridad, amistad y lealtad entre niños, y por la importancia de construir todos juntos un mundo mejor, utilizando el reciclado de materiales para un uso ecológico como lo es la útil construcción de una bicicleta".

¿Pudiste ver los otros cortos que participaban en tu terna?

Sí, vi todos los trabajos, muy interesantes y muy bien realizados, por lo cual cuando me dieron el premio me sorprendí muchísimo. El mejor de los premios fue la sincera emoción de un hombre que con lágrimas en los ojos se sorprendía de que estuviera sentado a su lado y que me pudiera felicitar instantáneamente al haber concluido la proyección del corto. En ese momento me llamaron para subir al escenario y explicarle a la gente cómo se había realizado y me vino una emoción tremenda, se me anudó la garganta por lo sucedido anteriormente. Ese es el mejor recuerdo que me traigo de allá.

Este tipo de reconocimientos elevan la vara y te motivan a emprender nuevos proyectos. ¿Nos podés contar de alguno?

Tengo varios en los que me gustaría ponerme a trabajar cotidianamente, pero por ahora no tengo en claro cuál, pero como en otra entrevista con El Tribuno: no me desespera el paso del tiempo. Cada uno sabe cuándo es el momento.

¿Te parece que La Vagabundo es también la postal de la realidad de muchos jóvenes salteños?

La Vagabundo es un cortometraje que involucra a muchísima gente, y eso es lo lindo que tiene este trabajo, que se construye entre varios y cada persona que aporta algo a una realización también la está construyendo y realizando, a su manera. El cine es una industria que genera muchos puestos de trabajo, quizás el gobierno local deba volcar su mirada sobre nosotros y poner mucha más atención sobre esta industria en Salta. Nosotros desde la Asociación de Realizadores Audiovisuales de Salta (ARAS) trabajamos para que esto suceda. Quizás nos estamos perdiendo de realizar grandes cosas y mostrárselas al mundo.

¿Qué tipo de historias son las que más disfrutás contar?

Aquellas que me generen algo primero a mí, que me motiven emocionalmente a involucrarme, puede ser algo para niños o un proyecto para adultos, no hay diferencia. La Vagabundo es un cortometraje para niños con un mensaje para grandes.

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