"Voy a cantar una copla, con todo mi corazón, para los niños de Salta, ¡Que viva la tradición!", cantaba Viviana Báez. Estaba comenzando una fiesta. Con serpentina, papel picado, albahaca, comidas y postres regionales, zambas de miradas tímidas y coplas en las voces tiernas de la niñez. Se realizó ayer el primer carnaval de los niños en la casa de Severo Báez, en Villa Primavera.

Ayer, a la hora del almuerzo, decenas de niños llegaron hasta ese hogar de la ciudad en el que también viven tradiciones y que todos los años se llena de postales de viejas costumbres y la valiosa cultura de nuestros pueblos.

Cantando coplita en rueda, empezaba la colorida tarde. En las voces de don Severo y en la de los niños. Llegaba el turno de un changuito que se atajaba diciendo que había olvidado el ritmo de la copla, pero la recitó igual: "Yo soy mocito señores, chiquitito y querendón, con la cajita en la mano, te pido el corazón". Después lo ayudaron y la copla salió cantada, seguida de muchos aplausos.

Es la primera vez que en lo de los Báez se hace el carnaval de los niños. "A lo que viví con mis padres lo llevo muy adentro. Trato de transmitir la tradición en los niños para que no se pierda. También sentimos que es como una misión de la familia Báez velar por la cultura nuestra", dijo Viviana Báez en diálogo con El Tribuno. "Y lo vamos a seguir haciendo. Una vez que se abre el mojón es para toda la vida, es un compromiso", dijo.

Viviana es quien lo organizó todo. Al rememorar cómo comenzó a pensar en esta fiesta recordó a los copleros viejitos del campo. Y con pocas palabras dijo que es importante que esas coplas no se pierdan, que esos cantos no perezcan, que los chicos las aprendan, que sepan qué es la Pachamama y qué significa vivir el carnaval. "Hoy nos juntamos a hacer el carnaval de los niños porque les queremos inculcar nuestra cultura, para que jamás se pierda", dijo.

De aquí y de allá
Y los chicos llegaron desde todos los barrios y hasta hubo pequeños copleros hijos de residentes. Niños que oyen a la mamá, al papá o a la abuela cantar y, poco a poco, comienzan a sentir amor por esas coplas, amor que hace que no se dejen de cantar. Además hubo niños de comparsas, de academias de danzas folclóricas y niños músicos. Entre ellos, los hermanitos Burgos, que tocan el acordeón, el violín, la guitarra, el bombo. Multiinstrumentistas, que le dicen, pero en envase chico. También pequeños artistas de academias de Cerrillos, Rosario de Lerma y San Lorenzo, entre otros municipios. De todas partes.
En la preproducción de esta fiesta trabajaron madres, papás, tíos. Hubo colaboración de vecinos y sponsors. "A todo esto uno lo logra, aunque no tenga los recursos, con la ayuda de la gente. Y no se puede creer lo que se genera", dijo Viviana.

Cerca de las 19 terminó la fiesta. Antes hubo carnavalito bailado, entre todos. Y corazones contentos, dichosos de vivir este tiempo en el que anda desatado "el niño travieso de la Pachamama", como se dice en lo de los Báez.

"¡Que viva el carnaval de los niños, que viva! ¡Que vivan los niños, que vivan!", coreaban todos -chicos y grandes- en medio de papelitos de colores, tiras de serpentinas y largas guirnaldas de banderines.
La fiesta sigue hoy, mañana y el martes, en lo de los Báez. El último día se hace el entierro del carnaval. Pero luego, durante todo el año, se realizan en esa casa actividades para seguir celebrando que tenemos una provincia muy rica culturalmente. Para revalorizar tradiciones, costumbres y pequeños rituales de la Salta de antes.

Raíces de los pueblos
Viviana Báez conduce Raíces de los pueblos, un programa radial que en el difunde cómo es la comida regional, qué son los bandoneones, las guitarras, los violines y que tiene, además, un bloque especial dedicado a los niños. Los chicos llaman, salen al aire y cantan coplas. Mensualmente a quienes participan del programa se les regala una cajita coplera.

Cuando van a retirar la cajita cantan en vivo, luego se juntan en la casa de don Severo una vez a la semana y ensayan coplas. Como aquella que dice: "Vamos cantando y bailando, vamos alegrándonos, que en este mundo tirano, hoy somos y mañana no", y que sonó ayer en la interpretación de un carnvavalerito, de no más de un metro y medio de altura.

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