La madre y la tía de Ceferino pastoreaban en Abra Pampa (Jujuy). De pronto se formaron densas nubes y la mujer y la niña apretaron el paso. Arrebujado en un aguayo iba Ceferino bebé cuando a su madre le cayó un rayo. En brazos de su tía llegó al hogar y desde entonces dice celebrar la vida a través de la copla. Esta historia late condensada en la figura de una guitarra. Unos hilos de croché la ligan a otro fragmento, una hamaca colorada.
Carla retrató el columpio de su infancia, aquel que los llevaba de viaje, a ella y sus hermanos, hasta el cielo ida y vuelta, y que hoy puebla las infancias de otros niños, instalada en una iglesia de Angastaco. Ambos se sustanciaron de la palabra en lengua portuguesa "brincadeira": juego. Ambos -con otros retazos- giran en torno de una estructura espiralada de croché y juntos forman un objeto artístico que fue expuesto hasta ayer en las vidrieras del Museo de Arte Contemporáneo de Salta (MAC).
Hay una frase -no tan citada- de Platón, en la que el filósofo griego apunta que es posible descubrir más acerca de una persona en la hora del juego que en un año de diálogo. Tal vez "Tramas" se haya tratado -y se trate- de descubrir y descubrirse en el juego de la memoria.
La muestra "Tramas" se gestó en la mente de Geruza Queiroz Coutinho en 2010, cuando ella cursaba en la Universidad Nacional de Salta una especialización con Zulma Palermo.
"Yo estaba haciendo un trabajo muy exquisito sobre el escritor brasileño Machado de Assis, pero quería hacer algo más tangible porque me gusta la idea de tocar los proyectos. Ella habló de una manta que hacía la gente del grupo Faldas, de Buenos Aires, que contaba historias, y luego pasé por el cabildo y vi a un grupo de tejedoras. Entonces surgió la idea", relató a El Tribuno.
Las cátedras de Lengua Portuguesa I y II, a las que asisten alumnos de seis carreras de Humanidades y de otras facultades, fue el ámbito donde cobraron vida los retazos a partir de la premisa de crear identidades y bucear en la memoria. Así, en un entramado textil, el collage de imágenes se produjo a partir de las identidades y la historia personal de cada estudiante. La artista plástica María Laura Buccianti fue la curadora de la muestra. Ella tomó contacto con el proyecto el año pasado y siguió el proceso de creación. "El desafío mío fue ir acompañando cómo ese objeto se articulaba dentro de la línea del arte, no para meterlo en un casillero; pero sí para entender este movimiento de salir de una institución, la universidad, y meterse en otra, el museo. El arte contemporáneo libera, no importa de dónde venga la producción sino que los objetos pueden entrar en las escenas de los artistas, y yo tenía que armar una curaduría coherente para que lo entiendan las personas que lo ven y a este aspecto lo tenemos que seguir trabajando", señaló.
Luego, admirada de que haya surgido de una cátedra cuyo objetivo primigenio es adquirir las competencias lingüísticas para entender textos escritos en lengua portuguesa, reflexionó: "Nunca tuve buenas experiencias en el aprendizaje de las lenguas, porque me enseñaban las clases de palabras aisladas, y por ello me maravilla esta forma de trabajar, también con otros soportes como el juego y la creación".
Acerca de la recepción del público María Laura señaló: "La gente la miraba mucho porque hay croché. Se trata de un público mayor que nunca había visto un tejido en la vidriera del MAC y se preguntaba qué sería y habrá que ver cómo se esclarece con el tiempo, que eso es lo bueno de las muestras: la comunicación con el otro".
A su lado Carla Isella, estudiante de Historia, coincidió con la curadora. Ella fue la encargada de unir los rectángulos a croché. Y en su relato también se coló el ejercicio de la memoria. "Me enseñaron a tejer en Actividades Prácticas unas maestras que eran gemelas y deben de tener más de 80 años. Tejer no me pesa, sino que es un placer, es mi arte. A mí me emociona que esto ya no quede en mí, sino que sea algo comunitario y que lo pueda compartir con otros", dijo.
Y tal vez este juego se trató de eso: de volver a aquello que uno añoró y que ha cuidado y que posibilitó, en palabras de Chico Buarque, ver al receptor "jugando, gustando de ser. En tus ojos también puedo ver las vidrieras viéndote pasar" como en un juego especular de identidad.

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