"Las mil y unas..." nos remite a un célebre libro de Oriente Medio, cuya estructura de relatos engarzados nos hizo conocer la historia de Aladino y la lámpara maravillosa, los viajes de Simbad el marino y la aventura de Alí Babá y los cuarenta ladrones. Pero también refiere a una frase: "hizo las mil y unas", no tan elogiosa, aunque describa una forma de acción.

Los relatos de las tantas y tantas noches de Oriente surgen uno del otro en un movimiento que semeja cajas abriéndose dentro de otras cajas. Y de eso sin dudas se trata el dar a leer: de abrir ventanas y cambiar horizontes.

Con este espíritu surgió el proyecto "Las Mily y unas. Infancias con lectura y música", que Milagros Ibarra y los músicos Mariano Pedraza (guitarra y charango) y Juan Soto (percusión) llevan a escuelas públicas, colegios privados, salas de teatro y bibliotecas populares.

El génesis

La idea de los recitales narrativos fue de Milagro Ibarra. En 2001 ella se recibió de profesora de Jardines de Infantes y al interesarse en la didáctica de la literatura en 2004 empezó a diseñar propuestas para los estudiantes de magisterio, a la par que cursaba Psicología y Psicopedagogía. Además Milagro es hija del folclorista Chango Ibarra y la bailarina Nena Reynoso, por lo que su niñez se nutrió de arte. "Mis padres siempre me cantaron. Yo viví en un ambiente musicalizado, en el que no tenía que ver que para cantar tenés que entonar o tener una voz privilegiada. Al contrario, un chico musicalizado capta otras realidades y es más sensible", contó a El Tribuno. También en ese ambiente la circulación de la palabra escrita era natural. "Mi abuelo, Juan Honorio Reynoso, era un gran lector y siempre que me quedaba es su casa los fines de semana me leí cuentos. Me leía autores latinoamericanos como Juan Rulfo", recordó.

De "Pedro Páramo" y "El llano en llamas" -con sus grandes problemas socioculturales haciendo guiños al lector y entretejidos con el mundo fantástico- Milagro se habrá llevado una estupenda impresión porque el gusto por la literatura narrada en voz alta no la abandonó jamás.

"Mi búsqueda empezó con lecturas y canciones porque me parecía -y me parece- que a los niños hay que hablarles desde un lenguaje real y natural, no infantilizado. Mi primer repertorio incluía a María Elena Walsh", comentó a El Tribuno. Empezó cantando "Manuelita" de la escritora argentina en conciertos para niños que integraban la lectura con la música. De a ratos cantaba, de a ratos leía fragmentos de poemas a los que hallaba significados que podían resonar en el auditorio. Luego llegaron Silvia Schujer, Elsa Bornemann, Laura Devetach y Gustavo Roldán, cuya sola mención habla por sí misma de una comunicación hacia la infancia innovadora y revulsiva.

Otra mirada

"Lo que me interesa es que los niños puedan conocer esta literatura o estas composiciones que hablan de un mundo real, de un mundo verdadero, que plantea la infancia también desde lo que le sucede al niño, como el frío, el amor, el desamor, el miedo... En este momento interpreto canciones, me las apropio y luego las voy compartiendo en el escenario y también en las escuelas y colegios, tratando de preservar la autenticidad; si no, no lo podría hacer, no podría pararme y cantarles algo a los niños", señaló. Dar a leer es de por sí loable, pero la selección de un contenido con perspectiva de género y con valores lo torna aún mejor.

"No usamos textos de la literatura infantil universal como las historias de Blancanieves y la Cenicienta, que son salvadas por un príncipe. O aquellos relatos en los que para resolver un problema hay que tener la varita mágica", advirtió. Añadió que no les gusta aportar harina al molino de la representación de la mujer con un físico y un rostro de gran atractivo. Tampoco apuntan a instalar esas lecciones o enseñanzas que se deducen de los cuentos tradicionales. "A mí Blancanieves no me parece verdadera. Prefiero cantar temas de Violeta Parra y no dejar una moraleja. Lo que seleccionamos es abierto, universal, por ejemplo un cuento de Gustavo Roldán cuyo protagonista es un sapo recontravanidoso que después se da cuenta de que sabía compartir", comentó. Ella, desde el escenario y ataviada como una artista, replica una actividad que la sustanció siempre. "Yo canto desde que estoy en la panza de mi mamá, porque alguien me cantó antes", dijo y luego citó las palabras del escritor uruguayo Eduardo Galeano, para quien "somos las palabras que cuentan lo que somos" ("La uva y el vino", de "El libro de los abrazos").

Los niños sí leen

Milagro Ibarra dijo que musicalizar el aula es una experiencia enriquecedora para los niños y maestros, aunque el propiciar una conducta de espectador que interviene en un show solo es consecuencia de la experiencia en una sala teatral. En escena ella es Mily y aparece ataviada con un sombrero de grandes dimensiones. "Hace seis años que lo vengo usando. Es un sombrero con flores que se fue armando espontáneamente, porque algunos chicos de las escuelas públicas en las que actuábamos me regalaban flores y las íbamos pegando en él", describió y en esa prenda con que se cubre la cabeza Milagro cabe la metáfora de que un niño siempre aprecia al narrador que lo lleva de la mano por mundos imaginarios y maravillosos.

"Para ellos yo siempre fue Mily, alguien cercano. No hacemos malabarismos ni nos bajamos de un cohete, sino que empieza a sonar la música y ellos automáticamente saben que se abre algo ahí, que es la palabra, y cantamos", señaló. Sin embargo, ella no es dueña de las reacciones que genera y por ahí surgen actividades que el clima reinante va demandando. "A veces me pasa, como en la última presentación en la Casa de la Cultura, que los hago jugar. Les dije que se escondieran debajo de las butacas y yo exclamaba: '¡Ay, me quedé sola!' y ellos aparecían y luego jugábamos a que hacían el sonido de las olas y el que conoce el mar lo podía recordar y el que no lo iba conociendo por la literatura, la imagen y la poesía. Hay que tener a cien niños haciendo eso, ¿no?", comentó.

El que los niños no leen es una frase tan remanada que tomó los ribetes de un cliché y Milagro la escucha seguido, de padres, maestros y directivos.

"Lo que escucho a las señoritas decir es que a los niños les cuesta leer, que no les interesa leer. Entonces el artista o narrador que va a la escuela propone el facilitador de ir a contarles algo y hacerlo mágico, desde el arte que aporta a la lectura", definió. Acerca de la proximidad o distancia que los niños sienten ante la voz que va adquiriendo modulaciones e inflexiones conforme avanzan los relatos observó: "Seguramente hay madres que les siguen contando y cantando a los niños, sobre todo en la primera etapa, cuando se les da el pecho a los niños y entonces también les hablan. La palabra está siempre presente y las estrategias para atraer más lectores van por cuenta de los narradores, de los que nos hemos formado para esto". "Las Mily y unas..." es el medio de vida de Milagro Ibarra, quien debe contratar a los músicos. Ellos trabajan de manera independiente, sin pautas ni subsidios provinciales ni nacionales.

"Jorge Luis Borges decía que para que haya más lectores debe haber un deseo, y nosotros tenemos que despertarlo. Yo siento que cuando vamos a contar cuentos y cantar, a los chicos les gusta y nos lo piden de nuevo. Entonces sí hay interés de parte de los niños", dijo.

Añadió que el generar espacios de lectura y musicalización en las aulas no atenta contra la currícula a cumplir, sino conlleva que no se pierda ese espacio de deseo. "Creo que la alfabetización y el contacto con la lectura sigue siendo algo pendiente. '¿Qué querés que te lea, que te cante?' son preguntas que no deben faltar en ninguna infancia", concluyó.

Próximas actividades

Solidaria: en el marco del 14° Maratón Nacional de Lectura, Milagro Ibarra irá al comedor Jesús te ama para leerles a los niños.

Expo Libros: el 6 de octubre, de 18.30 a 20.30, hablará sobre su proyecto a estudiantes de la carrera de maestra jardinera.

Para estudiantes: el 11 de octubre en la Casa de la Cultura (Caseros 460), de 10 a 11 y de 15.30 a 16.30, habrá funciones para los colegios.


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