Ana Carolina Beltrán (36) tiene tras de sí una prolífica carrera como actriz, dramaturga, realizadora de audiovisuales, guionista y coach actoral. Participó en los largometrajes "La niña santa" (2004) y "La mujer sin cabeza" (2007), y el corto "La nueva Argirópolis" (2010), de Lucrecia Martel. También en realizaciones como "Luz de invierno", de Alejandro Arroz, y los telefilmes "Caudillas", de Franco Cruz; "Historias de la orilla", de Claudio Huck; y "Los anillos de Newton", de Rolando Pardo y José Issa, y la serie para televisión "La casa de los opas", de Mariano Rosa.

"Letra de hembra" es su primera publicación como poeta. Si interpretar un rol actoral se trata de juicio, percepción y pensamiento, escribir un poema conlleva, también, rozar lo inalcanzable: la frontera entre lo sensible y el sentido. Por otro lado, la literatura de mayor calidad humana es la que brota de una simbiosis de vida y creación, y "Letra de hembra" evidentemente nace de un feminismo que necesita florecer en la palabra.

"Las mujeres somos las hijas de las brujas que no pudieron matar... Somos dadoras de vida, más allá de los tiempos, más allá de los prejuicios", dice Ana Carolina y es de esta sustancia que se construyen sus poemas.

En el prólogo de tu libro consignás que a los veinte años saliste de tu hogar y recorriste Europa y Medio Oriente. De esto hace más de 15 años y aún no se hablaba de violencia de género con esa denominación. Sin embargo, ¿qué viviste esos años que se transformó en un "grito de hembra"?
Vi cómo todas las mujeres, de todas las religiones y culturas, aportaban a la vida y a cada paso alegría, belleza, inteligencia, sabiduría y solidaridad, y cada una en su contexto sufría violencia de género. Me encontré con la voz de la mujer primitiva, la que ama sin tapujos, la que se empodera desde el lugar mismo de la fémina, la que muere por lo que cree, ya sin esperar la protección de nadie y renace de las cenizas para arrojar luz en las sombras de la incomprensión y la necedad de la violencia, con heridas abiertas y sangrantes, pero con la firme convicción de que correr tras la utopía la llevará al puerto que más desee, en total libertad de acción y pensamiento, en la profundidad de la consciencia, en la verdad del autoreconocimiento.

¿Cuál es el proceso y el ejercicio de tu escritura?
No me siento todos los días a escribir poesía. Creo que no es como escribir un cuento porque todas las ideas están incorporadas en el cuerpo, en la mente, en el alma, y en algún momento surge la necesidad de volcarlas en el papel. Es como un río que se va a desbordar y antes de que se desborde hay que escribirlo.

Sos guionista y dramaturga, ¿cómo definirías tu voz en el género lírico? Porque quien lee poesía es consciente de que pronto se convertirá en el protagonista, en el cuerpo de la "experiencia" poética y tal vez para muchos resulte incómodo que esta voz quiebra el dique contenido del machismo salteño...
Muchas personas me dijeron que las poesías eran fuertes, que el título era provocador. Todo el tiempo la palabra "fuerte". Bueno, yo me siento como una persona fuerte. Un hombre me sugirió que le cambiara el título, dijo que se sentía "invadido" por los poemas. Me gusta mucho trabajar en primera persona del singular, me parece un acto de honestidad y franqueza, no me importan las descripciones de otro, sino que tomo la lírica como el canto más franco que viene del corazón del poeta, entonces no quiero traicionarme.

Me conmovió particularmente el hablante lírico del poema "Ser o no ser", que a mí me remite a la mujer andina con su expresión dulce "estoy lagrimita mis ojitos"... ¿Te mirás en la mujer andina?
Sí, en la mujer que habita en estos valles, en estas tierras. Porque acá vivo, acá me crié. Más allá de la ascendencia que tenga, me reconozco como una mujer latinoamericana, salteña, junto a todas las mujeres ancestrales que nos habitan.

¿A qué mujeres de la Historia admirás?
Históricamente a Rosa de Luxemburgo (teórica marxista de origen judío que en la frustrada revolución de 1919 en Berlín fue encarcelada, torturada y asesinada junto a cientos de personas por el Ejército y grupos paramilitares). De ella admiro su lucha, su temple, su resiliencia. Admiro también a las legendarias valkirias, las mujeres guerreras de Odín. A Juana de Arco y Juana Azurduy. Admiro mucho a la Magdalena, como figura arquetípica de la mujer sabia, sensible, que sabe acompañar con sexo, con vida, a la que no le importaron el castigo, ni el ocultamiento, ni las maledicencias. Ella con lágrimas, valor y fuerza siguió acompañando a Jesús e incluso está la teoría de que era su apóstol favorito. Era la más sabia, la más valiente, la que estaba a la altura del Mesías.
Siempre pienso que si Dios hubiera sido mujer, habría sido la Magdalena.

¿Cuál es la mujer más cercana a tu corazón?
Mi madre, Ana María Lucente, creo que ella es responsable de que yo escriba. Cuando ella estaba embarazada de seis meses los médicos le dijeron que podía perderme y que debía quedarse en cama por tres meses. Ella obedeció y lo que hacía era leer todo el tiempo y siento que entonces intrauterinamente me transmitió todo ese amor por las letras que hace que uno cree un mundo paralelo, lleno de posibilidades. Toda mi infancia me la pasé leyendo y compartiendo con ella lecturas de todo tipo. Volviendo a la pregunta anterior, sin dudas admiro mucho a mi madre, que desde su lugar, el mundo doméstico de la casa, me supo transmitir esta pasión por la palabra, por observar el mundo de una manera diferente, de tener una mirada de justicia sobre las mujeres, al enseñarme que las prostitutas eran mujeres que estaban en desgracia, en esclavitud, que no habían tenido la oportunidad de ser otra cosa, al enseñarme que las personas que están en la calle son víctimas de un sistema injusto y que no hace falta ser parte de un partido político para denunciar los problemas sociales.

En varios poemas vos (“Estoy, me voy de a ratos con vos, me quedo, es igual, no veo que me veas”) reclamás la mirada del hombre, un cambio de conciencia, y Carlos Yudi Manchur también lo marca en su comentario preliminar “Malditos sean aquellos que mirándote, no te vean...”. ¿Cómo desearías que nos vieran?
No como un objeto exótico. Ni reinas, ni esclavas, ni putas, ni santas, sino como seres humanos. Y pretendo a través de los versos hacer un aporte o expresar eso: que somos mujeres, que actuamos en consecuencia, que tenemos muchas virtudes y que amamos como cualquier ser humano.

Presentación

“Letra de hembra”, de Ana Carolina Beltrán, será presentado el 16 de febrero, a las 20, en el Museo Casa de Hernández (Florida 97).

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