La intimidad de la luz tenue de los veladores y un muchacho, su voz y una guitarra que invitaban a cantar "Quiero estar listo para el mundo, si el mundo está listo para mí" ("Isla"). Así comenzaba el martes, en el Teatro Provincial, el recital de junio de Cultura da la Nota que tuvo a Leo García como protagonista junto a la banda Rogelio que, al abrirse el telón, le dio tinte calmo y letras dulces a los primeros acordes de la noche.

Leo García siguió pidiendo, con música: "Mirá las luces de la ciudad" ("Cuarto Creciente") y entre esos espacios que se hacen entre una canción y otra agradeció: "Gracias por estar aunque haya partido. Va ganando, ¿no? Gracias por estar. Es la tercera vez que yo estoy en Salta", contó antes de ponerle la voz a su "Melodía irrenunciable", en un teatro con muchas butacas vacías que se llenó de pop.

Ya sin veladores y con luces coloridas y psicodélicas que se proyectaban atrás suyo, Leo ocupó el aire del teatro con "Mar", "Amor vagabundo", "Renacer" y "Nadie salva". "La vida se pone cada vez más linda haciendo música", dijo el muchacho de cejas anchas después de contar que hace más de 20 años recorre los escenarios. Y 20 años no es nada. Y no faltaron los acordes tangueros y nostálgicos de un acordeón, ejecutado por Manu Careter, invitado por García para acompañarlo durante el show.

Luego hubo tiempo para decir: "Estoy encantado de conocerte" ("Romance"), "Morrisey" y comenzó la fiesta porque "lo que más quiero es reírme más" ("Reírme más").

Algunos segundos tras bambalinas y regresó al escenario con zapatillas con luces led y un cover de "La isla del sol", que hizo a todos despegar de las butacas y bailar la coreo pegadiza de ese tema que nos remonta a "algún tiempo atrás". En un paréntesis musical, los recuerdos: el homenaje a su amigo Gustavo Cerati, que comenzó con "Trátame suavemente" y, luego: "Canción para mi muerte", de Sui Generis. Y para que la fiesta no acabe, un popurrí de Gilda que otra vez invitó a bailar y a cantar, fuerte, "porque tengo el corazón valiente" y, sobre todo, "no me arrepiento de este amor", aunque deba cerrarse el telón.

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